La mansión Voss se alzaba contra el cielo nocturno como un monumento al pasado. Abandonada desde la muerte de Richard Voss treinta años atrás, ahora estaba rodeada de maleza, ventanas rotas, y recuerdos fantasmales. Alexander la miraba desde el auto, sintiendo un nudo en el estómago. —No he estado aquí desde que tenía diez años —dijo en voz baja—. Después de que mi padre murió, mi madre no pudo soportarlo. Nos mudamos. Y la mansión quedó vacía. Dante, a su lado, miraba el edificio con ojos calculadores. —Es el lugar perfecto para una emboscada. Mil lugares donde esconderse. Pocas salidas. —Por eso traje esto. —Dimitri mostró un plano del edificio—. Arquitectura original. Conozco cada habitación, cada pasillo. Si Natasha está ahí, la encontraremos. Mikhail revisó su arma por tercera

