La reina viuda volvió a tomar asiento y por pura casualidad vio la expresión de envidia en los ojos de la consorte Ghaaliya. De inmediato supo que el hijo de la concubina Nahla podía servir como la manzana de la discordia entre las concubinas… La paz en el harén estaba por venirse abajo como una torrencial lluvia de granizo. El equilibrio era imposible de encontrar en esos momentos, pero lo que sí debía determinar la reina viuda era a qué extremo iba a apoyar. Era obvio que no se inclinaba hacia la consorte Ghaaliya, así que la forma de desequilibrar mucho más toda la situación, para sacar las cosas a su favor en los movimientos turbios y aparentemente mansos de las aguas mansas del harén, la reina viuda debía apoyar todo lo posible a la concubina Laghari. —La concubina Nahla está emba

