CARTA CXXXIII EL VIZCONDE DE VALMONT A LA MARQUESA DE MERTEUIL ¿Cuáles son, pues, mi querida amiga, los sacrificios de que me juzga incapaz usted, y cuyo premio sería el agradarle? Comuníquemelos, y si dudo un momento en ofrecérselos, rehuse el homenaje. ¡Cómo me juzgara usted desde hace algún tiempo, si, aun con tanta indulgencia, duda de mis sentimientos o de mi energía! ¡Sacrificios que yo no podría o no querría realizar! ¿Me cree subyugado, enamorado? Y el premio que ha puesto al éxito, ¿cree usted que lo atribuyo a la persona? Gracias a Dios no he llegado a este extremo, y me comprometo a demostrarlo; sí, yo lo demostraré, aun cuando sea con respecto a madame de Tourvel. Seguramente, después de esto no debe quedar duda alguna a usted. He podido, creo, sin comprometerme, conceder al

