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778 Palabras
Jean Pierre me pidió matrimonio, así como así nos casamos en el crucero con la bendición del capitán y dos testigos al azar. ese mismo sería nuestro viaje de luna de miel. Ya al llegar a Francia todo sería más fácil para la residencia. –Pourquoi es-tu revenu ? Pourquoi maintenant après tant de choses ?(¿Porqué volviste? ¿Porqué ahora después de tanto?)–le pregunté intrigada. –J'ai dit que je le ferais, il m'a fallu du temps pour trouver l'argent... mais je l'ai fait et me voilà.(Dije que lo haría, me costó reunir el dinero... pero lo logré y aquí estoy)–me pareció súper romántico en ese entonces y no lo analice. Al término del viaje estábamos de regreso en Francia o mejor dicho había llegado a Francia, yo nunca había estado ahí. El me veneraba, era muy amable, demasiado amable, cariñoso y atento. Me llevo de inmediato a conocer a su madre con quién vivía en un humilde apartamento en el piso de arriba de una panadería. «Está bien, será solo temporal» pensé. No había nada de malo compartir cada con su mamá, nos conoceríamos y llevaríamos bien, ya buscaríamos algo propio, era obvio que no imaginaba volver conmigo del viaje por eso no busco casa. Quise llamar a mis padres pero no tenían teléfono en la casa así que le pedí me llevará a un lugar dónde pudiera hacer la llamada. Entre varias excusas tontas disfrazadas me lo impidió, pero lo compensaba con recorridos y meriendas con su madre. Vivía en París la ciudad del amor así que no se me hizo difícil olvidarme de querer llamar por teléfono, la ciudad era magnífica y vaya si había lugares para recorrer. Su mamá me cayó bien al principio, era amable y atenta conmigo, me ofrecía todo lo que tenía que no era demasiado pero alcanzaba. Esa noche dormimos en la azotea del apartamento dónde su mamá tenía muchas plantas y flores, había un sillón grande y un pequeño cajón que hacía de mesita con un cenicero lleno de colillas de cigarro. También habían varias botellas de cervezas y otras bebidas alcohólicas vacías esparcidas por el lugar. Me dijo que allí era su refugio de la locura de la ciudad, su escape, su lugar para pensar, aunque a veces llevaba a sus amigos también para pasar el rato. Allí en ese viejo sillón corroido por el sol y la lluvia hicimos el amor, bajo la atenta mirada de la luna y con el resplandor de las luces de la ciudad. Beso mi cuello suavemente marcando el recorrido hasta mis senos quitando la camisa que llevaba puesta botón por botón, y luego desabrochó mi sostén; besó mis senos ergidos, rígidos por el deseo y los apretó entre sus manos mientras yo sentada en su regazo movía mis caderas buscando sentir su pene rozando mi pelvis por encima de la ropa. –Oh Sandy... ma femme... mon amour pour toujours...(Oh Sandy... mi esposa...mi amor por siempre...)–decia entre suspiros con la respiración agitada mientras me besaba con afán. Yo sólo lo escuchaba mientras disfrutaba el momento y sus dulces palabras que me parecían románticas mientras trataba de controlar mi respiración y jadeos. –Ne te retiens pas, continue, dis ce que tu veux, crie, profite, fais savoir au monde entier que tu es à moi.(No te reprimas, anda, dí lo que quieras, grita, goza, que el mundo todo se entere que eres mía)–me animaba al ver que yo ahogaba mis jadeos y gemidos. No lo hice, nunca había sido de hablar o gritar mientras tenía relaciones sexuales y menos sabiendo que su mamá estaba a unos metros de distancia debajo de nosotros. Me puso de pie y me quitó el la ropa interior dejándola por allí tirada, me arrodilló encima del sillón con las piernas abiertas y mis manos en la parte del respaldo, de espaldas a él, levantó mi falda que aún llevaba puesta y sin anuncio previo me embistió con fuerza haciéndome gemir tan fuerte que me asusté de mi misma. Me tomó del caballo y lo jaló hacia atrás tensando mi cuello mientras no dejaba de penetrarme con rudeza. Me giró bruscamente y quede de frente a él, se sentó en el sillón y me puso encima de cabalgando con ahínco sobre sus piernas. Buscó mi cuello con su boca y lo besó con frenesí dejando marcas en el, odiaba que me dejarán marcas, yo no era ganado para marcar, pero según él no tenía importancia después de todo era mi esposo y yo "su mujer" cómo siempre desde entonces lo dejaba muy claro y remarcado. "Su mujer, SUYA"
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