22. Sandra Sosa

673 Palabras
Buen día mi nombre es Sandra Sosa y en el día de hoy seré su guía; bienvenidos todos a Colonia del Sacramento. Así comúnmente comienzo cada día en mi trabajo, la mayoría de las ocasiones debo hablar en inglés, muchos de los turistas son de habla inglesa. Aquí nos vista gente de todo el mundo, Inglaterra, Estados Unidos, China, Italia, Francia, etcétera, etcétera. Hablo inglés, francés, italiano y portugués. A mis 56 años puedo decir que he sido feliz, bueno no siempre; hubo ocasiones en las que la felicidad era tan solo una palabra lejana. Soy viuda por sierto. Me casé cuando solo tenía 23 años, una niña, lo sé. Conocí a Jean Pierre en mi primer recorrido turístico como guía, él era alto, elegante y carismático. Había llegado en un crucero desde Francia junto a algunos de sus amigos. Un pequeño grupo de turistas había pagado por el recorrido entre los cuáles él no estaba incluído. Comencé por presentarme como de costumbre y noté que él estaba escuchando muy atento un poco alejado. «¿Porqué no pagó por el recorrido si tanto le interesa?» pensé mientras hablaba al grupo pero sin poder quitar mi mirada de él. Era guapo, vaya que si lo era. –Excusez-moi mademoiselle, puis-je quand même rejoindre le groupe?(Disculpe señorita, ¿Aún puedo unirme al grupo?)–pregunto. –Bien sûr oui monsieur. Accueillir.(Porsupuesto que sí señor. Bienvenido)–respondí con una sonrisa tímida. Sentí una corriente recorrer mi cuerpo y sentí nervios al mirarlo a los ojos. No podía quitar la mirada de sus labios cuando me hablaba con ese exquisito francés, y él parecía notarlo pues trataba de hacer preguntas todo el tiempo aunque fueran preguntas tontas. Sus ojos color verde grisáceo y su cabello castaño claro, en su rostro lucía una cuidada barba de no más de 3 minimetros que lo hacían ver muy sensual. Si es que el amor existe realmente, yo podría afirmar, que lo que sentí aquél día, fué amor a primera vista. Hicimos el recorrido caminando despacio por las empedradas callejuelas de la ciudad vieja, visitamos los diferentes museos, casas que se conservan tal cual fueron construidas a finales del 1600, casas de Portugueses y de Españoles, historias de los colonizadores, apellidos que aún rondan la historia del lugar y del Uruguay todo. También las ruinas de algunas casas que perecieron en las guerras y la Iglesia. El recorrido era interesante y la adrenalina de ser la primera vez que yo lo guiaba fué mucha con el plus de tener sus ojos puestos en mí durante todo el tiempo. Llegando el atardecer caminamos por la calle de los suspiros, ésta nace en la plaza mayor y sigue en pendiente hasta el Río de la Plata que nos muestra el color añil del atardecer sobre el agua. La calle de los suspiros es lo que todo turista espera ansioso recorrer por su romántico nombre, pero en realidad es dónde se encontraban los prostíbulos de la época, era romántico para los viajeros que llegaban en sus grandes barcos de comercio, pero no tanto para las prostitutas que sólo veían en ellos la oportunidad de ganar dinero. Yo prefiero imaginar que alguna historia de amor nació allí realmente. Alguna, así como la mía... Ya íbamos de regreso calle arriba hacia la plaza mayor, yo había quedado hacía atrás y veía como uno a uno iban pasando frente a mí, maravillados con la arquitectura antigua tan bien conservada y la escasa iluminación artificial. No me dí cuenta cuando Jean Pierre se puso detrás de mí. Quise dar un paso para avanzar detrás del grupo pero alguien me detuvo tomando mi mano y tirando de mí hacía atrás, atrayendome a él, cayendo en sus brazos por inercia. Me abrazo tan fuerte y seguro que sentí el mundo desvanecer alrededor, me beso suavemente y aunque se sintió bien me aterró el qué dirían de mí. Me prometió volver antes de quitar sus brazos de de alrededor de mi cuerpo, y yo, yo sólo sonreí como tonta.
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