El pensamiento de índigo se hundió como lo hace el cuchillo en la mantequilla, aquella revelación de Alondra, lo tenía pasmado. ¿Dejé de ser virgen y no lo recuerdo?, ¿de verdad me acosté con una chica?, ¿por qué me está pasando esto?, ¡No, no quiero besarla! —Alondra lo siento pero debes darte prisa, tengo que salir —no supo qué decir, de inmediato se sintió culpable, la mirada de Alondra le hizo ver, como cada palabra que decía era incorrecta. Alondra cerró el paso del agua, tomó una de las toallas blancas que Índigo tenía dobladas sobre un pequeño rack a un lado de la ducha, enredó está en su cuerpo y salió, el vapor de agua caliente la perdió de la vista de Índigo, este maldijo al aire, abrió la llave y dejó que el agua a punto de hervor quemara su piel. No sabía cómo sentirse, no e

