No hemos podido aterrizar en Jerusalén, algún tipo de prohibición por llegar desde un territorio tan inusual como del que llegamos lo impide. Practicas antiterroristas se llama. Tenemos que ir a Jerusalén en un microbús que alquilamos en el aeropuerto. Es mi marido, ahora lo tengo claro, medio hombre, medio lobo. Duerme a mi lado y el llanto del niño me despierta, ya no es un bebe, tiene alrededor de 4 años, es rubio de ojos grandes marrones. Llora porque le asustan los rayos de la tormenta seca que se acerca. A mí también me asusta. Veo mi reflejo en un adorno de pared, mi cabeza parece la de un gato, mientras mi cuerpo es de mujer, con piel oscura, de color oliva. Me despierto por un bache que toma el microbús. No están lejos ambas ciudades, a menos de una hora, pero son como el día y

