La primera vez que Asher discutió con su madre sobre Asli, ella había salido sola de la casa, con el corazón roto y convencida de que Asher no le amaba lo suficiente como para luchar por ella. Ahora, las cosas habían cambiado, ambos se encontraban regresando a Madrid, tomados de la mano y Asher seguro de que había hecho lo correcto; esta vez su madre no había ganado. Únicamente llegaron a la casa, Asher entró, puso las llaves en una de las mesas al lado de la puerta y suspiró. En todo el camino no había cruzado ni una palabra sobre lo que había pasado en la casa de su madre, solo las palabras indispensables para una conversación, pero ahora, era momento de hablar. ―No me gusta verte así, me siento culpable por lo que ocurrió― Le dijo Asli mientras que él se sentaba en el sofá de la sal

