Cuando Laghari ingresó al palacio de la concubina Ghaaliya, no solo se encontró con la dueña del palacio, sino también con una criada. Era la doncella de la reina Aanisa. —Laghari, que bueno tenerte aquí. La doncella de la reina miró de reojo a Laghari y con expresión desconfiada giró por completo para saludarla tal como dictaba el protocolo. —Laghari, esta es Tamara. —Sí, la he visto antes. Es la doncella de la reina. —Así es. Pero también es nuestra principal aliada. Laghari quiso reír frente a ellas; era ridículo y de mal gusto lo que la concubina Ghaaliya hacía con la doncella de la reina. Era como ver a un par de niñas jugar a ser malas. — ¿Por qué debo confiar en ella? —Preguntó mientras fruncía el ceño—. Ella es la doncella de la reina, ¿Quién me asegura que no es una es

