Cuando el reloj marcaba cerca de la medianoche, dos horas después que Frangelico se hubiera ido, estando Jack acostado, dispuesto a descansar, escuchó la melodía de repique de su teléfono. Como nadie lo llamaba a esa hora, rápidamente supo de quién se trataba esa llamada. Lo confirmó al inclinarse sobre el colchón de su cama. Dinna marcó dos veces seguidas, y Jack al entender que no iba a desistir y tal vez buscaría la manera de buscarlo, por lo que recordando el comentario de Frangelico, que había visto como un absurdo, él terminó viéndolo en ese instante como una solución para evadir su realidad.
Tomó asiento sobre la cama, aceptó que se siente débil ante esa mujer, sintió enojo por el mismo. Decidido a no esperar a darle a su vida el cambio que Frangelico propuso para el día siguiente, se puso de pie, encendió la luz de su habitación, y se fue a un rincón de esta donde reposaba una vieja maleta, la colocó sobre la cama y sin pensarlo mucho comenzó a depositar dentro de ella algunas mudas de ropa y otros objetos personales, tomó su laptop, salió de la habitación hacia la sala de estar a buscar otros artículos personales, juegos e visitó, y marcó a una línea de taxi.
Por temor a que Dinna apareciera esa noche en su casa y que él no fuera lo suficientemente fuerte para rechazarla, sabiendo que es lo que ella se merecía, decidió huir de sí mismo más que de ella.
—Señor, ¿Hacia dónde se dirige? —le preguntó el chofer del uber que había contratado.
—Al Hamilton hotel —expresó en voz baja.
Apenas respondió el auto se puso en marcha, Jack recostó la cabeza en lo alto del espaldar del asiento y al ladear la cabeza miró con nostalgia cómo se alejaba del lugar que le dio momentos felices, bonitos, su refugio por mucho tiempo, incluso en las últimas semanas antes de comenzar a padecer los efectos de la extraña relación en la que se sumió con Dinna.
El comentario de Frangelico, sin querer le vino como un anuncio del cielo, debía darle un cambio a su vida, el cuadro nervioso que presentó la semana anterior fue un aviso a la necesidad de centrar su vida, y no hacerla depender a otro ser humano, y menos uno tan incierto como ella.
Esa noche la pasó en el hotel y a la mañana siguiente fue el primero en llegar a la empresa, no descansó lo suficiente, pero no le dio importancia. Lo que deseaba era acabar con esa sensación de inseguridad que le producía estar enamorado de una mujer que era tan libre.
—Buenos días, Licenciado —escuchó que lo saludó Samara, su secretaria, desde la puerta de su oficina.
—Buen día —musitó levantando lentamente la mirada.
—¿Tomó café?
—No.
—Ya le traigo uno —prometió la mujer y cerró la puerta.
Pasó la mitad de la mañana concentrado en el trabajo, para él era lo mejor. No determinó el tiempo transcurrido ni lo que había avanzado. Diseñar se había convertido en su medio de escape a la realidad.
El sonido del teléfono local le anunció la entrada de una llamada interna, lo tomó en actitud distraída.
—Dime.
—El Licenciado Frangelico, lo está esperando en su oficina, dijo que tiene rato llamándolo a su teléfono móvil y la llamada no cae.
Recordó que desde la noche anterior lo había apagado después de recibir el aviso de la llegada del uber. Necesitaba tranquilidad y sintió la necesidad de apagarlo para recuperar la paz que por momentos Dinna logró alterar. No lo había vuelto a encender.
—Gracias —le contestó Jack—. Ya subiré.
—El Licenciado me dijo que subiera a su oficina para reunirme con Aisa, su secretaria, nos encomendó buscarle un departamento, dijo que saldrían y mientras tanto el taller quedaba bajo mis supervisión —le informó su asistente y secretaría.
Ya sabía de todo ello, pero huyendo de su realidad se sumergió tanto en el trabajo que lo olvidó por completo que ciertamente Frangelico le dijo que revisarían los catálogos del concesionario. Así fue. El resto de la mañana revisaron los catálogos y luego por disposición de Frangelico salieron a un concesionario a ver personalmente los modelos que Jack seleccionó. Actuó con timidez, no se sentía cómodo en ese paso que Frangelico insistió en que debía dar.
—¿Ya te decidiste? —la voz de Frangelico lo sobresaltó.
Llevaba rato parado frente a un audi n***o deportivo. Lo veía como algo demasiado grande para él. No se veía en él, por no creer que su imagen fuera acorde a la imponencia que la potente máquina tiene al frente representa.
—¿No tiene algo más discreto? —preguntó Jack dirigiéndose al representante del concesionario que los estaba atendiendo.
—Nada de eso, no le haga caso, prepare los documentos, ya vamos a firmar —respondió Frangelico.
Esperó a que el hombre se retirara.
—Deja la timidez, ya salte de ese traje estupido de humildad, asume el cambio que debes dar —le dijo tajante—. Mentalizate que a partir de hoy tu vida será otra, con suerte por lo menos, ¿Sabes manejar? ¿Tienes licencia?
—Sí, sí, pero hace años que no tomo un volante —confesó Jack.
—Por lo menos algo normal has hecho en tu deprimente vida —comentó Frangelico en su acostumbrada sinceridad.
Jack no le respondió. Aceptando que un cambio no le vendría mal, siguió a Frangelico, no sin antes darle una última ojeada al audi que sería suyo.
Cuarenta y cinco minutos salieron del concesionario a bordo del audi. Frangelico, seguro de que Jack compraría el auto, no llevó el suyo, llegaron en uno de los carros de la empresa y lo envió de regreso con el chofer. Con un Jack inseguro al volante, se adentraron en el tráfico de la ciudad.
—Dime ¿Si no es bueno la sensación de libertad de dirigir tu camino? —le preguntó Frangelico expresando la felicidad que debería reflejar Jack—. Vamos a la avenida sur.
—¿No vamos a la casa de modas? —preguntó Jack extrañado.
—Después. vamos a la avenida sur, Aisa nos está esperando con un corredor de bienes y raíces.
Jack sabía perfectamente qué iban a hacer allí. Por lo que se sorprendió de lo rápido que resolvieron el tema del lugar donde posiblemente él iba a vivir a partir de ese día.
—¿No es un lugar muy costoso? ¿Tan rápido? —cuestionó preocupado de lo rápido que podría cambiarle la vida.
—Cuando hay dinero no se pierde tiempo, deja de quejarte tanto y celebra que tienes la oportunidad de darle un cambio a esa vida tan deprimente. Con suerte no tendré que visitarte más a ese ratonera.
Para no seguirle dando cuerda, Jack dirigió el audi nuevo hacia la autopista central y de ahí tomar a la avenida sur, no tardaron más de media hora, cuando en colectivo Jack fácil se hubiera tomado una hora y hasta un poco más en llegar, contando además con que a la zona donde lo dirigió Frangelico era exclusiva. No tenía acceso de transporte público. Bienvenida la idea del zar de la moda en insistir en que adquiriera ese auto.
—Estaciónate aquí —le pidió el hombre señalando la entrada de un edificio elegante que Jack calculó era de seis pisos—. Voy a llamar a Aisa para saber si estamos en el lugar.
En efecto, estaban en el edificio que finalmente se convirtió en la residencia de Jack, se trataba de un edificio adecuado para un diseñador de renombre, solo que él no se consideraba como tal.
El apartamento 403, es el que estaban ocupando. pisos de marmol, paredes pintadas de un blanco que resaltaba la paz y la pureza de ese nuevo hogar, muebles costosos, pocos objetos y unos tres cuadros colgados en las paredes, pero eso sí una iluminación que demostraba la sobriedad y la elegancia del diseñador de interiores. Algo acorde para ser habitado por un hombre.
—Felicidades, Licenciado —le dijo Aisa, cuando le entregó las llaves del departamento.
—Gr…, gracias —le respondió dudoso ante el enorme cambio que terminó de dar su vida en solo mediodía.
No lo podía creer, estando en la sala de estar, se enteró que el departamento era de él. No lo estaba adquiriendo en arriendo como Frangelico le había sugerido la noche anterior.
—¿Cómo que no es arriendo? —preguntó confundido.
—La casa de modas compró el departamento a tu nombre, quedarás pagando unos giros a la empresa, pero el departamento es tuyo —le aclaró Frangelico mientras miraba distraído alrededor—. Te sugiero cambiar esos muebles, le diré a tu secretaria que revise, si no tienes tiempo. De resto, ya no tienes excusa para cuidar tu salud, ni estar en calma.
—Ya.
Miró alrededor, no se lo podía creer. Estaban en un departamento de dos habitaciones, más la de servicio, una enorme sala de estar, un comedor espacioso, con un balcón que se extendía entre la sala de estar y el comedor.
A partir de ese momento se comenzó a dar un giro significativo en la vida de Jack, entre esos cambios, engavetar el móvil y se compró otro. Quiso cortar todo contacto con Dinna, y para ello debió hasta cortar los medios de comunicación.
Como quiera que ella no estaba al tanto de los cambios que estaban dándose en la vida de Jack. Dos meses completos estuvo esperándolo en las horas que creía coincidir con él en la entrada de la casa de modas y de la entrada del pasadizo que guiaba a la antigua casa de Jack sin éxito alguno. No pudo lograr ubicarlo, y eso la frustró. Mientras tanto Jack de a poco comenzó a construir su nueva vida en el nuevo lugar, y como le dijo Frangelico, celebró haber accedido a su insistencia. Al tener el audi, fue a muchos los lugares donde se atrevió a ir al terminar la jornada de trabajo para buscar un refugio que le permitiera olvidar. Lo estaba logrando, o eso creyó, y como la vida siempre pone a prueba la resistencia de quienes se creen fuertes y dicen haber olvidado, casi la atropella saliendo del estacionamiento de la casa de modas. Sin saber que era ella,s e bajó de su audi, y lo bordeó para ayudar a la mujer que cayó al pavimento.
—Disculpe, señora, no la vi… —dijo y sus palabras murieron cuando Dinna levantó la mirada.
—Jack —dijo Dinna al sorprenderse y verlo.
El Jack que estaba frente a ella, físicamente era totalmente distinto al que había visto dos meses atrás.
Su mayor temor se hizo presente, no quería ni tenía en sus planes reencontrarse con ella, sus simientes se desestabilizan. Ver en sus ojos fue la prueba de que no la había olvidado como se había hecho creer. Odió saberse débil ante ella. miró el grueso y sonrosado de sus labios y el deseo de apoderarse de ellos se hizo presente en ese breve instante.
Sin buscarlo, Dinna una vez más se llevó por delante dos meses de trabajo interno en los que el diseñador pensó que finalmente la había superado. Se engañó, en sus brazos estaba ese pasado, y con más fuerza que antes, y demandante de la atención que le había sido negada, porque sin darle tiempo a reaccionar, Dinna se colgó del cuello de Jack y tomó los labios de él por asalto. A riesgo de ser sorprendida por Frangelico ella decidió usar la última carta que pensaba le quedaba luego de dos meses de privación de ese sentirse dueña de la relación.
Además de sentir necesidad de él, deseó castigarlo, y qué mejor forma que darle un poco de su dulce y luego arrebatarselo para que sienta lo que ella vivió. Egoísta como es, no estaba en capacidad de aceptar que ella más de una vez le hizo a él padecer lo mismo.