Capítulo 2

2031 Palabras
Emily se despierta de golpe, cayendo de la cama al suelo con fuerza y agarrándose la cabeza con ambas manos, se pone de pie. Unos minutos más tarde, camina con lentitud hasta el baño y al mirarse en el espejo no puede creer lo que ve. Un chichón. —¡Mierda! —Susurra entre dientes. Busca en su botiquín medico unas compresas y luego en la cocina hielo y se cubre la frente para que la hinchazón por el golpe baje. Recostándose de nuevo en la cama toma su móvil de la mesita de noche, el cual no para de sonar y por el cual se cayó de la cama. Al ver los mensajes recibidos queda atónita. Katherine Hills: 22:40 PM «¿EMILY DONDE RAYOS ESTAS?»  Jason Dash: 23:00 PM «Ven de inmediato al hotel te necesitamos con urgencia» Katherine Hills: 05:30 AM «Anoche recibimos la llamada del asistente personal de un Jeque árabe y reservaron TODO el último piso»  Katherine Hills: 06:00 AM «¡¡Debes venir con urgencia!! Eres la dueña, tienes que recibir al árabe y a todo su comité»  Katherine Hills: 06:05 AM «¡Por dios! Emily no nos avergüences, lo más seguro es que pregunten por el dueño del hotel y ni Jason ni yo lo somos. Maldita sea responde» Jason Dash: 06:08 AM «Buenos días Emily, apresúrate. Los árabes llegaran en cualquier momento, esperamos por ti»  Katherine Hills: 06:10 AM «¡AHORA EMILY ROSE!» Emily salta de la cama y corre hasta el baño, al llegar a la puerta de este un mareo repentino la invade por completo. Se queda quieta por unos segundos y cuando le pasa, se adentra por completo. ¡Qué buena resaca me estoy gastando! Comenzó el día con el pie izquierdo. Se ducha, cepilla los dientes y luego corre hasta su armario al no encontrar una falda nueva que compro hace tan solo dos días y la cual, ahora decide estrenar para la ocasión. Pega un grito de frustración al no ver la bolsa de las compras en su habitación. —¡¡Bendito sea dios!! ¿Sera que hoy no es mi día? Exasperada corre hasta la sala y buscando con la mirada por todas partes ve la bolsa de compras en el sofá n***o de cuero sintético, salta sobre este y abre la bolsa con desesperación. Al encontrar la falda, chilla de emoción y regresa a toda prisa a su habitación. —¡Árabe estúpido! En mala hora tiene que llegar... ¿No podía ser al mediodía? —Ella habla mientras se viste— "Debes recibirlo con todo su comité" —Bufa mientras comienza abotonarse la camisa blanca de vestir. Busca en el armario sus nuevos e impresionantes zapatos de Chanel, negros y de un brillo resplandeciente. Regresa al baño, toma su secador y soltándose el cabello, comienza a secarlo de manera apresurada quedándole a la perfección unas hermosas ondas. Como si hubiera planificado que así debían quedarle. Por último, toma su estuche de maquillaje, saca un poco de base compacto, cella con el respectivo polvo, un poco de rubor y de último minuto. Su labial favorito, de color carmesí intenso. Un maquillaje sumamente sencillo, nada excesivo. Simple... Como ella es y como debe ser. Esta bien siempre estar linda y ser cuidadosa, pero tampoco a lo extravagante. Emily se mira en el espejo y verifica que la inflamación del golpe ha bajado. Ruega dentro de sí que un morado no se le forme y echándose un poco de su perfume favorito «Carolina Herrera» con esa fragancia matadora, sale de la habitación apagando las luces, toma las llaves de su auto del neceser frente al sofá y luego su hermosa cartera, una Michael Kors. Sale de su departamento a las 07:00 AM. Todo un nuevo récord para Emily, estar lista en menos de una hora. —Más les vale que todo mi esfuerzo valga la pena y que su estadía en el hotel no sea solo por una noche. Mi sueño también vale... ¡Joder! Se adentra en la autopista y el tráfico la atrapa. Para variar, su mejor amiga y socia no para de llamarla. Pulsando la pantalla del teléfono del auto, Emily contesta la llamada. —¿Dime que ya estas por llegar? Acaban de avisar que ya aterrizaron y que al terminar los trámites del aeropuerto vienen para acá ¡¡Emily!! —Esta chilla eso último. La hermosa joven suspira y cubriéndose la vista con la palma de la mano susurra: —El tráfico me atrapó amiga. Estoy a diez calles. —¡QUE! —Katherine grita desde el otro lado de la línea— Toma un desvío Emily. ¡Tienes treinta minutos! Apresúrate y llega antes que el príncipe ese. Emily abre los ojos. —¿Príncipe? ¿Pero no se supone que es un Jeque? —¡Es lo mismo Emily! —Katherine se calla— Bueno, creo yo que viene siendo lo mismo. Lo cierto es... que escuche a la perfección como el señor Mihair llamaba «Su Alteza» a nuestro huésped. —¡¡Rayos!! —Susurra con notable angustia— Te prometo que llegare antes... Tomare un desvío. —Cuídate amiga nos vemos. La llamada finaliza y efectivamente. Cuando ve la oportunidad, Emily toma un desvío y llega al gran «Hotel WoodHouse» en menos de quince minutos de finalizar la llamada. Salta del auto y el parquero le recibe las llaves, las cuales Emily le lanza al aire. —Buenos días señorita Rose. —¡¡Buenos Días Nathan!! Deja su Audi con el parquero y corre dentro del hotel a toda prisa. En recepción la espera todo el equipo administrativo, entre ellos Jason y Katherine, quien dio un salto al verla. —¡¡Hasta que por fin llegas!! —Disculpen... —Murmura agitada por la carrera. Jason le da un vaso de agua y Emily lo agradece con notable fervor. Cuando estabiliza su respiración ella pregunta: —¿Por favor díganme que su habitación esta lista? Bueno, todas las del décimo piso. —Si cariño. Todo está listo e impecable como siempre, tranquila, solo hacía falta tu presencia. En ese momento Emily ve a una de las trabajadoras de servicio llevar un hermoso arreglo floral y luego, ve a otra con una bandeja llena de chocolates y una canasta con regalos para el nuevo huésped. La joven corre hasta esta última empleada y la detiene. —Disculpe, ese arreglo de flores, esta bandeja y canasta ¿A cuál habitación llevan? —A la suite presidencial señorita Rose. Emily se vuelve y mira furiosa a sus colegas. —¿No se supone que todo estaba listo? —Espeta— ¿Es en serio? Me haces venir a toda prisa y algo tan simple como esto, ni siquiera está listo. ¡Increíble! —Eso siempre lo dejamos de ultimo y lo sabes... —Jason susurra apenado. —¡Nada de nada! —Emily se gira y ahora le habla a su empleada— Deme eso señora Clara, yo misma lo llevare. —Pero Emily... —Katherine protesta con los ojos en blanco. —¡Silencio! Ya vuelvo Camina hasta su amiga con la bandeja de chocolate en su mano izquierda y con la otra le lanza su cartera. No sin antes percatarse de que tiene su mp3 consigo. —Guárdala en mi oficina. Se da media vuelta y también le quita la canasta con los regalos a la señora Clara. Junto a la otra empleada se adentró en el ascensor y en silencio las dos subieron. En menos de diez segundos, el moderno ascensor abre sus puertas en el décimo piso. La empleada con el arreglo floral sale primero del ascensor a petición de Emily y al llegar frente a la puerta de la suite presidencial, otra empleada de servicio sale. —Gracias señora Marta puede retirarse. Yo me encargo del resto. —¿Está usted segura señorita Rose? Yo puedo hacerlo... —No se preocupe yo lo haré. —Le dice con una sonrisa en los labios. La señora Marta sale con cuidado de la habitación y cierra la puerta tras de sí. Emily deja la bandeja de chocolates y la canasta de regalo sobre una mesa de madera fina y sentándose en la orilla de la cama saca del pequeño bolsillo de su falda su mp3 y sus pequeños auriculares inalámbricos. Enciende la música a todo volumen y poco a poco, comienza la voz del canadiense The Weeknd a invadir todo su ser con su hermosa canción «High For This». Ella ama a su canadiense. Emily comienza a ordenar la bandeja de chocolates sobre la mesa junto al arreglo floral y luego, por último, toma la canasta de regalos y la deja con sumo cuidado en medio de la inmensa cama matrimonial. Cuando la canción comienza su segundo estribillo El favorito de Emily la voz del cantante cobra fuerza y Emily seducida por lo mucho que ama la voz del artista y por la rítmica melodía, comienza su vaivén. Su cuerpo se mueve al compás de la melodía y su voz también comienza a tomar fuerza, cantando la canción a todo pulmón. A toda pasión. «Abre tu mano, toma un vaso No te asustes, estoy aquí A pesar de que no lo haces Créeme niña, vas a querer estar elevada Para esto. Quítatelo, lo quieres fuera Porque yo sé cómo te sientes Está bien, niña, yo también lo siento Déjalo ser, respira Juro que estoy aquí Estaremos bien, te prometo que Estaremos muy bien Abre tu mano, toma un vaso No te asustes, estoy aquí  A pesar de que no lo haces Créeme niña, vas a querer estar elevada Para esto Vas a querer estar elevada para esto Vas a querer estar elevada para esto...»                                                            ★*★*★*★*★*★ Amir obstinado por el largo viaje de más de dieciséis horas. Apenas cruza palabras con el gerente y los administradores asociados del hotel, quienes le dan la bienvenida a él y a todo su séquito por igual en recepción. Cuando se adentra en el ascensor sus ojos comienzan a cerrarse por sí solos, el cansancio es más que evidente. Con su maletín de negocios en mano, sale de este a toda prisa cuando abre sus puertas en el décimo piso. Cuando llega a la puerta de la habitación, una voz femenina cantando a todo pulmón lo detiene. —¿Pero qué clase de perica es esa? —Susurra en árabe y frunciendo el ceño. Mihair da un paso hacia adelante para abrirle la puerta de la habitación, pero Amir lo detiene en el acto y le quita la llave magnética. —Yo me encargo. —Espeta con severidad. Amir levanta su mano izquierda en señal para que también su equipo de seguridad se aleje de la puerta. Cuando ya no los siente sobre su espalda, la abre lentamente y adentrándose en la habitación, se lleva la sorpresa del siglo. Sus ojos casi salen de sus órbitas al ver el monumento danzante que tiene frente a el. La música poco a poco comienza su descenso y por consecuente, Emily termina su rutina de baile sensual. Cuando abre los ojos y vuelve la mirada al frente, pudo sentir como el corazón quería salir de su pecho. Ella abre la boca y los ojos al mismo tiempo, totalmente sorprendida. —¡Oh por dios! —Susurra en un hilo de voz. ¡Por primera vez la agarran infraganti bailando de manera sensual y no es una persona conocida, sino todo lo contrario y para rematar, en la suite presidencial de su hotel! ¡Un huésped! ¡De infarto! —¿Pero qué significa esto? ¿Es una broma? —El árabe frente ella susurra con voz amenazante y con un acento peculiar— ¿Qué hace usted en mi supuesta habitación? Emily se quita los pequeños auriculares y con las manos temblorosas apaga su mp3. Esto era fin de mundo... El apocalipsis. Una bomba nuclear. Muerte súbita. Y como dice la canción que hace apenas instantes atrás ella cantaba y bailaba con pasión, Emily quisiera estar drogada para no vivir esto ni este momento. Ahora si... ¡Trágame tierra, por favor!
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