Se veía tan hermosa, tan dulce, tan exquisita y magnífica, sublime como un ser angelical y abrumadoramente erótica como una ninfa. ¿Y yo? Yo estaba perdido, deleitándome en ella, bebiendo de su placer para alimentar el mío. No me perdí ninguno de sus gestos, ni los suaves gemidos que se le escaparon cuando no pude resistirme a juguetear con sus pezones con mis dedos. Había querido hacer eso tan malditamente tanto, que sentía que apenas podía respirar. Quería besarlos, como los había besado en mis fantasías, mimarlos entre mis labios, mientras recorría su espalda y la apretaba contra mí, pero no podía hacerlo, porque si lo hacía, entonces no podría detenerme. Mi deseo palpitaba en mi m*****o, apretado dentro de mis pantalones, pero tenía que conformarme con apreciarla y disfrutarla sabi

