CARTA LXXVII EL VIZCONDE DE VALMONT A LA PRESIDENTA DE TOURVEL ¿De dónde, señora, el cruel cuidado que pone usted en huirme? ¿Cómo mi interés más tierno no obtiene sino procederes que apenas se emplearían con el hombre que más le diera que quejarse? ¡Qué! El amor me trae a sus pies y cuando una dichosa casualidad me coloca a su lado ¿gusta usted de fingir una indisposición y alarma a sus amigos, antes que consentir estar junto a mí? ¡Cuántas veces, ayer, separó sus ojos para privarme del favor de una mirada! Y si un solo instante pude ver menos severidad, tan corto fue, que sólo me dio tiempo a lamentar su pérdida. No es ése, no, ni el trato que merece el amor, ni el que puede permitirse la amistad. Esa amistad preciosa de que sin duda usted me ha creído digno, pues me la ofreció ¿qué h

