Día 11 Tarde

922 Palabras

Veo lo que pasa, siento lo que sienten mis sentidos y quiero correr, pero estoy totalmente paralizada. Titus está zarandeándome con cara de preocupación, pero no soy capaz de decir nada, hasta que Abay me hace un gesto y recupero mi ser. –Tu loba es muy indiscreta, eso que te ha dicho es, como otras veces, nuestro secreto. Aún no lo puede saber nada. Menos que todos, tu marido. – ¿Mi hijo? ¿Así tengo que pensar de él? Esto es raro. Pero afirmo cansada, me siento a la mesa y Titus me abraza fuerte y luego me separa de su cuerpo y me revisa, mira mis ojos, mi cabeza, mi cuerpo, revisa el tobillo. Todo esté bien, pero me siento como si mil años estuvieran encima de mí. Puedo decir claramente que la sonrisa de Abay me da miedo, ¿puede tener una madre miedo de su hijo? Pero es que no es mi hi

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