Capítulo 5

5000 Palabras
A la mañana siguiente. Amir despierta en la recámara de invitados en la casa de su tío Muhammed, decidió no volver al hotel para pasar la noche. Sigue muy enojado por lo acontecido. Además, para aliviar desastrosa emoción prefiere pasar más tiempo con su tío, al cual tiene mucho sin ver y visitar y con el cual se lleva de maravilla. Más que bien, es con el único m*****o de toda la familia Saud con el cual se lleva excelente. Después de ducharse y de hacer su oración matutina por más de una hora. A las siete en punto ya está listo y se encuentra en el comedor junto a su tío para desayunar. — ¿Y cuándo volverás al país? Quisiera llevarte a mi casa de campo en Mississippi. —Muhammed le habla mientras se remueve en su asiento. — No lo sé tío, aun no estoy muy seguro, supongo que debo regresar dentro de seis meses, para asistir al congreso empresarial de las américas. Su tío asiente y tomando un sorbo de café susurra: — Entonces nos veremos allí. — Será todo un placer. —Amir sonríe. — Cambiando un poco el tema... Hijo, sinceramente tú situación con Mohamed me preocupa. —Suspira— Recuerda lo que hizo conmigo, ese muchacho está enloquecido por el poder. Aún me cuesta demasiado recordar como alguien de mi propia sangre me encarceló por tanto tiempo y sin justificación suficiente para hacerlo. Sobre todo, que mi hermano lo permitiese. — Lo sé, no se inmutó de restregármelo en la cara. Todo lo que hizo contigo y de lo que es capaz de hacer conmigo... Me lo dejó muy claro. —Amir deja la taza de café sobre la mesa y alzando la mirada hacia su querido tío, susurra— Lamento eso último tío Mohamed. Estoy seguro que el rey Abdali, trato de interferir. — Si lo haría... No fue suficiente, Amir. ¡Soy su hermano! Y dejó que su hijo me tuviese encerrado por dos meses. Si no hubiera sido por el escándalo publico que ocurrió y por tú intervención, te puedo asegurar que Mohamed todavía me tendría encerrado. — Lo sé y lo lamento mucho tío. Hice todo lo que pude por sacarte lo antes posible, pero para hacerlo, primero debí asegurar a mi madre. — Eso ni tienes que decírmelo. Lo sé y agradezco todo lo que hiciste. —Su tío se pone de pie— Tal acto costó tu sucesión en la corona real. —Amir lo ve caminar hacia el balcón pero a mitad de camino se detiene— A veces pienso, que debiste esperar un poco más. Y ocupar ese lugar que ahora él tiene. Tú eras el príncipe regente a continuación, no el. Ese lugar te pertenece. Hoy serías Rey de Arabia y no Mohamed. Amir suelta una gran bocanada de aire y poniéndose de pie, camina hasta el y se detiene a su lado. — Lo sé. ¿Pero acosta de tu encierro por más de un año? Jamás lo habría aceptado, tío. No iba a permitir que estuvieses encerrado por tanto tiempo hasta que el día de la coronación llegase y pudiese sacarte. — Y pensar que todo fue por dinero. —Muhammed resopla— ¡Simplemente dinero! ¿Por qué tendría que darle algo que por derecho y trabajo me corresponde? Sobre todo, para estar bien en mi propio país. ¡Es una barbaridad a lo que ha caído! Cuando el ya tiene lo suficiente. — Personas ciegas nunca pueden ver su realidad, tío. El siempre lo ha tenido todo. Pero no lo ve, su ambición lo ciega y cada día quiere más. — Allah lo castigará hijo, te lo aseguro. El no deja pasar este tipo de cosas, tarde o temprano tu primo pagara por su avaricia y por todos su pecados. ¡En el nombre de Allah! Su tío se vuelve y le da un apretón en el hombro a su sobrino y juntos regresan a la mesa. — Y pensar que de pequeños éramos tan unidos. Siempre lo guíe, lo cuide y protegi de la envidia de los demás niños... —Amir niega con la cabeza ante los recuerdos de su infancia. — Si tú padre siguiese con vida, todo esto sería muy diferente. Yo no estaría viviendo en el exilio y tú, no estarías aquí sino comandando nuestra nación. Como el príncipe regente legítimo que eres. — La corona es lo de menos para mí ahora tío. Estoy seguro que mi padre dónde quiera que esté, está orgulloso de todo lo que he logrado y de continuar su legado. Aunque de una manera muy distinta a la suya. — Lo sé y el lo está, estoy seguro de ello. Porque yo también lo estoy, tu método único para administrar la petrolera y todas las empresas, es admirable y funciona. Funciona de manera extraordinaria. — Gracias. —Amir ladea una sonrisa antes de tomar otro sorbo de café y decir— Lo que me preocupa ahora, es nuestra situación actual y el ridículo plan de Mohamed de casarme con una de las hijas del amigo de mi tío. — ¡Te lo estoy diciendo! Debes andarte con cuidado, él es de armas tomar. Y eso que está planeando lo hará hacer tonterías... Debes ser sigiloso y estar atento a todo, sobre todo con quien tienes a tu alrededor. A estas alturas de la situación, nadie es de confianza absoluta. —Sí, completamente. Y no te niego que me preocupa mi personal de seguridad... ¿Y si los amenaza u extorsiona contra mí de alguna manera? — Ha eso me refiero cuando te digo que te andes con cuidado, se atentó a todo. — No tengo miedo por mí, porque no le tengo miedo a el. Lo que sí me aterra de solo pensarlo, es mi madre. Que a través de ella me ataque. — Por eso te digo... Tienes que estar concentrado, tranquilo. Neutro, no aparentes nerviosismo delante del séquito. Solo quiero advertirte, pero dudo mucho que alguno de ellos te traicione, fueron entrenados para cuidarte. Y desde su enlistamiento, son advertidos de las consecuencias sobre las tradiciones. Además, cinco de ellos son muy cercanos a ti, ¿Cierto? Crecieron juntos. — Sí, Mihair es uno de ellos. Nos criamos juntos, aunque él me lleva algunos años más. Eso nunca impidió nuestro acercamiento, el siempre fue muy protector. A veces bromeó con el y le digo que nació para cuidarme. Su tío Muhammad se ríe. — Recuerdo a su padre, cuidó del tuyo hasta el final. Y nunca se perdonó la muerte tan misteriosa de mi hermano. Lo último que recuerdo de nuestras tantas platicas, era su persistencia por investigar lo ocurrido, pero no tuvo el tiempo suficiente, la enfermedad se lo llevó muy pronto. El realmente quería a tu padre, así que no dudo que a Mihair le pase lo mismo contigo. Amir sonríe con cariño. — Yo tampoco, meto las manos al fuego por el. Confío ciegamente en mi hombre, es mi gran amigo. — Saber eso me alivia profundamente, hijo. De igual manera mantente alerta y si es necesario, habla de esto con el. Con Mihair, para que así el pueda armar un plan de contingencia. — Gracias tío. Lo haré. Después de desayunar junto a su tío, y de seguir la conversación por largos minutos más durante el reposo, se despide de este y junto a todo su séquito regresa al Hotel WoodHouse. ****** Mientras Emily aparca su auto frente en su tienda de floristería, la cual está a solo dos calles de su gran hotel, es llamada por su mejor amiga Katherine, ella observa la pantalla y contesta desde el teléfono del auto. Ya que nunca le a gustado conducir y hablar por teléfono con el susodicho en manos. — ¡Buenos días Katherine! —Ella susurra con notable entusiasmo. — ¡¡Buenos días mejor amiga!! ¿Ya vienes? —Grita con emoción. — Sí. —Emily asiente la cabeza— Ya estoy llegando, te veo en mi oficina en un rato, primero pasaré por la floristería. — Vale, está bien. —Katherine exclama emocionada. — ¿Por qué te oyes tan emocionada? ¿Pasó algo? Katherine ríe fuerte. — Obvio sí, tú. —Dice y finaliza la llamada lo cual hace que la rubia resople. Después de estar en la floristería por más de una hora, Emily deja su auto con el parquero del hotel y camina a paso firme hasta la recepción y después de saludar a sus empleados llega hasta su oficina y Katherine la espera sentada en una de las finas sillas frente a su escritorio. Emily al verla, sonríe y luego suspira cuando la escucha decir: — Ahora sí... ¡Dame todo los detalles! ¿Qué tal te fue con el árabe allí dentro... En el ascensor? —Pregunta ansiosa. — Es un prepotente engreído. —Susurra mientras toma asiento en su silla ejecutiva— Y sigo sin soportarlo. — ¡Pero estuviste con él a solas por más de dos horas! —Alza la voz curiosa— Vamos, cuéntame. ¡Algo debió pasar y debes contármelo! Emily ríe y luego niega con la cabeza al dejar su cartera en el guindadero cerca de su escritorio. — ¿Cómo que debo? —Dice con sarcasmo— ¿Por qué debería? — ¡Porque soy tu mejor amiga! Y porque te lo pido, saber el chisme me está consumiendo... Anoche casi no duermo. Emily vuelve a reír. — Nada. No pasó nada... —Balbucea entre risas— Absolutamente nada. — ¿Qué? —Katherine abre los labios impactada ya que ella esperaba más y la risa cesa en su rostro. — Sip. —Rie— Lamento que esperaras tanto y que "Casi no duermieras" Para oir tan poco. — Pero... ¿Cómo que no? ¡No puede ser! —Así como lo oyes. —Ella deja de reír— Al principio discutimos mucho. Yo estaba muerta de pánico y el, lo único que hacía era mandarme a callar. ¡Me frustro tanto! Pero eso es lo que él sabe hacer —Mofa— Mandar, mandar y mandar. — ¿Y? ¿Que más? — Y nada Katherine, en algún momento el ascensor comenzó a descender bruscamente. Yo me asuste demasiado y sin pensar, salí corriendo hasta él sin importar si me rechazaría y lo abrace, para mí sorpresa no me rechazo, al contrario, me abrazo y hasta bromeo un poco lo cual me hizo reír y ya cuando todo paro, nos sentamos y eso es todo. Ella decide omitir todo lo demás, no tiene sentido hablar sobre la pelea, las amenazas mutuas y sobre la pregunta que le hizo al árabe, el cual piensa que ella es una cualquiera. — ¿Y ya? ¿Así de simple? ¿Solo se sentaron? ¿No hablaron de nada? ¿Seguimos sin saber por qué es tan odioso? — Sip. —Emily vuelve a sonreír. — No puedo entenderlo. Pensé... — Piensas mucho amiga, ese es tu mayor problema. Katherine abre los ojos y luego mirándola gruñona, se ríe a carcajadas junto a Emily. — Bueno. ¡Al menos te abrazó! —Ella bromea y la rubia rueda los ojos. 09:00 AM. Amir regresa al hotel junto a todo su séquito y por un segundo, busca con la mirada a la empleada entrometida con la cual se quedó encerrado en el ascensor la tarde de ayer, pero luego la olvida por unos segundos hasta que se detiene frente al ascensor y todo lo vivido con ella regresa al instante. Como si las horas no hubiesen pasado. Su mirada se queda fija en el suelo de acero inoxidable dónde estuvieron sentados por más de dos horas. Mihair lo observa y rozando su hombro con la palma de su mano, susurra: — ¿Le pasa algo mi señor? Es evidente que Amir no está conciente de que todos los están mirando. Nadie va entrar al elevador si el no entra primero. Todo su séquito espera por el. Pero el parece perdido en pensamientos y en efecto, lo está. Aún recuerda con total frescura, como se sintió tenerla en brazos. Nunca había abrazado así a una mujer que no fuese su madre. Como si su vida dependiera de ese abrazo. De ese momento. El traga saliva con fuerza. Y sintiendo como su corazón se acelera decide echar ese pensamiento a un lado. Pero todo se intensifica cuando entra en el ascensor y las puertas de este comienzan a cerrarse. Unas ganas de salir corriendo lo invaden de pies a cabeza y decide cerrar lo ojos. Sus manos en puños ayudan a controlar su ansiedad. Supongo que esto es lo que la empleada sentía. Cuando el ascensor se detiene y abre las puertas en su piso, Amir suelta todo el aire contenido y rápidamente sale del ascensor. Ya en su habitación. Corre al baño, específicamente hacia el inodoro y vomita. Cuando termina de asearse, regresa a la cama y duerme por alrededor de unos veinte minutos. Despierta a las diez en punto y se alista para salir y por fin asistir a la junta que ayer le fue pospuesta debido a lo acontecido. Cuando está a punto de salir de la habitación tocan a la puerta y al él preguntar, le responden amablemente... — Servicio a la habitación, Alteza. De mala gana y con su carácter ahora más volátil que nunca, Amir se da media vuelta y guarda sus pertenencias de alto valor en su respectivo equipaje, cuando está todo bien oculto, abre la puerta y se encuentra con la señora Marta. — Buenos días, su Alteza. —Lo saluda con su amable voz y carisma, Amir solo asiente mientras la mira distante. Luego, tras de Marta, entra un camarero con una bandeja de aperitivos y entre ellos, chocolate. Amir enfurece. — Pero... ¿Acaso se están burlando de mí? ¿No le dije a una de sus compañeras ayer que detesto el chocolate? —Reprocha— Hágame el favor y saque esa cosa de mi habitación, tan solo con su olor ya puedo sentir como la amargura invade mi sistema más de la cuenta. Y créame que no estoy de humor. El camarero sonrojado asiente y dejando la bandeja sobre la mesa de madera fina, toma la pequeña taza de chocolates y sale de la habitación. — ¡Allah! —El gruñe mientras llama a Mihair y este ingresa a la habitación— Llama a los accionistas y diles que me retraso por veinte minutos, quiero resolver un inconveniente primero. — Yo puedo resolver ese inconveniente por usted señor, solo dígame qué necesita que haga y... — ¡No! —Amir espeta— Esto lo resuelvo yo. Cinco minutos después, Amir se encuentra en recepción junto a todo su séquito y acercándose a la recepcionista, esboza en voz grave y con ese tono y acento peculiar que lo caracteriza: — Buenos días. Quisiera hablar con alguno de los dueños del hotel, o el administrador por favor. ¿Podría decirme dónde y cómo los localizo? La recepcionista al verlo traga saliva y parpadea de manera repetitiva, totalmente intimidada. — La oficina de la dueña, la señorita Rose, está por allá. —La secretaria aparece detrás de la recepcionista y señala un pasillo al fondo...— Si gusta, le puedo apartar en su agenda una cita, para después del medio día. — ¿Cómo que cita? —El replica prepotente— Yo no tengo tiempo para eso. ¡Necesito hablarle ahora! Hágame el favor y dígale que necesito hablarle. — Señor, la señorita Rose se encuentra ocupada en estos momentos y me pidió encarecidamente que nadie la interrumpa. — Yo no soy nadie jovencita. —Responde altanero. Echando chispas de furia, Amir se aleja de la recepción y camina por el largo pasillo que la secretaria señaló hace unos instantes, hasta llegar a una puerta marrón con una placa de oro incrustada, en la cual se lee: «Oficina de Lic. Emily Rose» El toca la puerta dos veces y una suave voz tras de esta indica que: — Pase... Emily se encuentra de pie frente al gran ventanal, mirando hacia la calle mientras habla por teléfono. — Me parece bien licenciado. —Suspira aliviada— Lo veo allí en unas horas y nuevamente gracias por su ayuda. —Ella guarda silencio mientras escucha atenta y sonríe— Es usted muy amable, le estaré agradecida por siempre, todo el equipo lo estará. Ella vuelve a sonreír al escuchar la respuesta final del susodicho y finaliza la llamada. Cansada y obstinada, murmura creyendo que le habla a su secretaria: — Rachel te pedí encarecidamente que no queria interrupciones, esta llamada era de suma importancia. Cuando está por darse vuelta, la voz de Amir la deja sin habla. Sin terminar la frase. Es que esa voz es incomparable. — Señorita Rose... Buenos días. Emily se vuelve quedando frente a el y cuando Amir la ve, frunce el ceño y su seriedad ahora es más anormal de lo posible al verla frente a él. — ¿Usted? —Le habla con enojo— ¿Pero qué hace aquí? ¿También le hará un baile privado a la dueña? Emily entrecierra los ojos y frunciendo los labios ignora su grosería y le responde: — Buenos días, alteza. ¡Que gusto volver a verlo! ¿En qué puedo ayudarle? El resopla y cerrando la puerta de la oficina murmura: — Usted, en nada. No se haga la graciosa. Busco a la dueña. —La mira indiferente por unos segundos y se queda observando la gran y linda oficina, luego vuelve hablar— ¿Ella la deja entrar aquí? —Por supuesto. —Emily sonríe mientras por dentro está privada de la risa. El no tiene ni de quién es ella realmente. — Es usted una igualada. —Rueda los ojos— ¿Sabe dónde está? — Sí. —Ella afirma. — ¿Y bueno? ¿Qué espera? —Espeta y a su vez hace un gesto con las manos— ¡Dígame ya! Necesito hablar con ella, es de suma importancia. — Está frente a ella señor. Siéntese y hágame saber lo que es tan importante y lo cual lo trajo aquí. Amir ladea la cabeza y su mandíbula cae. — ¿Que usted qué? — Lo que escucho. El cierra la boca y segundos después vuelve hablar. — ¡Hágame el favor y deje de bromear! — No bromeo señor. —Suspira satisfecha— ¿Dígame en qué puedo ayudarle? El vuelve a ladear la cabeza y se le queda viendo por largos minutos fijamente a los ojos y con una seriedad inigualable. Una seriedad que realmente intimida a cualquiera, hasta al más fuerte. Todo él lo hace. Pero ella no se deja sucumbir ante tal intimidad. Al notar en ella sinceridad visual y ni un ápice de broma, Amir susurra: — ¡Por Alá! —Exasperado mira hacia el techo de la oficina y se da la vuelta dándole la espalda. Emily frunce el ceño y murmura confundida: — ¿Por la qué? Amir se gira y su mirada bestial lo dice todo. Esta enojado. Una cualquiera como ella que anda con dos hombres a la vez, no puede andar nombrando a su tan amado Alá. Eso es irrespetable. Porque Allah ante Amir es glorioso y omnipotente. Y ella ante sus ojos no es una mujer digna de nombrarlo. — ¡Cállese! —Espeta. — Óigame... —Ella grita— Hágame el favor y respete. ¡Está usted en mi oficina, no sea igualado! —Lo observa ofendida. — ¡Jah! —El ríe con sarcasmo. Emily resopla cansada y decide restarle importancia. — ¿Puede decirme a qué ha venido? —Susurra— ¿O prefiere hablar con el gerente por si mi presencia le molesta? El deja de sonreír y frunce el ceño, por supuesto que no quiere hablar con alguien más, nada de gerente ni que nada. ¡Nadie más! Ahora, solo quiere hablar con ella. Con la mujer que creía era una empleada y resultó ser la dueña del hotel. Así que decide ignorar eso último que ella a dicho y sin pedir permiso, toma asiento frente al escritorio y cruzándose de brazos y piernas, la observa con atención. No puede digerir las incidencias del destino, toda la noche estuvo pensando en ella y eso lo hizo poner de muy mal humor, aparte de lo acontecido entre los dos en el ascensor. Amir no pierde el tiempo pensando en mujeres desde hace mucho tiempo y ahora ella, aparece de la nada con su baile sensual y luego con su boca suelta y rebelde... Y lo hace pensar más de la cuenta. Parece que lo hechiza como si nada. Como por arte de magia. El no es de ese tipo de hombres. No cede ante mujeres, ante pensamientos pecaminosos. Y aunque con ella no a pasado nada, ni puede pasar. Hay algo de ella que lo atrae como un imán al acero. Como la gravedad a la tierra. Como el aire para respirar. Le es extraño, pero todo de ella le es atrayente. Y no lo puede evitar. Así que ella no escapará de su radar. No ahora. Emily, al verlo mirarla tan fijamente, entre abre los labios a falta de aire por su intensa mirada que al parecer ya está surtiendo efectos en ella, aunque al mismo tiempo, lo mira de vuelta con asombro por su tal atrevimiento, pues no puede creer su mala educación. Segundos después, ella también toma asiento en su gran silla ejecutiva de semi cuero. — Usted dirá. —Susurra apoyando ambas manos sobre el escritorio de vidrio reluciente. — Vengo a quejarme personalmente, por el pésimo servicio. Ella arquea una de sus cejas y ocultando una sarcástica sonrisa al apretar los labios, responde con seriedad: — ¿Disculpe? — Me escucho bien señora. —El acentuó la palabra «Señora» y Emily se aclaró la garganta. Este hombre le es increíble, después de todo lo que su personal a hecho y de como lo han tratado, él todavía se queja. Emily, no puede creerlo. ¡Pero si lo hemos tratado como rey! Árabe insoportable. Ella respira profundamente y susurra: — ¿En qué no le hemos cumplido? ¿Algún empleado le ha faltado? El asiente. — Le dejé muy en claro a una de sus empleadas ayer por la tarde, que Odio... —Acentuó la palabra— El chocolate y también le dije que les hiciera llegar mis agradecimientos por los detalles, pero que no los quiero si hay chocolate de por medio, no lo soporto. —El se calla mientras la ve asentir levemente y luego la ve anotar en una pequeña libreta. El señor árabe ODIA el CHOCOLATE. Listo, anotado. ¿Que mas odia el señor insoportable? Aparte de mí claro. Emily ríe ante sus pensamientos. Amir enojado porque cree que ella lo está ignorando, pregunta: — ¿Me está usted escuchando o no? Emily deja de anotar en su pequeña libreta y luego lo observa con determinación para susurrarle: — Sí su alteza, por supuesto. ¿Algo más que desee? Amir aprieta los dientes al sentir que ella se burla de él y flexionando el cuerpo hacia adelante sobre el escritorio, responde: — Esta mañana sus empleados volvieron a llevarme chocolate. —La mira con frialdad y se calla por unos segundos. ¡Son unos inútiles...! — No lo quiero en mi habitación, su solo aroma me repugna y me pone de muy mal humor. —Emily ríe al escucharlo decir eso y Amir se calla de inmediato— ¿Se está usted burlando de mí? —Ella niega con la cabeza y vuelve a fruncir el ceño— No lo quiero ver en líquido, ni en bombones, ni en nada. —Espeta— ¿Me ha entendido? Ella asiente y le sonríe levemente. — Sí señor. Disculpe el mal entendido, no lo sabíamos y no volverá a pasar. ¿Algo más que desee? Amir la observa detenidamente y ve como ella choca el lapicero contra su dedo anular una y otra vez. Eso... Le hace dar ansiedad, lo cual también le molesta. Odia sentir ansiedad o rechazo. — No. —Susurra en un hilo de voz— Pero pensándolo bien, de hecho, quisiera terminar la reserva, no me gusta su hotel. —Enfatiza. ¡Árabe estúpido! Esto era malo, muy malo para la reputación del hotel de Emily. Sobre todo porque si el árabe se va y esparce el "Mal servicio" Que según el, recibió solo porque le llevaron de regalo chocolate a su habitación y a él no le gusta dicho dulce. ¿Acaso el personal es adivino para saber que a él no le gusta el chocolate? ¡Es un caprichoso, prepotente y voluntarioso! ¡¡LO ODIO!! Y ahora, internamente Emily se encuentra muy estresada por la situación, esto no es para nada bueno debido al poder que al árabe posee y la repercusión que su repentina partida le traje se al hotel. Aunque ella no lo demuestra, (Su nivel de preocupaci) Al contrario muy por encima de ello, se hace la desinteresada. A la que no le importa nada, a la que no le interesa sus acciones. Pero por dentro... Por supuesto que le preocupa. ¿Qué es lo pretende? ¿Que le ruegue para que no cancele su reserva? ¡No! En serio, el está muy equivocado. ¡Que se pudra junto con su odiosidad. Emily jamás hará tal cosa. Y también es muy orgullosa para hacerlo. A fin de cuentas, no tiene necesidad de ello, porque otro cliente en su lugar puede venir. Inclusive, uno mucho más poderoso. Claro, si este árabe no le arruina la imagen de su tan amado negocio. Cosa que es lo más probable si se va así. Aunque... Ninguno de la competencia se ha enterado de la llegada del árabe. Así que yo no tendría nada que perder. ¡Genial! Cuando deja de analizar la situación, ella sonríe y asiente, ya luego indiferente hacia él, susurra: — Bien, es una pena que no haya estado conforme con nuestro servicio. Le avisaré a mi personal para que lo ayude a usted y a todo su séquito en lo que requieran. —Se pone de pie— Ahora, si me disculpa, tengo una reunión de alta importancia a la cual asistir. —Suspira y cierra de golpe su laptop— Disculpe el daño causado y que esté bien señor. — ¿Y se va? ¿A sí?—El pregunta con evidente asombro— ¿Eso es todo? No hemos... Amir pierde la voz, siente impotencia. Odia e rechazo. O mejor dicho, odia que ella no le este dando la atención que él cree merecer. — Si... —Emily sonríe— ¿Desea algo más? —Dice mientras le da la espalda y se da se la vuelta, tomando de su teléfono, bolso y por último su block de notas, se dispone a salir de la oficina, cuando de repente siente a Amir tras de sí, tomándola del antebrazo. El ahora está más que enojado por su indiferencia. Pero mucho. Nadie le es indiferente, pero a ella parece importarle poco. — ¿Sabe qué? —Le susurra cerca del oído— Cambie de opinión... Ya no deseo abandonar el hotel. ¡Bipolar! ¡Idiota! Emily suspira internamente, pero por fuera... Arquea una de sus cejas y viéndole directamente a los ojos, luego a esa mano tan grande y fuerte que él tiene sobre su antebrazo, murmura en un hilo de voz por su cercanía: — ¿A no? — No. —Asegura con firmeza. — ¿Y por qué ya no? Amir sonríe de forma malévola y suspirando le responde en árabe: — Haza mukalef jidan. —«Esto es muy claro». Emily vuelve a maldecir internamente, pues la mirada tan intensa se este hombre la está haciendo perder credibilidad de fortaleza y desinterés. Su mandíbula se tensa y con los ojos en blanco ella traga saliva fuerte y aclarándose la garganta susurra casi sin aliento: — ¿Jaza qué? Amir suelta una gran carcajada y eso, ahora la hace enojar, pues ella no entiende lo que él le ha dicho, no sabe si se está burlando de ella o si le dijo alguna grosería o no sabe NADA. Y lo peor del caso, es que se evidenció ante el mostrando su fragilidad ante ese lindo y posesivo mirar que el de gasta. — Confórmese con saber que he cambiado de opinión y ya no quiero cancelar mi habitación. —El dice mientras la observa. Emily vuelve a suspirar algo aliviada y tratando de "ignorar" los comentarios en doble sentido del árabe, murmura: — ¡Que bien! Pues muchas gracias, le prometo que lo acontecido con el chocolate no se volverá a repetir. Hablaré con el gerente para que sea el quien se encargue de todo lo que usted necesite y así, también le evito la molestia de verme. ¡Que tenga buen día! Ella se suelta de su agarre con brusquedad y cuando se dispone abrir la puerta de la oficina, Amir la detiene de nuevo, pero está vez apoyando la espalda sobre esta. Sobre la puerta. — No me parece señorita Rose. —Su tono de voz ahora es burlón. — ¿Por qué no? —Pregunta extrañada. — Parece que usted no me ha entendido aún. Déjeme y le explico. —El se aclara la garganta— Si mi comunicación no es exclusivamente con usted, quien se supone es la dueña del lugar. —Se calla y la mira fijamente por largos segundos hasta que vuelve hablar— Entonces me temo, que no hay trato alguno y por consecuente, me iré de su hotel. — Pero... —Ella frunce el ceño— ¿Me está usted amenazando? — ¿Debería? —El pregunta con ironía mientras se acerca de a poco. Pero luego le da la espalda para abrir la puerta de la oficina y salir de esta sin mirar atrás. Emily se queda en total estado de shock y con la boca abierta y sin aliento para tan siquiera respirar, lo ve partir.
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