Rashid pensó mucho en su situación entre Shaina y él. Al final decidió que debía marcharse. Tal vez, ella tuvo razón y el amor no había sido suficiente, simplemente se había desvanecido como el azúcar en agua. Le dolió aceptarlo, pues en su vida a la única mujer que llegó a amar con tanto fervor había sido ella, ninguna otra. Quizá él estaba pidiendo demasiado, y lo que ella le dijo aquella noche era verdad: con ella estar viva debería bastarle. Se iría, la recordaría desde la comodidad de su reino, viviría por ella y al final también moriría por ella. Dio un ultimo paseo matutino, pues al anochecer pensaba visitarla para despedirse de ella. El sol lo molestó con su intensidad, más cuando no era un día feliz, sino en sus pensamientos un día sombrío y triste, perfecto para olvidar.

