Tal como el frío entraba tras la lluvia, así se sentía el ambiente dentro de la tienda donde residía la princesa Banuqa desde hace siete largos años. Nunca un lugar le había significado tantas tristezas como alegrías. Las mujeres presentes dentro de la tienda la observaron sin entender el motivo, o más bien evitando entenderlo, pues sabían que ese día había ocurrido una tragedia. Se apartaron a un lado mientras dejaban que la doncella personal de la joven señora terminara de vestir al niño sobre el lecho, a vista de su madre. Sin embargo, la reacción que esperaron nunca llegó. Banuqa lo miró en todo el proceso, pero no dijo nada. Ni siquiera retuvo a la doncella cuando esta tomó al bebé entre sus brazos para calmarle el llanto… Era como si el niño hubiese sentido el desprecio de su

