Banuqa solo cogía en brazos a su hijo cuando tenía la oportunidad de quedarse asolas con su madre y la doncella, pues a imagen de todos ella todavía no aceptaba a Ibrahim. Los días se le hicieron extremadamente cortos y alegres, eran sus últimos días con Ibrahim por lo que sabía que debía aprovecharlos al máximo. La salud se le estaba acabando y tal como dijo el médico ya no iba a poder soportar más días en aquella insípida tienda que había sido testigo de sus desgracias. Como pudo se acomodó sobre el lecho, estudió las instalaciones con mirada desinteresada y al final la posó sobre su madre. Banuqa no tuvo que pronunciar ni una sola palabra para que su madre entendiera el significado de su mirada. —Madre, después de que muera debe irse de aquí y llevarse a Ibrahim con usted, ¿ente

