23.

348 Palabras
Por tres meses salí del trabajo buscando sus ojos en las personas que desendian de los cruceros y de cada uno que caminaba por las empedradas callejuelas de la antigua ciudad. Sabía que no regresaría, pero la idea de ese amor platónico e idealizado me mantenía en un sueño de amor imposible pero hermoso. Era soñadora, sí, siempre lo fuí. –Jean Pierre se llama y es el hombre más guapo que haya conocido.–le contaba a mis amigas en cada salida y reunión. –Jean Pierre, Jean Pierre, ya deja de soñar y dile que sí a Claudio, ¿Hace cuánto que te pide salir en una cita? – me cuestionaban y animaban. –Sí también es lindo, muuuy sexy, pero... tengo miedo de que no funcione y perder nuestra amistad. –Claro que funcionará, no pienses en eso y sé positiva. Dile que sí, no ves que babea por tí. –Tienes razón, la próxima vez le diré que sí. –No mires, pero la próxima vez llegó ahí. Tragué saliva y me levanté de mi asiento, caminé deprisa entre las personas que estaban en el pub esquivando manos alzadas con cigarrillos encendidos y vasos de bebidas que se tambaleaban al compás de la música, me vió ir a su encuentro y me sonrió feliz, éramos muy buenos amigos desde siempre, en realidad nos conocemos creo que desde el vientre materno, nuestras madres iban al mismo obstetra, y a los cinco años nos reencontrarnos en el kínder, ya de ahí no nos separamos más. Era el típico chico tonto y gracioso, el que no le gustaba a nadie, hasta que la metamorfosis lo favoreció en el cuarto grado de secundaria dejando filas de chicas babeando por todos lados. Me arrojé a sus brazos y con los míos alrededor de su cuello lo besé sin anuncio dejándolo atónito. Sorprendido aún, correspondió mi beso feliz y pasional. –¿No te vas a arrepentir mañana?– me preguntó apenas separando sus labios unos minimetros de los míos. –No estoy borracha...–respondí dejando clara mi decisión.
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