Rashid se internó en su palacio y no salió de allí en cuanto se cumplieron las honras fúnebres. Fue todo escondido, lo que le hizo llorar de la impotencia. No rindió honores como le hubiese dado darle. Su amor quedó enterrado en un lugar alejado e inhóspito, pero al menos sabía que no se perdió entre miles de muertos en alguna fosa común. Consiguió detener las audiencias escondiendo su malestar en falsa borrachera. Sin embargo, una noche se decidió a beber un poco de vino, pero no lo midió y en medio del dolor empezó a beberlo sin control. Al final llegó a estar realmente borracho como una cuba. Aquella noche hizo de todo, tantas cosas que al amanecer se encontró durmiendo en medio del jardín del palacio central; donde residió su esposa. Amaneció entre las gardenias, las rosas y alguno

