Capítulo 3

3066 Palabras
— ¿Va a decirme de una vez por todas que hace usted en mi habitación y actuando de esa manera tan indecorosa? Emily abre los ojos y traga con fuerza. — ¿Indecorosa? —Pregunta confundida. — Me escuchó bien. — Señor príncipe... —Se calla inmediatamente al escuchar la estupidez que ha dicho cegada por los nervios. ¿Cómo que señor príncipe? ¡Qué vergüenza Emily! — ¿Cómo ha dicho? —El susurra con ironía y tono burlón mientras termina de cerrar la puerta tras de sí. Ella se corrige sin perder más tiempo: — Lo que quiero decir es que... Disculpe la imprudencia. Yo solo estaba... —Ella deja de mirarlo para señalar la mesa de madera y luego la cama— Terminando de arreglar su habitación. Colocando los detalles correspondientes que siempre hacemos para nuestros huéspedes. Amir da dos pasos hacia adelante y dejando su maletín en un hermoso mueble cerca de la mesita de noche, el musita frente a Emily: — Ya puede retirarse. —La mira a los ojos con seriedad absoluta, sin un ápice de remordimiento por su tono de voz hostil y prepotente. Emily asiente y guardando sus auriculares y mp3 en el pequeño bolsillo de su falda susurra: — Que disfrute su estadía, señor Jeque... — Señor para usted. —La interrumpe y pasándole por un lado se sienta en la inmensa cama, para luego bostezando sentenciar— ¡Salga ya! Ella sale de la habitación como rayo veloz y al salir, se topa con el inmenso séquito de hombres en la puerta. Al menos, de forma rápida contó unos diez. — ¡¡Oh por dios!! —Susurra mientras las puertas del ascensor se cierran frente a su nariz. Cuando llega a la planta baja corre hasta su oficina y en ella la espera su mejor amiga Katherine, con una gran cara de culo. — ¿Pero cómo has podido faltarnos de esa manera? —Le recrimina. Emily suspira cayendo de golpe sobre la silla ejecutiva frente a su escritorio y susurra: — ¡Katherine ya basta! Acabo de pasar la vergüenza más grande de mi vida. — ¡Que me calle nada! —Resopla— El bendito árabe resultó ser todo un odioso y llegó con todo un séquito de hombres y tú, ni siquiera estuviste para recibirlo. — ¡¡Jah!! —Emily ríe con ironía— ¿Que no estuve para recibirlo? ¿Pero de qué hablas? ¿Quién era la que estaba en su habitación ultimando los detalles que ustedes decidieron dejar para el final? — Emily... — ¡Emily nada Katherine! —Suspira— El muy prepotente me encontró en la habitación y para mi "Buena suerte" Me vió bailando toda sensualita mi canción favorita del canadiense. — ¿Que tú qué? —Katherine abre los ojos como platos mientras que con la palma de su mano derecha golpea el escritorio de Emily por la impresión— ¡¡No. Puede. Ser!! —Se ríe a carcajadas. — Sí, anda... Ríete todo lo quieras. Las carcajadas de Katherine fueron tan contagiosas, que Emily termina riéndose junto a su mejor amiga de sí misma por largos minutos.                                                                  *★*★*★*★* Treinta minutos después... Jason ingresa a la oficina de Emily después de tocar la puerta. — Hola Emi... —Susurra mientras le da un casto beso en la mejilla y luego toma asiento. — ¿Cómo estás cariño? —Ella le habla mientras se ve en el espejo de su polvo compacto, para luego volver a tomar asiento. — ¿Cómo te fué con nuestro nuevo huésped? Katherine me contó entre risas que te tropezaste con el de manera peculiar. Emily rueda los ojos mientras se atraganta una carcajada. — ¿Que te dijo en especificó? — Nada más, solo eso. Ella no paraba de reír. —Él sonríe recordando a Katherine privada de la risa— ¿Que te pareció? ¿También opinas que es odioso? Ella suelta un suspiro y murmura: — Opino que el árabe será como una piedra en los zapatos, durante el tiempo que decida estar aquí. Jason asiente mientras una sonrisa vuelve aparecer en sus labios, él está absolutamente de acuerdo con su mejor amiga. — ¿Cómo te fue anoche con Jake? — De lo peor... —Ella se encoge de hombros— Termine por emborracharme para no tener que escucharlo más. — ¡Ay Emily! —El suspira mientras apoya su espalda en el respaldo de la silla. — ¡ Ya lo sé! ¿Pero qué puedo hacer Jason? Aún no me siento preparada para hablar con él y mucho menos, para escuchar toda la cadena de excusas que va a decirme. Y de las cuales, estoy segura que la mayoría son mentiras inventadas por él y su loca imaginación. — Solo te digo que le des un comodín, un voto de confianza. Cuando él hablo conmigo, lo noté muy arrepentido y sincero en lo que decía. Muy seguro de sí mismo. Si tan solo supieras la verdad hermano... — Lo pensaré. —Mintió y al dejar de mirar la pantalla de su móvil ella levanta la mirada y le pregunta— ¿Cuándo te vas? — Este próximo mes. —Susurra con nostalgia. Jason es el encargado administrativo de la sede de la pequeña cadena hotelera en New York y Katherine en la sede de Seattle. Mientras que Emily, como dueña absoluta, se encarga de la sede principal en Chicago. — ¿Y Katherine? —Él pregunta — No lo sé... Hasta ahora ella no a dicho, ni tampoco ha mencionado nada al respecto de cuando regresa a Seattle. El asiente y mientras sonríe, susurra: — ¿Qué será de nosotros tres cariño? Estamos faltos de vida social... — ¡No lo sé! —Emily ríe a carcajadas y le lanza un lapicero. 15:25 PM. Amir despierta de mala gana después de dormir durante toda la mayor parte del día. Se pone de pie y camina hasta el baño a paso lento, se mira en el espejo y lo que ve no le gusta. Sus ojos están agotados y la parte blanca, ahora esta roja. — ¡Por Alá! Después de hacer sus respectivas necesidades, Amir se lava las manos y luego el rostro y cuando ya está de regreso en la habitación, busca en su maletín el cepillo de dientes de repuesto. Luego de cepillarse, toma asiento en la cama y llama a recepción para pedir algo de comer. Ya que no tiene ánimos ni tiempo de espera para buscar a Mihair, su jefe de seguridad y asistente personal. — ¿Buenas tardes en qué podemos ayudarle su Alteza? —La voz de la recepcionista lo hace resoplar. Todo le hostiga y fastidia a estas alturas. No está de humor desde que vió a su primo Mohamed. — Quisiera servicio a la habitación por favor. ¿Cuál es el menú de hoy? — Comida italiana señor. — ¿Sólo eso? —Murmura enojado— ¿Qué más tienen? — Ensalada cesar, de acompañamiento a lo que usted desee. También tenemos paella, pescado horneado y de postre, marquesa de chocolate. Amir palidece al escuchar tal cosa de postre. El detesta el chocolate y su habitación apesta a ese aroma y lo peor, es que debido a su cansancio, apenas se da cuenta de ello y de ese asqueroso olor que reina en su habitación. Frunciendo el ceño, trata de pensar con claridad lo que hará a continuación olvidandose de que está en medio de una llamada. Y en vista de que él se toma un minuto de silencio para seguir pensando, la recepcionista se apresura en decir: — Pero si quiere algún pedido en especial, se lo haremos llegar con todo gusto señor. Hablaremos con el chef. Amir regresa en sí, y asiente complacido. — Se lo agradecería. —Su voz tan ronca hace suspirar a la chica tras la linea— Anote con atención lo que le voy a dictar. — Sí señor, lo escucho. —Balbucea. — De entrada quiero un puré, en un plato hondo y que no esté muy condimentado. —Se toma unos segundos para pensar— De plato principal, quiero cordero y hortalizas y de postre, solo quiero un yogur. Para tomar quiero café y agua. ¡Ah! Por favor... —Susurra con cuatela— Que el café sea descafeinado y que se encuentre a temperatura alta. Me gusta muy caliente. No se le olvide anotar esto último. — Sí señor... Dicho esto, Amir finaliza la llamada dejando a la recepcionista con la palabra en la boca. Se pone de pie y se va en busca de ese olor tan repugnante del chocolate. Guiado por el aroma, llega a la mesa de madera fina y redonda, la cual está en medio del pasillo que divide la antesala y la habitación de la suite y dónde encontró bailando sensualmente a la occidental. Su mandíbula se tensa ante el recuerdo y negando con la cabeza, de inmediato desecha el pensamiento. Toma la bandeja y mirando los chocolates con absoluto desprecio, va tirarlos a la basura cuando tocan la puerta de la habitación. El camina con la bandeja de chocolate en manos, con una distancia considerada de su rostro y abre la puerta de mala gana. Cuando ve a la joven de servicio en la entrada, le entrega de mala gana la bandeja. Y con esa voz ronca y prepotente que lo caracteriza, sentencia: — Por favor, llévese esta asquerosidad y dígale a los dueños del hotel, que gracias por el detalle. Pero que ¡Odio el chocolate! — Si señor... Con su humor arenoso el cierra la puerta con fuerza y se va al baño para darse una ducha. El agua caliente recorre cada centímetro de su hermoso y bronceado cuerpo y con los labios entre abiertos gime ante los pensamientos, algo confusos por cierto. Amir tiene mucho con que lidiar y no necesitaba el nivel de estrés que la visita tan repentina y obstinada de su primo Mohamed, le generó. Suele ser un amargado, de eso no hay duda. Pero su ánimo casi nunca se ve afectado cuando está en el exterior. A excepción de esta vez. Cuánto quisiera una distracción... Algo diferente por lo cual vivir realmente. Al salir de la ducha, casi media hora después, Amir se coloca un albornoz de seda y a paso lento camina de regreso a la habitación y mientras estaba por ir abrir la puerta corrediza que da a su balcón privado, tocan a la puerta de la suite presidencial, rodando los ojos camina hasta ella y cuando la abre de par en par ve a Mihair. — Buenas tardes señor. Este entra a la suite con todo el equipaje y deja todas las maletas en su respectivo lugar y por orden de tamaño, porque así le gusta Amir. — Aquí está todo su equipaje Alteza. Todo en orden y como usted lo pidió. — Te lo agradezco. Dile al chófer y a todo el equipo de seguridad que esté listo, nos vamos en una hora. —Le da la espalda mientras camina de regreso hacia el balcón— Comeré primero. — Sí, alteza. De inmediato. Amir rueda los ojos al escucharlo y sentencia: — Dime señor Mihair. Nada de alteza, tú no. — Disculpe señor. La costumbre... — ¡Pues piérdela! —Dice obstinado— Al menos, cuando estemos en privado. — Como usted lo ordene, mi señor. Dicho esto, Mihair sale de la habitación y en ése momento, un camarero llega a la puerta y la toca con prudencia, pero antes de entrar es revisado por dos guardaespaldas de Amir, y cuando este abre la puerta, al ver la escena sonríe con la mirada. — Ya déjenlo, solo es un mesero. Sus guardaespaldas se detienen de inmediato y lo dejan ingresar con el carrito de comida. — Aquí tiene señor, que lo disfrute. — Lamento el cateo. —Amir susurra seco y de su maletín de negocios saca un billete de cien dólares— Tome. Gracias... Ya puede retirarse. El joven al recibir el billete abre los ojos totalmente y balbucea: — Muchas gracias a usted señor, pero esto es mucho... — ¿Lo quiere o no? —Susurra de mala gana. — Sí. —Asiente con vehemencia— No me caerán nada mal, tengo a mi madre un poco enferma y con esto podré ayudar con sus medicinas. Gracias. Amir se detiene en medio de la habitación y lo observa con cuatela, lo analiza con la mirada de pies a cabeza y se pregunta en el fondo si los dueños del hotel están al tanto de las necesidades prioritarias de sus empleados. Supone en ese momento, que así a de ser. — Que bien... Ahora retírese. Dándole la espalda, ahora Amir se encamina hasta la antesala donde esta su equipaje y tomando la maleta más grande, regresa a la habitación y la tira sobre la cama. Cuando escucha la puerta cerrarse con suavidad, camina hasta ella y le pasa el seguro doble.                                                                      *★*★*★*★*★* Dos horas después. Emily ve con notable preocupación las noticias del clima en el Televisor pantalla plana de su oficina. El conductor anuncia que una tormenta tropical azotara a Chicago en las próximas horas, trayendo consigo antes de pisar tierra, lluvias torrenciales, truenos y fuertes relámpagos. Al finalizar el anuncio, ella se pone de pie y tomando su cartera sale de la oficina a toda prisa. Con su teléfono en manos llama a casa de sus padres y mientras repica alza el brazo derecho y observa la hora en su reloj de alta gama, a los segundos, esa hermosa voz maternal la cautiva. — ¿Sí? — Hola mama... — ¡¡Cariño!! ¿Cómo estás? — Bueno madre. Igual que siempre, estoy bien. Aunque este día no ha sido el mejor, todo esta bien. — Ay mi niña. Entiendo... Pero trabajas mucho, deberías tomarte unos días. ¿Cuándo vienes a visitarnos? — Pronto mama, todo a su tiempo. Por ahora no puedo, tengo un huésped muy importante en el hotel y debo estar aquí para cualquier cosa u inconveniente que se presente. Asombrada y curiosa, su madre pregunta: — ¡No me digas! ¿Y quién es ese nuevo huésped? — Un supuesto jeque árabe. —Murmura con desinterés. Emily aleja el móvil de su oído, camina a recepción y le pregunta a la chica tras el escritorio: — ¿Haz visto a Katherine? Llamo a su oficina pero no obtengo respuesta. — Se encuentra en el quinto piso junto al señor Dash, señorita Rose. Emily asiente y le agradece con un guiño. Ella se vuelve y camina hasta los ascensores, pulsando el botón espera la llegada del ascensor y en ese momento vuelve acercarse el móvil, al hacerlo, escucha la voz de su madre, esta ha estado hablando sola. — ¿Hija? — Disculpa mama, estaba ocupada hablando con una de las recepcionistas. — No te preocupes... — Ya debo colgar, solo llamaba para saludar y también para decirte que acabo de ver en las noticias que se avecina una tormenta tropical a la ciudad. Así que asegura las puertas y ventanas. —Dice en tono neutral aunque por dentro la preocupación está latente, al llegar el ascensor ella se adentra en el. — Gracias por avisar y preocuparte cariño, también acabo de verlas. —Su madre suspira— Ya nos pondremos en eso con los del servicio. Te amo hija mía, hasta pronto. — Y yo a ti madre, dale mis saludos a papá... Nos vemos. Emily guarda el teléfono en su cartera y saliendo del ascensor, observa el pasillo pero no ve a su amiga ni tampoco a su mejor amigo, así que ella decide caminar hasta la habitación de Katherine, pero cuando está a punto de tocar la puerta unos leves ruidos la detienen. Su cabeza se ladea hacia un lado y frunciendo el entrecejo ella acerca su oído a la puerta y puede escuchar claramente como unos gemidos provienen de la habitación. — ¡¡No. Puede. Ser!! —Pone los ojos en blanco al mismo tiempo que siente como sus mejillas comienzan a arder— Oh por dios... ¡¡Jason y Katherine juntos!! —Susurra mientras ríe en voz baja. Decide no molestar y camina de regreso al ascensor.  Su mejor amiga tiene mucho que contar y su hermano, mucho que explicar. Cuando el ascensor abre sus puertas, Emily se adentra en el sin mirar quien o quienes están allí, sacando su polvo compacto se mira en el espejo y se retoca el labial. Luego vuelve a guardarlo y busca el móvil entre sus cosas al escucharlo sonar. — ¡Rayos! —Susurra con frustración al no poderlo encontrar. Pero cuando lo encuentra y observa quien es el que llama, rueda los ojos. Era evidente que tal llamada no es esperada ni mucho menos bienvenida. Pues es nada más y nada menos que... Jake. Su ex novio. — ¿Qué quieres? —Contesta de mala gana. — ¿Podemos vernos esta noche? — ¡Ol.vi.da.lo! — Por favor Emily. Sabes que te quiero y estoy muy arrepentido por todo lo que te hecho, dame una oportunidad, solo una, déjame explicarte la verdad de todo, de las cosas y para ello necesito que nos veamos. ¡Perdóname! — Jake, déjame en paz. —Susurra con fastidio mientras se mira las uñas— Por favor, te lo digo de buena manera. No me busques, dame mi espacio. —Bosteza— Déjame sanar, estoy enojada, herida y así no suelo pensar con claridad. — ¿Volveremos? —El joven tras la línea susurra con tristeza.  — No lo sé. Sinceramente, creo que no. Lo vivido fue demasiado para mí. — No digas eso. ¡¡Vamos a vernos por favor!! —Le suplica. — No será hoy. Vi en las noticias que una tormenta se acerca a la ciudad. De hecho, ya estoy saliendo del hotel para ir a mi casa. — Mañana... Emily deja de escucharlo cuando siente que el ascensor se detiene y la luz roja de emergencia se enciende y apaga de repente. — Jake, hablamos luego. Ella finaliza la llamada y cuando alza la vista al frente, sus ojos se abren como platos y su respiración se agita. ¡No. Me. Jodas! ¿Por qué a mí?
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