La noche es profunda, no hay luna sobre nosotros y la selva nos envuelve. Me sigue fascinando el olor del ambiente de esta isla. Caminamos entre la vegetación exuberante, pero no llevamos cuidado ninguno de los tres pues nos han dicho que aquí no existen serpientes, que la mezcla de hombres lobo y la introducción de la mangosta acabó con ellas. Subimos, bajamos y volvemos a subir y cuando ya no soporto más las miraditas y las insinuaciones estilo adolescente salido de mis guardianes, paro a tomar agua de mi botella. - ¿Falta mucho?- Pregunto no queriendo sonar como una niña en viaje en coche, pero no lo consigo. -No, es la próxima loma, gatita. Jajaja.- Filipus se ríe al llamarme como lo hace Titus en la intimidad y Abi le da un puñetazo en el estomago por hacerlo. De repente los tres

