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673 Palabras
Los meses pasaron y seguíamos siendo los mejores amigos pero con toda la pasión y el sexo a flor de piel. Diario tenía que lidiar con las chicas que aún rondaban a su alrededor buscando agradarle y tener algo de eso que yo tenía, eso que era mío y sólo mío. Claudio trabajaba en la ferretería de su abuelo aunque también se había formado como guía turístico, pero no quería dejar sólo a su abuelo ya que estaba bastante viejo para trabajar sólo y era algo terco, no dejaba que los demás hicieran el trabajo pesado, sólo cedía ante la voz de su nieto. En fin el hecho era que desde que el se hacía cargo de la ferretería casualmente más chicas habían empezado a comprar herramientas e insumos que estoy segura nunca antes habían usado ni nunca usarían; sólo por verlo a él. Claro quien en su sano juicio no querría verlo cargando bolsas de arena con la remera pegada al cuerpo, o tenerlo media hora tratando de explicar que era lo que iban a buscar solo para hablarle. Era gracioso verlo atender a esa mujeres como buitres tratando de quitárselas de encima. Pero más gracioso era ver sus reacciones furiosas cuando yo llegaba y pasaba para el lado de atrás del mostrador y lo besaba. –¿Qué haremos está noche?–pregunto cómo si no supiera que día era. –No lo sé, creo que me quedaré en casa a ver una película –respondí enojada pero sin quererlo demostrar. –Está bien, nos vemos mañana – me dió un beso y se despidió esperando a que me fuera. Claro que me fuí y muy enojada pero no dije nada, ni podía creer que no recordara la fecha, hoy cumplíamos un año de noviazgo. Llegué a casa furiosa y llame por teléfono a mis amigas para organizar alguna salida en la noche, yo no me quedaría encerrada y llena de rabia por su culpa, al menos con ellas me podría desahogar. Nadie quería salir, todas se habían puesto de acuerdo para enfermarse al parecer así que me tire en la cama con mis audífonos a escuchar mis cintas de cassette. Cuando abrí los ojos me sorprendió verlo allí arrodillado a un lado de mi cama , ¿cuánto había dormido? ¿ya era de día nuevamente? –¿Creiste que lo había olvidado? –me dijo con una gran sonrisa en su rostro. Mis ojos se llenaron de lágrimas de felicidad al escuchar sus palabras. –Idiota–murmuré y me reí nerviosa entre lágrimas. –Vamos vístete que tengo una sorpresa para tí. Me vestí rápido con algo lindo que había comprado hacía poco para está ocasión y salimos tomados de la mano. Me llevo a un restaurant de la ciudad vieja, uno que queda en un túnel debajo de las calles, al entrar parece que estás entrando en un acueducto abandonado pero de a poco las velas encendidas en las mesas van tornando el lugar en uno más romántico. Nos sentamos en una mesa alejada de las demás y cenamos tranquilamente con la luz tenue del lugar. Al terminar la cena salimos por el mismo lugar por dónde entramos me tomó de la mano y entrelazó sus dedos con los míos, de un tirón me llevó corriendo cuesta arriba hasta llegar a un lugar oscuro y solitario, me tomó entre sus brazos y me beso tan dulcemente cómo la primera vez. –¿Quieres...Te gustaría... Cásate conmigo? –las palabras se le quedaban trancadas entre los dientes de los nervios que tenía. Lo miré a los ojos nerviosa sin saber que decir a mí también me quedaron las palabras trancadas entre los dientes. Miré su mano derecha y en ella sostenía un hermoso anillo sencillo y delicado que esperaba poner en mi dedo. –¡Sí, claro que sí!–respondí con una risa nerviosa entregando mi mano para que pusiera el anillo. Esa noche quedó grabada en mis recuerdos cómo el más feliz de todos mis recuerdos.
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