Me quedé sopesando esa opción, con el auto encendido. Buscando cualquier otra forma de resolver esa situación, hasta que pensé en buscar a su novio y que lo resolviera él. Pero la opción de entregársela no me sentó bien en absoluto. La idea de permitirle que se quedara con ella me llenó de amargura. Los imaginé juntos. La imaginé a ella apoyada en su pecho de la misma forma en que se había apoyado en el mío y mis dientes se apretaron. —Llévame a bailar, Charles —dijo, se incorporó del asiento torpemente y se echó encima de mí. —¿En serio? Apenas puede mantenerse en pie —le dije, tratando de devolverla a su asiento, pero sin muchas ganas, porque logró subirse en mi regazo. —Por favor, no seas malo conmigo… —insistió, acomodándose encima de mí. De ninguna manera iba a convencerme de re

