Cada día que pasaba era agónico para mí. Alessandra había muerto hacía dos y ni siquiera podía cerrar los ojos sin verla herida en las puertas del balcón aquel. Menos de diez minutos antes habíamos estado juntas en el baño, ella me confió sus problemas con Marco, como una amiga, y yo ni siquiera le había llevado flores. Y en tres días más, me iría al convento. Tenía que despedirme de Charles y no sabía cómo hacerlo, o más bien, no podía hacerlo. No había dormido conmigo esas últimas noches y apenas habíamos hablado. Ese día, como cualquier otro, se presentó a la clase , me besó y me dijo que practicaríamos la pieza musical que mejor me salía, para que justificáramos las clases si mi padre preguntaba algo. Luego se había ido, pero había sido tan distante, que tenía el presentimiento de q

