—Cuéntame ¿cómo has estado? Se te ve agotado baby, deberías tomarte unos días de descanso —le inquirió Dinna luego de que estuvieron estrenando el sofá hasta agotarse.
Después de varias sesiones de sexoenloquecido, Jack, al sentirse mal por el exceso de energía de Dinna, le propuso irse a la cama, y ahí estaban. Ella acostada sobre su pecho, acariciándolo como lo hace una mujer realmente enamorada y complacida de estar con su hombre, con el que acababa de terminar de hacer el amor. Ella al conocer a conciencia el repertorio de cómo actuar en las diversas fases de una relación de pareja, estaba desplegando una de las tantas estrategias persuasivas más viejas de las que se vale una mujer cuando quiere obtener un provecho.
Para ella era el momento de intentar profundizar en lo que para Jack era una relación y para ella no más que un medio para llegar a su fin. Mostrar preocupación por sus cosas era parte del plan, es lo que hace un depredador emocional, una persona carente de emoción alguna que empatice con las personas que hace parte de su vida: A Dinna poco le importa lo que él pueda sentir o aspirar en la vida, pero le tocaba fingir estar preocupada por él.
Siempre había sido egoísta y más cuando deseaba obtener algo. Sentía que había prolongado mucho llegar a esa otra fase, pero sabía que no era así, más bien había avanzado muy rápido. Jack se la estaba poniendo fácil. Según su percepción, el hombre en su estupidez comenzaba a mostrar señales de enamorarse más y más de ella con solo unos cuantos revolcones que se habían dado, y eso era más que conveniente. Dinna reconocía que su poder seductor era tremendo y por eso siempre había usado el sexo como mecanismo para anganchar a sus vícitmas, en su lista de intereses Jack era el tercero en su carrera como estafadora emocional porque dinero no tenía, pero sí un conocimiento, un talento que ella envidiaba, y mucho, porque de tenerlo pudiera convertirse en un verdadero monstruo de la moda a nivel mundial, no solo en su país, y en otros tantos donde había logrado expandirse.
Casa Mundi llevaba años posicionada entre las mejores, y en los últimos años despegó de tal forma que parecía inalcanzable, no entendía la razón del éxito de la casa de modas si para ella Frangelico era un costurero más del montón, hasta que se dio cuenta que Jack era la pieza importante. Todo apuntaba a que Casa Mundi sería lo que ella quería para la suya, y eso no le era admisible, no en su cerrada cabeza de que solo ella puede y debe ser exitosa, y como quiera que Frangelico se convirtió en su enemigo al obstaculizarle la posibilidad de tomar su empresa, no aceptaba que él fuera reconocido a nivel mundial. Que Casa Mundi se posicionara por encima de su empresa, jamás.
En su enferma cabeza, el que otros puedan estar por encima de ella era inaceptable. No aceptaba verse por debajo de otros, o tener la sensación de estarlo. Desde que tuvo conciencia de su existencia, nunca había estado por debajo de ninguna persona. Creció llena de lujos y atenciones de sus padres y de quienes la rodearon en su infancia y los años que prosiguieron. Al no faltarle aparentemente nada, ni serle negado nada en la vida, Dinna no aprendió la necesidad que toda persona debe pasar en algún momento de no tener ciertas cosas para darle valor a la vida misma.
La ruptura de la relación que tuvo con el hijo de Frangelico la puso por primera vez frente a esa sensación de pérdida, sucedió en el peor de los momentos, a solo dos días de la celebración del matrimonio con el hijo del zar de la moda Mundi.
Frangelico descubrió su plan, Vittorio su hijo estaba tan impactado por la belleza y la personalidad tan aparentemente bella de Dinna que no se dio tiempo a ver quién en realidad era la mujer que estaba debajo del disfraz que ella se puso para abordarlo y lograr su objetivo, llevarlo a un matrimonio donde la intención era procurar felicidad, pero solo para ella y con todos los bienes de los Mundi.
Desconfiado como siempre había sido, Frangelico casualmente descubrió que Dinna era la misma mujer que había estafado a un millonario diseñador en Luxemburgo, dueño de una casa de Modas que estaba en ascenso y que prometía posicionarse entre las primeras. La casa de modas logró ser una de las primeras, pero en manos de ella, desprestigio tanto al diseñador, con quien se casó, que lo llevó a un colapso nervioso que ameritó que lo internaran en un sanatorio y ahí el mismo hombre se quitó la vida, no pudo soportar la pérdida de su empresa ni del amor de Dinna, porque ante el desprestigio provocado de manera maquinada por ella, se hizo la ofendida, la mujer fingiéndose engañada comenzó a tramitar el divorcio para llamar la atención del mundo que los conocía. Ella sabía cuál sería el resultado final de esa historia. Había planificado todo para que así sucediera, por lo que el divorcio era solo parte del show que armó para hacer creer al mundo que ella era la víctima. Hizo todo de manera solapada para que él hombre, sin que se viera que ella era la responsable, terminara con su vida.
A Frangelico cuando un conocido le habló de ella, le pareció extraña esa historia, hasta poco creíble de que fuera la misma mujer de quien le habló el conocido, porque la que le fue descrita en nada se asemejaba con la personalidad de la que estaba comprometida con su hijo Vittorio, pero curioso como siempre había sido se encargó de contratar a un agente privado que dio con la macabra historia. Ella nunca les habló que no iba a ser la primera vez que se casaba, y era de esperarlo, no lo diría porque en esa ocasión y en otra más que luego Frangelico descubrió ella se cambió el apellido. Por eso en los registros aparecía como una mujer soltera, el matrimonio con Vittorio sería el primero siendo Dinna Merkel, su verdadero apellido, y según las intenciones retorcidas de la mujer, el último para su hijo, porque presumía que le daría el mismo final que al anterior marido. La suerte de Jack en esa historia era incierta, para ella él no era el objetivo final.
—No puedo tomar vacaciones en este momento —le dijo Jack distraído gracias a las caricias de la mujer sobre su abdomen desnudo.
Se sentía tan relajado y perdido que si la posibilidad de que esas vacaciones fueran a su lado, las tomaría sin dudar.
—Vas a enfermar si trabajas sin descanso, baby, debes cuidar un poco más de ti —le dijo ella fingiendo un tono de voz aniñado y preocupado, para darle más picante a la situación llevó su mano a su virilidad dormida buscando darle un motivo para acceder a lo que ella quería, distraerlo por completo y que accediera a no ir a la empresa en esos días.
Necesitaba ver caer a Frangelico lo más rápido posible.
Jack al sentir la presión de la mano de ella en su hombría, no solo comenzó a despertar el deseo sino también la necesidad de escucharle decir a ella alguna palabra en referencia a lo que él sabía que ya sentía por ella, pero no hallaba cómo hacerla decirle una mínima palabra, le daba temor su reacción. No quería abrumarla y hacer que se desapareciera por tantos días como la última vez.
—¿Qué tal si cambiamos la rutina de estos encuentros? —le preguntó él.
Dinna tensó su mano. No era conveniente hacer eso, no porque ella era quien debía llevar el control de la relación y ella era la que conquistaba, sorprendía y proponía los encuentros, él no debía hacer eso, no.
—No creo poder, por mi trabajo y otras ocupaciones no creo si no venir cuando el tiempo me lo permita, espero comprendas esta situación —le dijo ella seria al tiempo que volvió a posicionar su mano en la virilidad que comenzaba a erguirse en su mano.
Lo vio con intenciones de volver a insistir y para evitarlo se sentó sobre su virilidad y la hundió por completo en su interior, lo que jaló un gemido desde lo más profundo del ser de un Jack enamorado y extasiado por sus arranques.
—¡Aaahhh! —exclamó sorprendido y complacido por sus locuras—. Eres…
Iba a decir algo más pero entre los movimientos de sus caderas y el grotesco beso que ella le dio, las palabras se ahogaron y dio paso a otra dosis de placer que difícilmente él podía rechazar.
Estaba viviendo el mejor momento de su vida, y eso se lo debía a la mujer montada sobre él, a esa tierna y pícara mujer que lo llevaba con ansias de más y más de ella.
—Piensa en ese descanso baby, tal vez si estás aquí pueda escaparme un par de horas en el día, uno que otro día —le dijo ella de manera persuasiva—. ¿Te imaginas? Tu aquí y yo llegando de sorpresa y en dos horas me complaces y yo a ti, y me haces como solo tu lo has sabido hacer, mi amor.
La palabra mágica, la palabra que aunque para ella no tiene mayor significado, reconoce el efecto que produce en algunos, sobre todo en Jack que es tan idealista y estúpidamente creyente en ese sentimiento.
Estaban vistiéndose porque Dinna debía irse a su casa, se lo dijo en un momento de descanso y él se disponía a dormir para el día siguiente ir tempranoa la casa de modas, pero al expresar ella esa palabra, le llegó al corazón. Dejó de ponerse la camisa y caminó hacia ella, la atrajó hacia él de manera brusca.
—¿Cómo me llamaste? —le preguntó mirándola a los ojos, vio un brillo extraño en ellos, y asumió que era amor, el mismo amor que él está sintiendo por ella.
—¿Qué? —fingió estar confundida.
—Dilo de nuevo —le pidió él haciendo presión para pegarla más a su cuerpo—. Repítelo —agregó en una orden.
—No entiendo, baby.
Fingió como bien lo quiso, disfrutó de la desesperación y el amor que se dibujaba en el rostro de Jack.
Se estaba perdiendo en ella sin darse cuenta, y eso comenzaba a obrarle en contra porque dejaba ver más y más cuán débil estaba convirtiéndose.
Era mucho amor, mucho el deseo que con solo una palabra se despertó en él. La tomó por las nalgas y la obligó a dar un pequeño salto y enrollar sus piernas alrededor de sus caderas, la falda que ella se había arreglado con delicadeza volvió a quedar por encima de sus nalgas, y de paso el panti quedó hecho a un lado. Jack necesitó volver a poseerla, la tenía tan presionada que ella casi podria sentir dolor, Dinna lo sentía pero como esa reacción de Jack era prducto del deseo, disfrutó el maltrato, para gusto de Dinna esa reacción agresiva y exigente fue demasiado grande, le gustaba eso, rogaba que él fuera así de posesivo y agresivo, pero en el sexo, fuera de ese escenario quien mandaba en esa relación era ella.
—Muévete —le ordenó él cuando la penetró sin compasión—. Hazme sentir lo que acabas de decirme, hazme creer en lo que escuché —le pidió él sin ninguna ternura ni sutileza.
No podía ser sutil con ella en ese instante, porque ella avivaba todos sus instintos más bajos. A ella no le importaba que él fuera un bruto, no tenía porqué importarle siempre y cuando le diera la impresión de estar teniendo el control de lo que ni él mismo sabía que ella estaba logrando.
Movió las caderas como él se lo ordenó, lo llevó al extremó y sin esperarlo, con malicia se paralizó de repente para ver su reacción. No esperaba la reacción de él, la soltó y le dio una vuelta que casi le causa una lesión en la columna, la colocó de espalda a él y de frente al buró y ahí la obligó a arquear el cuerpo hacia adelante, bruscamente la volvió a poseer, entró y salió de ella muchas veces mientras miraba el reflejo de ambos en el espejo.
Esa imagen de posesión bruta quedó grabada en la mente de Jack, y así quería tenerla siempre. Así imaginaba volver a tomarla, y para empeorar su cuadro enfermizo, ella cuando él explotó en su interior no solo lo empujó hacia atrás para que saliera de ella sino que chorreante se llevó su virilidad a la boca, y succionó hasta el última gota de la plenitud de ese encuentro. Para Jack fue alucinante ver cómo sin ningún asco tomó su ser y lo mantuvo en su boca por el tiempo que ella deseó.
Sintió como si se fuera a infartar, y era de esperarlo, Dinna lo estaba llevando a vivir las emociones más fuertes que nunca nadie se permitió regalarle ni imaginó vivir.
¿Cómo no iba a sentirse adicto de esa mujer? además de amarlo, porque en la forma en la que le habló así él lo entendió, ella se lo demostraba con cada una de sus acciones enloquecedoras.