Al quedar solo y luego de sosegar la furia que se desató en su pecho por la amenaza de Melissa, Richard se dirigió enseguida a la zona privada de su oficina esperando encontrar allí a Bárbara. Al no verla salió en busca de Mónica, la secretaria. La halló sentada en su escritorio trascribiendo en el computador. —¿Dónde está Bárbara? —preguntó ceñudo. —Se marchó, señor —respondió la mujer con nerviosismo. Hablaban con voz baja para que nadie más los escuchara. —¿Cómo que se marchó? —Cuando supo que la señora Melissa subía por el ascensor, dijo que quería irse, porque sabía que ella lo obligaría a entrar en la oficina. Así que la llevé a las escaleras de emergencias que están al final del pasillo. Por allí bajó hasta el piso de los laboratorios donde pudo tomar el ascensor. —Maldita se

