Efectos de su plan de manipulación

2418 Palabras
Sin darse tiempo a perder, Jack volvió a abandonar la oficina esa tarde. Esa vez sí avisó que iría a resolver un problema personal, el cual no era más que Dinna y el caos que ella estaba causando en su entrepiernas y el corazón palpitante que últimamente estaba a mil por la ansiedad que le produce solo la idea volver a verla o simplemente desearla tanto. Habían transcurrido algunas semanas desde que estuvieron juntos en ese cuarto de hotel ubicado a a unas cuadras de su trabajo, y eso lo llevaba en desesperación. Desde entonces no había logrado verla ni siquiera de lejos. La estaba necesitando más que nunca. Apenas llegó a la entrada a la habitación, ella se le abalanzó encima. —Amor, ¿qué tienes? —le preguntó él tratando de ser atento. Jack no esperaba encontrarse con el recibimiento que ella le dio. Lo dejó abrumado y hasta confusamente emocionado. Dinna estratégicamente sabía que no tenía tiempo que perder, no quería perder la oportunidad de asegurarse un resultado positivo y para eso sabía que debía ayudarse con sus métodos persuasivos, eran muchos los días en los que estuvo conteniéndose para no llamarlo e ir a su encuentro. Jack pese a no tener el atractivo que a ella le gusta en un hombre, le estaba gustando, sobre todo en la intimidad. Él había logrado satisfacerla de manera enloquecedora y exquisitamente placentera, lo que la motivaba a volver a su encuentro cada vez que estimaba que era conveniente. Pese a lo bueno que le resultó en la intimidad le ha tocado contenerse para no parecérsele en esas horas en las que el deseo la ataca y siente la urgencia de ir por él. Tiene a alguien más con quien saciarse en los momentos de necesidad extrema, alguien que al igual a que Jack corre a su encuentro cada vez que ella alza el teléfono, un hombre casado, pero ese no le da la misma satisfacción que le han proporcionado los encuentros con Jack, él si muestra sumisión, y eso la engrandecía. Ansiosa por lo que tenía pensado hacer y por la necesidad de dejarse hacer por él, tomando el control de la situación, le ayudó a quitarse la ropa ahí pegado a la puerta de la habitación, y lo obligó a saciar su sed reprimida. Como la ama que se dice ser, lo puso de rodillas ante ella y lo obligó a darle placer ahí mismo. Levantó una de sus piernas y la llevó al hombro de Jack quien tan dispuesto estaba a beber todo de ella que no vio mal en la posición en la que ella lo colocó. Había escuchado que el sexo todo era válido y ahora que siente tanta necesidad de ella, lo comprueb. No había petición de ella que él no cumpliera, y más si lograba dibujar una sonrisa en su rostro. Claro que Dinna disfrutaba de él, lo dejaba ver en los momentos en los que habían estado juntos, donde las horas se prolongan más de lo normal. Esa ocasión no fue la excepción, y como sabía que debía compensar los días de ausencia y endulzarlo lo más que pudiera para que él accediera su petición sin hacerle preguntas se esmero en mantenrlod despierto y no solo desde el punto de vista biológico propio del agotamiento por el esfuerzo, no, también procuró que ese deseo no se durmiera, y solo cuando estimó estar más en calmada de ese deseo insaciable que la acompaña, recostados sobre la cama comenzó a manifestar las supuestas razones de su tristeza. —Te extrañé mucho —le dijo ella haciendo círculos en su tórax mientras lo acariciaba con su dedo índice. —Yo también y mucho —le dijo él levantando su mentón para darle un beso en los labios—. No podemos seguir así, creo conveniente colocar esta relación en otro nivel —dispuso él. —¿Cómo otro nivel? —le preguntó ella sabiendo bien a qué se estaba refiriendo, ella sabía las intenciones de Jack, lo que en nada iba en sintonía con sus intenciones. La propuesta de Jack le daba un giro a la intención que traía y eso no le gustaba. Se suponía que él solo debía obedecer a sus peticiones, no hacer exigencias que en nada les favorecerían. —Vamos a hacer esto más formal, ya yo no puedo con esto de verte solo por ratos —agregó Jack ansioso mientras sostenía su mentón para que lo viera a los ojos—, si formalizamos nadie verá mal si dormimos en la casa del otro de vez en cuando sin necesidad de estar escondiendonos. «Pobre iluso, ¿crees que nos vemos a escondidas es porque tema lo que diga el mundo? Estás tan lejos de la realidad que no ves el lugar que debes ocupar en mi vida» pensó sonriendo con timidez. —No estoy preparada para iniciar una relación —le dijo ella en un tono de voz inocente—. Acabo de salir de una relación tormentosa, no estoy preparada para recibir las opiniones de las personas que me conocen si se enteran. —Podemos mudarnos a otro lugar si eso te hace sentir segura, pero permíteme vivir a tu lado, necesito tenerte conmigo siempre —le pidió en desesperación. La súplica, como si hubiera accionado una bomba que rellena los neumáticos el pechos e Dinna se sintió crecer. Verlo humillado era el elemento determinante para saciar su ego, la maldad que llevaba en su interior se vio aderezada, en días había sentido tanta satisfacción al lado de ese hombre. No solo era bueno para saciarla en la cama sino que lograba ponerla a volar en sus creencias de un ser superior en la vida de ese hombre y cualquiera que se le atravesara. Tan maliciosa era que no le dio importancia al sufrimiento de Jack en esa petición, el solo verlo humillarse de esa forma aumentaba su felicidad enfermiza. —Vamos poco a poco, y veremos cómo se dan las cosas —le dijo acariciando sus labios temblorosos—, por lo pronto, hazme tuya las veces que te provoque cuando nos veamos, mira —le dijo ella obligándolo a llevar su mano a su centro—, sientes lo feliz que es de tener en este momento. Jack como niño ansioso y feliz, asintió en un movimiento de cabeza y cerró los ojos para disfrutar aún más el palpitar del centro de la mujer que tiene sobre él. Lo obligó a recrearse en esa posición y ayudarla a llegar al clímax solo con su mano. Era tanta la adoración de él por esa mujer que no perdió tiempo en complacerla las veces que ella lo pidió. Era una mujer ninfómana, Una mujer con carácter´siiticas propias de las que no encuentran saciedad alguna en el sexo, sino que buscan más y más, y si en el camino se encuentran a un hombre tan comprometido y tan dispuesto en atender a una mujer como Jack y tan bien dotado en su virilidad que ella si bien queda de momento satisfecha, esa satisfacción le da pie para recrear uan nueva forma de llevarla de nuevo al mayor placer. Dinna para él era la horma del zapato, y para ella él era el hamster de prueba que le permitirá llegar a su máximo nivel en su carrera de estafadora emocional, y adicionalmente a ello, el seguro que tenía para convertirse en una mujer poderosa en el mundo de la prueba. —Baby —llamó su atención cuando fingió vestirse para irse. Era de madrugada y ella no tenía intención de ir a ningún lado pero sí de provocar una vez más desesperación en él. Se había inclinado hacia adelante para colocarse unas de sus medias patys, lo que le dio a Jack una visión bastante voluminosa de sus anchas caderas, lo abultadas de su nalgas y el sobresalir de su labios vaginales. Aunque ya venían de tener horas sin dejar de tocarse y entrar y salir de ella, Jack se sentía que no encontraba un nivel determinante para decir hasta ahí era suficiente, y menos con ella provocando una y otra vez para no permitirle pensar en nada más que en ella y esos momentos de locura. —Baby —volvió a llamar su atención al no encontrar respuesta en él. No iba a encontrar que él le respondiera con coherencia si seguía provocando de esa manera. Jack apenas se había puesto el boxer y el pantalón sin abrochar y ya su ser imploraba liberación. —Baby, te estoy hablando —le dijo bajando la pierna para recoger el otro panty que con malicia dejó caer al piso y se inclinó del todo que la visión que le ofreció a Jack fue más profunda, más tentadora. —Di… dime, amor —le dijo él sin saber qué hacer. Quería acercarse y restregarse en contra de ella y al mismo tiempo sintió temor de que lo rechazara. —¿Puedes ayudarme con una idea que tengo de un diseño? —le inquirió moviendose de manera sugerente. Si no lograba convencerlo con eso y al mismo tiempo distraerlo de la malicia que en su petición iba implícita dejaba de llamarse Dinna. —Sí, sí, amor, ¿y eso para qué? —preguntó curioso, y más que eso, necesitado de que ella le pidiera acercarse, su virilidad imploraba volver a ella. —Comencé a estudiar diseño, y me pidieron que llevara alguna ideas, no se nada de eso, quiero aprender, me motivaste amor —le dijo poniéndose de frente para dejarle ver sus pechos abultados en total libertad y sonrosados en sus pezones punzantes. Jack no se contuvo y acortó la distancia entre los dos, tomó cada uno de ellos en peso. —Claro que te ayudo, amor —le dijo y se inclinó para tomarla en un beso profundo al tiempo que soltó uno de sus pechos para liberar su virilidad. —Ven aquí —le pidió y la alzó en peso al tiempo que removió a un lado el panti que pretendía cubrir su centro inflamado de tanto placer que se habían dado y que al parecer tampoco encontraba saciedad. Dinna se dejó poseer, era de esperarlo, no lo iba a rechazar pero aprovechó el momento y entre una estocada y otra comenzó a hacerle preguntas que Jack totalmente extasiado le respondió sin darse cuenta de sus intenciones, mientras que Dinna gozando del calor que en cada golpeteo se desencadenaba en sus labios hasta su vientre, logró casi hacer un diseño en su mente con la explicación que él hombre le dio. Gozó como nunca antes pues no solo se llenó de tanto de él orgasmicamente sino que logró exprimir esa sapiencia que pocos le conocen sobre el mundo del diseño. —Ay baby, que divino me lo haces —le dijo ella en un grito poco colaborador. Poco le importaba si lo escuchaban fuera de esas cuatro paredes. Había logrado su cometido en ese día, y no estaba dispuesta a reprimirse. —Sí quieres continuamos en tu casa, o en la mía —sugirió Jack al llegar al auto de ella y ver que ella no dejaba de tocarlo. —¿Cómo se te ocurre? —lo soltó en seguida. —Es que no tenemos qué separarnos, vas comiendome o yo te como mientras uno de los dos maneja y llegamos a casa y continuamos hasta que logremos hastiarnos —explicó ella al tiempo que metió su mano debajo de su blusa y sacó su pecho del brasier para masajear su pecho. Estaban en el estacionamiento del hotel, a esa hora había pocos autos y aparentemente solo ellos en el espacio por lo que no se cuidaban en evitar ser vistos mientras se tocaban una y otra vez. —Jack, ya basta —le dijo ella de repente. Cambió por completo su humor, lo que lo obligó no solo a soltar su pecho sino a alejarse de ella. —Ya basta, debo irme y tú debes ir a tu casa —le dijo ella sintiendo que ya nada debía hacer ahí y menos con él. —Yo te necesito —le dijo él señalando su virilidad. —Pues debes controlarte, hay lugares y momentos para todo, y ahora no es el lugar ni el momento —le dijo en rechazo y abrió la puerta de su auto—. Me voy. —Déjame en una parada de taxis por favor —le pidió él en una súplica. Con malicia sonrió para sus adentros. —Sube, te dejó en la siguiente cuadra —le dijo con brusquedad. Jack obedeció y agradeció que no le hiciera caminar sintiéndose y viéndose tan excitado. Pero lo que evitó en él hotel lo terminó haciendo al decidirse llevarlos a su casa y ordenarle bajarse pero no sin antes obligarlo en la esquina de su casa a complacer una de sus alocadas peticiones, hacerla suya allí en medio de la calle, dentro del auto de ella. Las locuras que ella hacía le parecían únicas, no veía peligro alguno. Hizo lo que le pidió y aunque no recibió atención de ella se dio por satisfecho. —Nos vemos baby —le dijo ella sonriente y se alejó en su auto dejándolo agotado, feliz y un tanto despierto virilmente. En esa primer ocasión que ella le sacó información hubo mucho maltrato de su parte, él al estar tan hipnotizado no lo vio. Después de ese día pasó un mes completo que no supo de ella, y cayó en una depresión bastante acentuada que obligó a Frangelico a enviarlo al servicio médico. Le diagnosticaron estrés producto del trabajo, porque él no dio explicación de las verdaderas razones de la tristeza y la desmotivación que tenía. Dinna era ese cuadro de estrés postraumático al que se estaba enfrentando. Le dieron incapacidad por unos días, lo que Frangelico resintió pero no podía hacer nada, Jack era su pieza más importante y debía procurar que se recuperara. Mando a una enfermera a su cuidado, lo que limitó que Dinna se acercara a él y eso la mantuvo enojada por un tiempo. Jack era tan inexperto en mujeres como ella que no supo identificar que lo que tenía no era más que un efecto del nivel de manipulación al que ella quería llevarlo, sus artimañas estaban dando resultado, y lo que le enfadaba era no poderse acercar para cuidarlo, sino para ver de cerca los resultados de su juego enfermizo.
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