La brisa de la tarde acaricia mi rostro mientras observo apoyada en la barandilla del balcón a una versión adolescente de Abayomi, está sentado junto a sus amigos en un abrevadero. En un determinado momento pone los ojos en n***o y uno de sus amigos, el más alto y fuerte, incluso más que él, se dirige a un excremento de caballo y comienza a comerlo. Me llevo las manos a la boca del asco. Parece que no soy la única que lo observa, Giro, su padre se acerca a él regañando su travesura. Pestañeo y veo mi abdomen abultado, otro bebe anida en mí. Abay es un jovencito apuesto que parece estar otra vez peleando con su padre, esta vez una chica sale corriendo de sus aposentos, Abay intenta detenerla, Giro forcejea y, al no soportarlo me meto entre los dos cayendo por los tres escalones que bajan

