Transcurrido los quince días que le dieron de incapacidad, finalmente Jack retomó su rutina de ir y venir de la casa de modas. Dinna no lo llamó en el tiempo que estuvo al cuidado de la enfermera, fue consciente de ello y para evitar empeorar en el cuadro clínico que lo llevó a esa situación de reposo obligado, optó por pasar por alto esa evidente ausencia.
Se sintió mal de no tenerla cerca, y al mismo tiempo entendió que debía mejorarse.
—Jack —lo saludó Frangelico una hora después de haber llegado a su oficina—. Pensé que nunca volverías.
—Solo fueron quince días —le dijo Jack torciendo la mirada al ver lo dramático que estaba siendo.
—Demasiado tiempo, aquí un día perdido es una pérdida enorme en la producción y lo sabes —recalcó Frangelico—. Pero ya estás aquí, vamos a ponernos al día. Te voy a enviar los últimos diseños de los profesionales, estoy que los despido a todos —se quejó—. No es posible que si tu no estás nada sale.
—Exageras, los pobres son buenos, solo que eres demasiado exigente —lo acusó Jack—. Si los sueltas se irán con la competencia —le dijo con toda intención, sabiendo que eso lo asustaría.
—Ni lo menciones —respondió el hombre escandalizado y salió de su oficina sin decir nada más.
Ese primer día, pese a que la recordó mucho, Jack tomó la decisión de espantar el recuerdo de Dinna de su mente. Estaba molesto con ella, no supo más de su existir, ni siquiera porque él se atrevió a llamarla uno de esos días en los que estuvo en medio de su crisis nerviosa, silenciosa pero igual de explosiva que las de histeria que solía protagonizar Frangelico por los diseños.
Optó por retomar su rutina y se sumergió en el trabajo para no pensar en ella, y estaba logrando olvidarla cuando recibió una llamada precisamente de ella. Su nombre apareció reflejado en al pantalla de su móvil, decidió ignorarla, no cortó la llamada pero si guardó el móvil en una de las gavetas de su escritorio, y sólo cuando comprobó que no iba a volver a insistir, lo sacó y activó la función de vibración para evitar atormentarse con sus llamadas insistentes.
Salió de su oficina y decidió trabajar en la mesa de dibujo que tiene en taller, por lo menos, allí el ruido de las máquinas y los comentarios superficiales de uno que otro de sus trabajadores lo distraen. No le gustaba trabajar con tanto ruido a su alrededor, en esa ocasión era la excepción. Necesitaba algo que sonara más alto que el ruido que sus pensamientos estaban comenzando a hacer en su vida. La llamada de Dinna lo intranquilo y alteró la estabilidad que había logrado alcanzar esos días que no supo de ella e intentó retomar la vida que tenía antes de ella.
Al otro lado de la ciudad en su casa, Dinna estaba que vomitaba fuego, no concebía que él se hubiera atrevidos no contestarle, dubai saber que ella estaba enfadada, no se atrevía llamarla después que ella rechazó su llamada, lo hizo porque él se atrevía a meter a otra mujer en su casa,. Sintió ira porque a ella era a quien debía buscar, ella era quien él debía necesitar, no admitía que Jack se atreviera a dejarla pasar como si ella fuera cualquier persona.
Tan desfasada estaba en sus apreciaciones que nunca consideró el cuadro clínico al que llevó a JAck con sus actitudes descontroladas, y ese dia donde él decidió rechazar hablar con elal, menos era capaz de aceptar que todo era por culpa de ella misma. Se negaba a ver fallas en su forma de actuar, para Dinna, Jack era el que estaba faltando a la fidelidad que obviamente ella no le guardaba, porque para ella el compromiso no existía con él y con ningún hombre. El único compromiso que se había atrevido a asumir en la vida era con ella misma y su ambición de tener más, sobre todo atención a manos llenas de quien ella escogiera como su servidor de turno, y en esa ocasión era el principal.
Jack tenía lo que ella quería, Jack era la mina de oro que había buscado y encontró sin buscar, así como también se convirtió en ese centro de entretenimiento que gustosamente le satisfacía secualmente al tiempo que alimentaba su ego elevándola hasta el cielo. Que él considerara adorar a otra mujer era imposible.
—Vamos —le dijo Frangelico ese primer día—. Te lleva a tu casa.
—Puedo irme en taxi —se opuso Jack.
—No, yo te llevo, por hoy trabajaste lo suficiente, mira que todos ya se fueron, solo quedas tú —le dijo el hombre en un tono de voz decidido.
No le quedó más opción que aceptar, y en compañía de Frangelico Dinna desde su automóvil, estacionado en una esquina de la entrada del enorme edificio de la casa de modas, lo vio abandonar el estacionamiento. Golpeó el volante sutilmente al comprobar que en esa oportunidad no podía ir a reclamar su lugar. frangelico era quien menos debía verla.
—Deberías considerar comprarte un auto, ya está bueno de andar en ubers o esas latas donde se traslada todo el mundo —le dijo Jack.
—No tengo como pagar uno, además no me hace falta —le dijo Jack con apatía.
—Claro que te hace falta, deja de ser tan estúpido —lo regañó sin ninguna sutileza—. ¿Sabes que causa estrés? —inquirió el hombre mirando a los lados mientras manejaba—. Estar montado en esas cosas con tanta gente alrededor, nada como la libertad que te da tener tu propio automóvil.
—Yo no puedo darme esa libertad —dijo minimizando, como bien estaba acostumbrado.
—No seas idiota Jack, tienes con qué y puedes hacerlo —le reclacó Frangelico—. Lo que ganas tal vez no te dé para comprarte una mansión pero sí un buen automóvil y pagar por su mantenimiento, deja esa estúpida humildad, ponte las pilas, eres un diseñador reconocido, o en proceso de reconocimiento, has valer tu posición.—Hablas como si fuera tan fácil —dijo Jack insistiendo en no ver la realidad.
—Mañana apenas llegues a la casa de modas vamos a llamar al concesionario donde he comprado mis automóviles y pediré un catálogo y ahí escoges el que te guste, tienes para pagar al inicial, no tienes a nadie a quien mantener así que deja de ser tacaño contigo mismo —resolvió Frangelico tratando de darle alas.
El zar de la moda sabía que eso le ayudaría, motivar a ver y vivir cosas diferentes tendrá un resultado positivo en el trabajo y a él le sumaría muchos ceros a las cuentas de la casa de moda y más reconocimiento. De modo que lo que hacía lo hacía por el bienestar de todo, más por él.
JAck no respondió nada más. Irse en contra de Frangelico cuando tenía una decisión tomada era enfrascarse en una discusión con una mujer donde el hombre llevaba todas las de perder.
Dinna los siguió de cerca, pensaba que al dejarlo Frangelico allí ella podía abordarlo de inmediato, se frustró una vez más su intención porque Frangelico insistió en ingresar a la casa de Jack.
Ahora sí, Frangelico se preocupó más por conocer su vida, antes le importaba poco su suerte, pero al ver la enfermedad en al que cayó sintió curiosidad por conocer más de él, la enfermera le contó al forma en la que vivió y supo que ese ambiente no era propició para incentivarlo en el trabajo.
—Esta pocilga se quejó Frangelico.
—Aquí vivo —le dijo Jack con sarcasmo—. Bienvenido a mi palacio.
—¿Palacio? —cuestionó Frangelico—. Mejor vive un ratón en una madriguera debajo de unas cloacas, ¿qué carajos es esto?
—Mi hogar, que aunque a ti no te parezca me ha dado paz ùdijo defensivo aunque no le importaba la opinión del hombre.
—Mañana también le digo a tu asistente para que comience a buscarte arriendo en un lugar más decente —decidió como si fuera su padre—. Si te cambias mañana mismo sería lo ideal, ya se viene una etapa de trabajo fuerte y no tendrás tiempo de nada.
Jack lo miró escandalizado porque parecía decidido a resolver su vida en cuestión de segundos.
—Quita esa cara, hay compañías que se encargan de hacer mudanzas sin que tu muevas un solo edo, yo le digo a mi secretaria y a la tuya que resuelvan eso, mañana te cambias de lugar, con razón terminaste enfermo de los nervios, hasta yo lo estaría.
De solo escucharlo Jack no podía creer lo que le estaba sucediendo, mientras que afuera Dinna impaciente de esperar terminó por irse, no sabía cuánto tiempo iba estar Frangelico ahí y ella no tenía paciencia para esperar a su salida.
De todo eso, lo que era real y beneficioso para él, aunque en su humildad no lo viera era el cambio que estaba a punto de dar su vida, y eso era algo que a Dinna no le convía. Lo preferia humilde y apático a la realidad de su sapiencia y talentos.