La cascada delante de mí es de unos veinte metros, cae agua cristalina y la rodea una densa vegetación, el agua de la misma mana de un grupo de rocas en medio de la nada, de un desierto desolador que parece ser el fin del mundo. Mi marido, medio lobo medio hombre está en lo alto de la cascada regañando al nuestro pequeño, que tiene diez años y ha usado sus poderes para robar una oveja a un pastor para asarla porque tenía hambre. Yo miro desde el pequeño lago que forma la cascada, con mis piernas, que se sienten cansadas, en el frescor del agua. Baja mi mirada y veo una gran barriguita. Una niña crece en mi interior. Un sonido que parecen ruedas de carro suena cerca. Poco a poco abro los ojos y me doy cuenta que es fuera de la habitación. Debe ser una maleta. Recapacito, estoy en un hot

