Laghari saludó a la mujer haciendo una reverencia. Supo que no se trataba de la reina, sino de la concubina Ghaaliya. Por el momento ella o la reina podían intervenir en ese palacio como si fuesen ama y señora. Laghari sabía muy bien cuál era su misión en el palacio, el tío de ella se había afanado en hacerle saber que tenía que apoyar en todo a la concubina Ghaaliya si quería que su madre siguiera viviendo en la residencia. —Levántate —Concedió mientras se sentaba en uno de los banquillos del recibidor—. Ven, acércate. Laghari caminó en dirección de Ghaaliya con pasos lentos. Las luces brillaban tenuemente cobre la concubina, haciéndola resplandecer con intensidad debido a la cantidad de joyas. Cuando Laghari llegó hasta ella, Ghaaliya tomó su rostro con brusquedad entre sus man

