La noche no había terminado, no para Nicholas. Su mente había jugado en su contra, aquella visita había podido perturbarlo, ¿qué era lo que ese joven quería en realidad? ¿desnudarse a cambio de qué? ¿en verdad valía la pena? Nicholas era un hombre que conocía el mundo a su antojo; enigmático, culto, millonario y especialmente atractivo. De cualidades exquisitas para el resto, con una personalidad oscura, pero impoluta al mismo tiempo. Era conocido no por sus libros, sino por su caridad, después de todo su fundación hablaba por sí sola. —Kal, llévame a aquel sitio —ordenó, desde el asiento trasero, su chofer, asintió con la cabeza y aceleró. Después de una hora, Nicholas se encontraba en las afueras de la ciudad, frente a una mansión, con enormes pilares, llena de árboles que, en tie

