La gran señora no dijo nada en toda la noche. Se quedó sentada al lado de la entrada de la tienda, viendo como el cielo se volvía cada vez más oscuro; era el presagio de que pronto sería de mañana. Un día sin su hijo, el primero de toda su existencia. No sintió nada cuando la reina viuda le dijo en su propia cara de que la princesa lo había matado, pues en parte sabía que su hijo se lo merecía, por poco hombre. Pocas veces se atrevió a reprenderlo por su mal comportamiento, pues le daba miedo, ¡su propio hijo le daba miedo! Era como ver en otra versión lo que fue su marido con ella. No culpó a la princesa imperial por haber hecho lo que hizo, pero ciertamente no se lo perdonó, porque después de todo era su hijo y lo quería como a nadie más en el mundo. La mujer estaba devastada, pero

