Tamara salió sonriendo del calabozo donde se encontraba su anterior ama, no tenía sentido ir más allá de lo que le era permitido, pues en cualquier momento moriría ejecutada a manos del propio hombre al que tanto amaba. Hombres… criaturas difíciles de predecir y de ideas contrariadas. Ni si quiera ella entendía los misterios del rey. En medio de la fiesta, el rey gozaba de las bellezas que diariamente tenía a su disposición. Perdido en el alcohol falso, la actuación más increíble de su vida y algunas mujeres que danzaban de un lado a otro tratando de llamarle la atención, el rey permitió que su alma extrañara el amor, vislumbrando entre quimeras lo que anhelaba con todas sus fuerzas. Estaba presente en cuerpo, pero no sus pensamientos. El alboroto lo despertó de sus sueños. — ¡Majes

