Capítulo 4

4625 Palabras
El árabe.  Esta solo, frente a ella. El teléfono cae de sus manos al suelo cuando el ascensor chilla atascándose y de repente, todo queda a oscuras.  — ¡¡Oh por dios!! —Ella grita y olvida que acaba de encontrarse con el árabe pedante.  Segundos después, la luz de emergencia deja de titilar y vuelve a encenderse, dejando al ascensor con una iluminación tenue.  Con sus manos entrelazadas y sus piernas semi cruzadas Amir deja de mirar al suelo y alza la vista a través de sus lentes viendo al frente, hacia ella.  — ¡Oh por Dios! —Ella vuelve a gemir con evidente nerviosismo. — ¿Puede callarse? —El susurra con prepotencia.  — ¡¡NO!! —Grita— ¡Usted no entiende! El niega con la cabeza.  — No, no entiendo. —Asegura— Y tampoco quiero entender. Emily resopla con evidente frustración.  — ¿Cómo puede estar tan tranquilo? —Alza la voz— ¡¡Estamos encerrados!! — ¿Y? — ¿Pero qué le pasa? —Ella solloza.  — A mi nada, pero a usted sí. —Susurra— Mírese —La señala— Parece una loca, una niña.  — ¿Pero cómo se atreve? — Me atrevo porque quiero. —Dice sin un apice de sentimiento— Debe calmarse, gritar no le ayudará en nada. Amir deja de mirarla y cierra los ojos nuevamente, recostando la cabeza sobre la pared de acero inoxidable.  Los teléfonos de ambos comienzan a sonar pero Emily ignora el suyo por su estado de pánico y comienza a caminar de un lado a otro.  — ¿Si? —Amir contesta la llamada de su mano derecha, Mihair.  — ¿Señor está bien? ¿Por qué no me espero? ¿En cuál ascensor está? Amir observa todo el ascensor y resoplando burlón Murmura: — No tengo idea. ¿Habría alguna diferencia si te hubiera esperado? —Cierra los ojos por un segundo— Lo dudo. — Los administradores del hotel llamarán a los bomberos mi señor. —Mihair suena sumamente preocupado, porque si algo llegase a pasarle a su príncipe bajo su custodia el estaría en problemas. Ya que cuidar del árabe, es más que una misión de vida, su deber— No se preocupe, lo sacaremos, se lo aseguro. Por favor, dígame si está bien señor... — Lo estoy Mihair, esto no es la gran cosa. —Susurra y luego se calla al ver a Emily llorar— Aunque... ¿Sabes qué? No me parece una mala idea que los bomberos vengan, de hecho, quisiera que lo hicieran lo más pronto posible. ¡Claro! Sin armar tanto alboroto, no quiero que los medios se enteren y armen un espectáculo. — Si mi señor, entendido. —Mihair hace una señal a tres hombres del equipo de seguridad real— ¿Hay alguien más con usted alteza? — Sí. Una chiquilla llorona. —Resopla enojado.  Dicho eso, Amir escucha como su jefe de seguridad y mano derecha comienza a susurrar cosas a otras personas y eso lo hace tensar. — Señor... El gerente del hotel pregunta quién es la persona junto a usted.  — Una empleada. —Responde a secas— Sácame de aquí, ahora.  Emily lo ve finalizar la llamada y con los ojos en blanco imagina como se abalanza sobre él y le cae a golpes.  ¡Definitivamente, este hombre es insoportable! Apretando los dientes ella se contiene las lágrimas y se agacha para tomar su bolso el cual cayó al suelo junto su móvil y después de encontrar este último lo enciende y ve que tiene nueve llamadas perdidas de Katherine y cuatro de Jason. Va guardarlo de nuevo cuando el teléfono vuelve a sonar.  Es Jason.  Ella atiende inmediatamente, al menos, escuchar una voz familiar y tan querida le ayudará a calmarle.  — ¡¡Emily!! ¿Cariño dónde estás? —Suena y está angustiado porque no sabe dónde está y porque se enteró que ella lo había buscado. — ¡¡Jason por favor!! —Ella chilla.  — Mierda... —Gime horrizado— ¿Estás en el ascensor? ¿Eres tú la que está junto al árabe? — ¡¡Sí!! —Gime llena de terror— Por favor sáquenme de aquí... Me estoy muriendo. ¡Tengo un ataque de pánico! — Dramática. —Amir susurra mientras resopla al mismo tiempo.  Emily aleja el móvil de su oído al escuchar tal desconsideración y su mirada llena de odio lo dice todo.  — Mire, señor príncipe de no sé dónde. ¡Hágame el favor y cierre esa boca venenosa y conmigo no se meta! —Grita— Usted no sabe lo impulsiva que puedo volverme cuando estoy fuera de mí y tengo un ataque de pánico. ¡Y crea cuando le digo que ahora mismo lo tengo! Amir arquea una de sus pobladas cejas y ladeando la cabeza de forma burlona, susurra: — ¿Me está usted amenazando? — Tómelo como quiera. —Espeta— ¡Desalmado! Ella se da la vuelta dándole así la espalda y vuelve a pegar el teléfono a su oído.  — Jason... —Solloza— Por favor, esto es horrible. ¡Ayúdame! — Mi Emi, resiste un poco más no te preocupes, ya los bomberos vienen en camino. Solo ten un poco de paciencia mientras intentan encender la planta del hotel.  — ¿La planta? ¿Por qué? —Ella pregunta impactada. Ya que esa planta casi nunca la han utilizado a menos que la luz...  — Emi, es que la luz se fue en toda nuestra calle. Un transformador explotó debido al impacto de un objeto. No sé muy bien que pasó allí afuera. Ahí mucho alboroto. — Oh no... —Gime al recordar el anuncio del noticiero hace unos minutos atrás— ¡¡Rayos!!  — Tranquila... EMI, te sacaré... Ella deja de escuchar a Jason cuando interferencia aparece y la llamada de un momento a otro, se cae.  Emily de inmediato ve la pantalla del teléfono y observa que ya no tiene cobertura.  — Oh dios... —Suspira  llorosa mientras cae al duro y frío suelo sentándose de mala gana. — ¿Pero qué hace? —Amir la ve aturdido.  — ¿Acaso no ve? —Ella replica— Esto va para largo, le aconsejo que haga lo mismo.  Amir resopla y niega con la cabeza al pensar que hacer tal acto es de mal gusto e higiene, pues el no quiere ensuciar su fina ropa sentándose en el piso del ascensor, dónde todo el mundo pisa. Dejando de mirarla, el se quita sus lentes Ray Ban y los guarda en el bolsillo interior de su traje. Cinco minutos después...  Emily deja de mirar el suelo y detiene su vista en los zapatos de Amir. Unos hermosos mocasines negros de gamuza adornan sus pies, son tan hermosos y únicos, que puede apostar que solo fueron hechos especialmente para el.  Cuando por fin sale del hechizo, ella lentamente lo observa de pies a cabeza.  Al menos, debe admitir, que el árabe tiene lo suyo. Porque ese traje n***o de vestir y ceñido al cuerpo, le queda impresionante. Lo cual hace que se imaginé como a de ser la figura del árabe bajo el. Le es atractivo, todo lo que ve de él lo es, aunque todo lo bueno se va al caño al este ser un total odioso y prepotente de porquería.  Finalmente, ella detiene la mirada en su cuello, al quedarse detallando el nicab que le cubre toda la cabeza menos el rostro.  Su hermoso nicab es de color blanco.  — ¿Acaso le gusta lo que ve? —Susurra burlón y Emily da un respingo ya que sus palabras la toman por sorpresa— No la culpo si así fuera.  — ¿Pero qué se ha creído? —Se hace la ofendida, pero por dentro está muriendo de pena porque él la describió mirándolo— No sea tan engreído e igualado.  — Entonces no mire lo que no es suyo. —Replica. Ella abre la boca de par en par.  — ¿Acaso también me dirá lo que debo mirar y lo que no? ¿Pero qué le pasa? ¿Es usted un demente? Amir deja de mirarse en el espejo del ascensor y apretando los dientes se vuelve hacia ella, quien ahora se pone de pie.  — Un insulto más y... — ¿Qué? —Ella alza la voz— ¿Me va a denunciar por ponerlo en su lugar? ¿Por decirle la verdad? —Vuelve a retarlo y ahora poniendo ambas manos en su linda cintura, lista para debatirle— ¿Qué? ¿Qué va hacer? Ladeando la cabeza Amir la observa amenazante.  Aunque una parte de él en fondo admira su lengua suelta y rebelde. Se nota que ella no tiene ni la menor idea de con quién está tratando. Y eso lo hace sentir poderoso y al mismo tiempo, débil porque ella lo amarga, porque su boca suelta le causa gracia y cierta ternura.  Le recuerda a su prima Zorahida cuando intentaba ponerse a su altura mientras debatían sobre algún juego, pero nunca podía alcanzarlo pues obviamente el siempre a sido mucho más alto. El recuerdo casi lo hace sonreír pero Amir logra contenerse y su amargura regresa de nuevo, a toda prisa cuando ve la realidad frente de sí. La empleada frente a el. Ninguna mujer antes de ella lo había retado, no de esa manera. Mejor dicho, de ninguna manera. Jamás se atreverían al ser Amir quien es.  Un principe, su príncipe. Pero no lo es de esta que está justamente aquí... Y eso lo hace sentir más débil, lo cual no le gusta en lo absoluto. Así que apretando los dientes con fuerza, toma una gran bocanada de aire y musita: — No me haga hablar con los dueños del hotel. Haré que la echen como lo que es, una igualada y cualquiera. —El la mira asqueado— Que anda con dos hombres a la vez... — ¿Perdón? —Ella dice boquiabierta— ¿Pero qué a dicho? — ¡Lo que escucho...! Soltando una gran carcajada Emily lo interrumpe y eleva su mano derecha para darle una cachetada, pero a mitad de camino... Amir la detiene en el acto y apretando la mano alrededor de su antebrazo, el susurra: — ¡Ni se atreva! Me toca y le aseguro que la acabo, le arruino la vida. Al escucharlo decir tal cosa, ella vuelve a reír histérica.  — ¡BASTA YA! —El grita estruendosamente.  Emily se detiene de inmediato y con su linda mirada de enojo, ella guarda silencio mientras lo mira fijamente, mientras el corresponde es misma mirada con total seguridad. — Usted no sabe cuan malo puedo llegar a ser. —Le dice entre dientes— ¡Así que no me provoque!  — Pues usted tampoco sabe quién soy yo, ni cuan mala también puedo llegar a ser.  Soltándola con brusquedad, Amir toma distancia y recuesta su espalda nuevamente sobre la pared del ascensor.  — Una cualquiera como usted, jamás logrará intimidarme, así que no me interesa en lo más mínimo. —Es lo último que dice antes de volver a cerrar los ojos.  Emily palidece ante lo escuchado y disimulando su furia, susurra:  — Mire, es evidente que mi presencia no es grata ante usted, pero no por eso tiene el derecho de juzgarme o tildarme de esa manera. —Suspira para controlar los impulsos asesinos que ahora tiene contra el arabe— No me conoce, así que amablemente le pido respeto. El hecho de que yo no le agrade no significa que sea una cualquiera. Suspirando, Amir musita con los ojos aún cerrados: — Tampoco me interesa conocerla. Me es suficiente con lo escuchado. Ella frunce el entrecejo. — ¿Perdón? —Dice apenas audible por lo consternada que se encuentra. Pero no obtiene respuesta.                                                                                                   ******* Veinte minutos después.  Han sido los minutos más eternos de toda su vida, está haciendo calor y la compañía no es grata. Pues no siquiera se inmutó en disculparse con ella.  Así que el pánico la ataca nuevamente y comienza a sollozar cuando intenta llamar a Katherine en vano, pues aún sigue sin cobertura.  Ella guarda su teléfono en la cartera y se cubre el rostro a continuación, por largos segundos. Hasta que recuerda que el árabe odioso también tiene teléfono. Asi que atrapada totalmente y tragándose todo el orgullo del mundo, ella le pregunta al árabe:  — ¿Tiene usted señal? Amir entre abre los ojos lentamente y mirándola con indiferencia susurra: — No para usted.  — ¡Oh Dios, no! —Chilla— Esto no puede estar pasandome. —Ella susurra mientras comienza a temblar y de la rabia se pone de pie y comienza a gritar mientras golpea las puertas del ascensor.  — ¡¡Ayuda por favor!! —Grita desesperada— ¡Sáquenme de aquí por Dios! —Gime de frustración— ¡AYUDA! Al sentirse atrapa y no obtener respuesta algún, ella comienza a saltar de un lado a otro dentro del corto espacio en el ascensor y al tropezar con Amir, cae de rodillas al suelo.  El se gira de inmediato y haciendo una mueca la toma de los hombros y la ayuda a ponerse de pie.  — ¿Pero qué le pasa? —Alza la voz— ¡Cálmese ya por favor! Volviéndose loca no logrará salir.  — ¡¡No me toque!! —Ella grita sollozando y Amir se aleja sin dudarlo, como si nada— ¡¡Usted no entiende!!  El niega con la cabeza indiferente y luego susurra: — Explíquese entonces.   — Sufro de claustrofobia.  — ¡¡Ahh!! —Amir asiente al entender todo el espectáculo de la mujer para luego... Reírse.  — ¿Pero por qué se ríe? —Ella lo mira indignada.  — Disculpe. Es que recordé a una persona, también padece lo mismo. —Vuelve a reír— Pero usted es incomparable, definitivamente, le gana.  — ¡¡Ay!! —Chilla— ¡No lo soporto! Amir se ríe a carcajadas y luego, segundos después se calla cuando el ascensor comienza a descender rápido... Demasiado rápido para su gusto. El de inmediato se sujeta de las barandas incrustadas en la pared de acero y observa como la luz de emergencia empieza a titilar sin parar.  El grito de Emily lo sobresalta y dejando de mirar la luz de emergencia baja la mirada hacia ella. Emily le corresponde la mirada y sin pensar e impulsada por el miedo-terror que la invade de pies a cabeza, corre hasta él y lo abraza con fuerza. Sin importarle que pudiese ser rechazada. Aunque... Para sorpresa de ambos. Amir, al sentirla, queda fuera de foco no solo por la sorpresa de su acto sino por lo que siente con sus manos rodeando su pecho. Cuando logra comprender lo que está pasando, el también hace lo mismo y con una de sus manos le rodea la parte baja de la espalda, aferrándola a su lado y con su otra mano libre, se agarra con fuerza de la fina baranda anclada a la pared del ascensor.  — Tranquila. —El susurra— Ya va a pasar. —Trata de calmarla ocultando sus propios temores— Piense, que al menos, si llegamos a morir juntos, usted lo hará al lado de un príncipe hermoso. Ehda... —Y otra vez le susurra que se calme. Pero en su idioma. Emily entre sollozos se ríe a carcajadas al escuchar su intento de calmarla. Pero deja de reír cuando el ascensor vuelve a detenerse de golpe y grita mientras vuelve a llorar al mismo tiempo:  — ¡¡Por favor!! —Le suplica— Señor no me suelte, por favor. ¡No me suelte! Se lo ruego... Amir suelta la fina baranda a la cual aun se aferraba con su mano derecha, para así abrazarla por completo y apretarla con fuerza contra su amplio pecho.  Segundos después se acurruca junto a ella en una de las esquinas del ascensor y, Emily poco a poco se calma.  — Tranquila. —El vuelve a susurrar pero esta vez contra su oído. — No me suelte. —Ella aferra sus dedos contra su traje de vestir. — No lo haré. —Sonrie ante el pensamiento de lo que está por decir— No quiero escuchar sus gritos otra vez. En los labios de la hermosa Emily se forma un puchero y le es imposible reír esta vez. Aunque por poco lo hace. — Lo siento. —Solloza— Pero por favor entiéndame, tengo miedo. Mucho miedo, odio el encierro. No me gusta estar en espacios pequeños, siento que me asfixio y me crea profunda ansiedad y ataques de pánico. El doctor dice que mi tipo de claustrofobia no es muy común. Amir asiente ante lo escuchado y ahora se siente mal por haber Sido tan bestia y llamarla dramática. — ¿La asiste un médico?  — Sí. —Ella asiente mientras esconde su rostro en el cuello de Amir— Me trato desde pequeña. Pero hace mucho que no vivía algo como esto, de hecho nunca había vivido algo como esto. —Se aclara la garganta— Mi último encierro fue hace mucho y cada vez que vuelve a pasar, sin importar el tiempo de la última crisis, se vuelve peor, más intensa. No puedo controlar mi terror. — Entiendo. —Amir le alza el rostro para poder mirarla a los ojos— Pido sinceras disculpas, no pensé que fuera para tanto. Lo siento. No volveré a burlarme de usted o a menospreciar su claustrofobia. — Gracias. —Ella solloza suavemente mientras sorbe su nariz. El silencio los invade y los minutos pasan, pero nada cambia.  — Creo que tenía razón señorita, esto va para largo. —Dice el mientras mira la luz de emergencia.  —  Sí, y me pare que no tendremos más opción que sentarnos y esperar. — ¿Sentarnos? —La mira asqueado— Ni loco me sentaré en un piso que transita todo el mundo y quién sabe cuántas bacterias tenga.  Emily ríe y vuelve a refugiarse en su pecho. Hablar con el está ayudando a calmar su ansiedad. — No me diga que usted es de esos hombres obsesionados con la limpieza.  — No al extremo, pero si me gusta cuidarme mucho. La higiene es importante. — Eso lo entiendo bien, pero no ser preocupe nada malo va a pasarle por una vez que lo haga. Además el suelo está reluciente, mire. —Ella lo ve mirar y sonríe— Aquí limpian la recepción y los ascensores cada dos horas. — Es bueno saber eso, pero al igual que usted. Yo también tengo mis manías u fobias. — Y al igual que yo, no tendrá otra opción. ¿Verdad? —Le sonríe con ironía y el se da por vencido al entender lo que ha dicho. Una hora. Dos horas...  Y todo sigue igual, es como si todos hubiesen olvidado sus existencias. Como si hubiesen olvidado el hecho de que están encerrados en un ascensor de dos metros de altura y uno y medio de ancho. Ya no hace tanto calor, pero no es agradable estar encerrados en lugar tan pequeño y por tanto tiempo. Ninguno de los dos han dicho ni una sola palabra desde que tomaron asiento en el suelo hace más de una hora, cuando Amir se dió por vencido y cuando Emily por fin pudo aceptar la situación y por consecuencia, calmar su ansiedad y temor. Estar más calmada le hizo recordar todo lo que había pasado con el árabe hace más de tres horas, todo lo que se dijeron y las amenazas que se hicieron. Recordar esas dos últimas cosas hizo que la curiosidad invadiera todo su ser. Y suspirando, le susurra:  — ¿Puedo hacerle una pregunta? Amir deja de mirar una de sus manos y asiente mientras alza la vista hacia ella. — ¿Porqué usted piensa que soy una cualquiera? El frunce el ceño ante su pregunta, jamás la hubiera imaginado de su parte. Lo tomó por sorpresa.  Pero está decidido a responder sin importar qué. — Porque está hablando con dos hombres a la vez. — ¿Qué? —Ella espeta incrédula— ¿Que yo qué?  — Sí, usted. —Suspira— Y por favor no intenté negarlo. Porque la escuché claramente.  Ella parpadea y de inmediato recuerda que cuando ingreso al ascensor al segundo de cerrarse más puertas recibió una llamada de su ex y luego con esto del ascensor, la llamada de Jason. Y ambas el las escucho. ¡Oh por Dios! Que vergüenza. Con razón me trata como lo hace.  Más la majestuosa bienvenida danzante que le di.  ¡Por supuesto que es entendible ese mal concepto que ha de tener sobre mí! Aunque de igual manera, eso no le da derecho de haber Sido tan grosero. — ¿Y si así fuese a usted qué le importa? — En nada. Pero eso no evita que sea aberrante. Emily asiente lentamente. — Puedo entender su punto. Pero no estoy hablando con dos hombres a la vez. —Ella lo ve mirar hacia otra parte— Jake es alguien de mi pasado, alguien que no me deja en paz y Jason... Se ríe ante un pensamiento. — Yo ni siquiera tengo porqué explicarle nada de lo que haga con mi vida personal, no sé porque estoy..  Porque estoy hablando de esto. — Pues no lo haga, no le dije que lo hiciera. Ella se muerde el labio inferior llena de frustración y cerrando los ojos decide finalizar lo que inició con su pregunta. Y sentados en el piso uno al lado del otro, en total silencio nuevamente... Las luces blancas del ascensor de repente vuelven a iluminar todo, cegándolos a ambos por breves instantes.  Emily y Amir se ponen de pie de inmediato al momento de pasarles la ceguera, pero luego al escuchar un pequeño chirrido de las puertas... Ella vuelve a entrar en pánico y rápidamente vuelve a apretujarse contra el.  Amir la observa por encima de su hombro y la abraza nuevamente.  Algo distante, pero la abraza.  Minutos después, las puertas del ascensor se abren y los dos se alejan mutuamente al instante, con cierta rapidez.  Era evidente que su última plática trajo de vuelta la tensión entre los dos. La sonrisa del bombero al lograr abrir las puertas fue como una luz del cielo para Emily, quien le salto encima agradecida.  — ¡¡Oh por dios muchas gracias!! —Chilla feliz— ¡Muchas gracias señor! El bombero sonríe y después de abrazarlo brevemente Emily se aleja de él, toma de su bolso y sale del ascensor seguida por Amir, a quien no le agradó para nada la escena que ella acaba de hacer con el bombero.  Es una regalada...  ¡Todas las del exterior lo son!  Al salir del ascensor por completo, Amir es rodeado por todo su séquito quienes se aseguran de que el príncipe se encuentre en buen estado.  — Ya. ¡Basta ya! —Susurra obstinado mientras al mismo tiempo levanta su mano derecha haciéndolos alejarse de él.  Katherine corre junto a Jason hasta Emily y luego de abrazarla y de que los paramédicos verificarán que ella se encuentra en buen estado, ambos susurran en unísono:  — ¿De verdad estás bien? Emily va a responderles cuando una voz familiar la hace callar.  — ¿Señorita Rose está usted bien? ¿Necesita algo? ¿Un vaso de agua? —Marta, una de las empleadas del hotel se acerca hasta ellos con suma preocupación.  — Sí Marta, estoy bien. No se preocupe, muchas gracias.  — Lamento mucho lo ocurrido y el disgusto vivido. Le deseo que se alivie muy pronto señorita.  — ¡Muchas gracias Marta! —Le sonríe con notable agradecimiento y cariño para luego verla marcharse.  Emily vuelve la vista a su amiga y a su hermanastro y respondiendo a la pregunta de Katherine ella asiente la cabeza de manera evasiva.  Su mente, ahora está en otra parte... Porque trás de sí, puede sentir la mirada del árabe taladrar su cabeza. Con disimulo, ella se da media vuelta y al mirar de reojo, confirma lo que ya sentía.  El la está observando fijamente y con una seriedad sobrehumana, lo cual la hace gemir muy suavemente pues siente como sus manos ahora sudan, trata de ser fuerte y aparentar cero importancia así que ella levanta la mirada y sus ojos azules se encuentran con esos ojos n***o azabache he intensos de Amir.  El momento es tan intenso que ella traga saliva con fuerza al sentir esa mirada tan intensa y abrumadora invadirla por completo de pies a cabeza y segundos después, deja de mirarlo al ser abrazada por Jason y luego otra vez por Katherine. — Cuanto lo siento cariño se lo aterrada que estabas. Pude escucharte cuando hablabas con Jason, casi le arranco el teléfono de las manos.  — Si... Gracias. Créanme, lo estaba. Pero ya estoy bien, solo fue un susto desagradable pero ya paso.  — Déjame ordenar que arreglen una habitación para ti, así descansas y te evitas conducir hasta tu casa con esta tormenta Emi.  — No, Jason. No te preocupes, de verdad. Aunque no lo creas estoy bien. Solo quiero ir a mi casa. No quiero estar aquí. — ¡Entonces te llevo! — ¡No! De verdad no hace falta. Puedo irme sola. No me da miedo conducir. —Ella sonríe para aliviar la preocupación de su hermano y el parece creerle. — Está bien, pero llámame de inmediato cuando llegues.  — Lo haré, te lo prometo. Jason vuelve abrazarla de manera fugaz y Amir, quien no deja de mirar la escena, aprieta los dientes con fuerza, cruza miradas con Emily por última vez cuando está vuelve a mirarlo y dándose media vuelta, sale del hotel seguido por todo su séquito.  Está furioso, enojado y muy estresado.  No puede lidiar con tal tensión que lo abruma y la cual no entiende el porqué. Y para completar su enojo...  Debido al retraso por el infortunado incidente, la junta que Amir disponía abordar fue suspendida para el día siguiente.  Eso, lo hizo enfurecer mucho más.  — Llévame a casa de mi tío Muhammed. —Le ordena a su chófer de mala gana.                                                                      ****** De camino a su departamento.  Emily fue abordada por la lluvia torrencial. Apenas pudo conducir en medio de esa tormenta y aterrada, reza con sincera pasión y fe por llegar con bien a su casa.  Y cuando por fin, a una manzana de distancia ve el inmenso rascacielos donde reside, Emily pisa el acelerador y al llegar sana y salva a su hermosa morada, se persigna agradeciendo a Dios por llegar con bien. Después de estacionar con cuidado su Audi en el lugar que le corresponde y con temor por lo sucedido hace tan solo hora y media en su hotel, se adentra en el gran ascensor y marca su piso.  Al abrirse las puertas frente a su morada, ella suelta todo el aire que a contenido, desde que se adentró al ascensor.  Tirando de su bolso en el gran sofá ella se va corriendo hasta su habitación para darse una larga ducha, después llama a su hermanastro y, por último, se lanza sobre la inmensa cama como toda una bebe.  Pero, lo que le impide descansar en paz, es que no puede parar de pensar en tal hostil personalidad que ahora le aturde su hermosa estabilidad mental.  — ¡Árabe insoportable! —Es lo último que susurra antes de por fin, lograr quedar profundamente dormida una hora más tarde.
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