—Las rosas deben estar plantadas en los jardines… Dígame, ¿qué clase de rosa es usted? Shaina se sobresaltó cuando escuchó aquella frase. Se levantó del suelo con premura y se inclinó brevemente ante el visitante a quien reconoció de inmediato. Era el hermano de Soraya. El hombre le sonreía agradablemente. A la luz del sol el bigote muy bien cortado del hombre resaltaba a la vista. A pesar de conocerlo, Shaina fingió no saber quién era. —Señor, ¿nos conocemos? El hombre se desplazó hasta quedar al lado de ella, por lo que le siguió con la mirada y ambos miraron el estanque pequeño que quedaba cerca del pabellón familiar de la esposa del emir. Solo en ese momento Shaina fue capaz de entender el cumplido que le había hecho el hombre. —No, pero me sería un honor conocerla, señorita

