El poder en sus manos

1460 Palabras
Trastocado con el desplante de Jack, Frangelico si bien se sintió aliviado porque una vez más el hombre salvó la situación, se mantuvo distante, lo que en nada afectó a Jack porque venía acostumbrado a que él no le hablara sino para lo necesario, no buscó comunicarse con él como lo había hecho en las últimas. Eso le sirvió a Jack para ayudarlo a centrarse en las dos únicas situaciones que le preocupaban en ese instante. Su trabajo y Dinna, aunado a la libertad que sintió al no ser perseguido por Frangelico en su afán de demostrarse poderoso ante la competencia. —Necesito verte En esa ocasión fue él quien en medio de su hora laboral tuvo que aislarse a su baño privado, no solo para disimular el deseo que se despertó en él mientras trabajaba en un diseño atrevido que le pidió Frangelico para presentárselo al final de esa semana. Mientras le daba los últimos toques al boceto en el papel, su mente voló y le dio forma y cuerpo a ese diseño, el de Dinna. La imaginó luciendo ese diseño tan confusamente engañador que creaba la sensación de ser recatado y a la vez tan sugerente. Era un vestido que aunque no era ceñido al cuerpo, sus vuelos destacaban la voluminosidad del cuerpo de la mujer que lo llevara, de ser una mujer poco agraciada le daría cierto atractivo que pueda llamar la atención, mientras que si era una mujer como Dinna, su mujer, no solo destacaría aún más su atractivo sino que pondría a boquear a cualquier hombre ante lo hermosas y tentadoras que eran sus curvas. Imaginarla dentro de ese diseño llevó a su mente a pensar en tenerla ahí en su oficina, desfilando culo y luego él tomándola por las caderas para levantarla y posicionarla en su virilidad sin necesidad de remover obstáculo alguno que les impidiera el pase a la felicidad que venían acostumbrados a sentir cuando sus cuerpos se unen en uno solo. Eso le produjo una erección tan subida de tono que el calor lo abrumó, el corazón comenzó a latirle de manera descontrolada, se sintió desesperado por tenerla en ese momento. —Estoy ocupada —escuchó Jack que ella le dijo en un susurro, como si estuviera evitando ser escuchada. —Te necesito ahora —le dijo en un tono de voz firme, y bajó su teléfono para enfocar su virilidad bien recta, vibrante y humedecida—. Esto es culpa tuya y debes solucionarlo. —Pero no puedo —ella intentó evadirlo, aunque le parecía una propuesta tentadora, dubai rechazarlo, le molestaba que le dieran órdenes, y en ese momento Jack no era el hombre sumiso que quiere que sea, sino que al contrario, se estaba mostrando como un macho dominante, un hombre que pretendía ordenar y que ella obedeciera. Lamentó no poder saciar la sed de tragarse completa esa vara punzante que tenía reflejada en su pantalla pero él no determinaba los momentos de encuentro, él no iba a dominarla, eso no se lo volvería permitir, no en esa vida. —Lo lamento, te debo dejar, estoy verdaderamente ocupada —le dijo ella así sin más y colgó la llamada. Por primera vez en los días que llevan frecuentándose Jack sintió verdadera frustración, y era de esperar que la sintiera, el dolor de la erección era grande. Quiso tirar el teléfono, pero entendió que no era el lugar ni la ocasión lo ameritaba, justificó a Dinna pensando que en realidad que ella era la culpable de estarla ensoñando todo el tiempo y con ansias de su cuerpo, ella no había provocado, no en esa oportunidad, esa oleada de deseo. Se reprochó por ser abusivo y pretender que ella dejara sus obligaciones solo para saciarlo. Necesitaba bajar la vergüenza de ser visto de esa forma, por lo que se valió de una de las tantas fotos sugestivas que ella le envió y por primera vez terminó haciendo el amor con ella y para ella, pero valiéndose del recurso antiguo de la autocomplacencia. Casi se delata porque fue tan fuerte el orgasmo que él mismo se provocó que casi lo escuchan, tuvo que morderse el labio inferior para no dejar salir el placer tremendo que alcanzó en esa oportunidad. Terminó con un claro incómodo, pero había logrado calmar su ser, lavó sus parte en el lavado y luego su cuello y rostro, y pasados unos segundos luego de cerciorarse que había logrado volver a ser él mismo, regresó a su oficina, retomó su asiento y a los pocos segundos, apareció su asistente. —Licenciado, lo estaba llamando —le advirtió la mujer. —Ah seguro fue cuando estaba en el baño. Dígame, ¿para qué era? —le preguntó fingiendo apatía. —El licenciado Frangelico, pregunta si ya tiene listo el diseño. —Está casi listo, dile que en una hora se lo subiré —le contestó volviendo la mirada hacia su mesa de dibujo donde reposaba el papel con el diseño. La mujer asintió y se retiró de la oficina cerrando la puerta detrás de ella, en simultáneo Jack recostó la cabeza en el espaldar de su sillón para darse un momento de descanso. Se sentía feliz y al mismo tiempo ansioso, porque vio en esa primera vez en la que fue feliz dándose satisfacción solo con una fotografía de ella. Ese día entregó el pedido a Frangelico tal cual se solicitó, el zar de la moda quedó complacido al tener en sus manos lo que consideró oro en bruto. De inmediato le dio la orden para sacar los primeros cortes en los colores y las telas que el mismo Jack sugirió. Con eso Jack se anotaba un punto a los que había perdido. A Jack poco le importaba lo que Frangelico pensara de él, estaba en una apatía grande, solo le preocupaba Dinna. La ceguera que Dinna estaba sembrando en él era peligrosa, tan peligrosa como era su intención, y lo estaba llevando al borde de la locura porque cada día que pasaba quería más y más de ella, y esod e que se vieran solo cuando ella pudiera tener ratos libres comenzaba a ser perjudicial a su sentir racional, al punto de que comenzaba a desearla en todo momento. Por algo dicen que las carencias llevan a crear deseos irracionales y es lo que le estaba sucediendo. La estrategía de Dinna de llevarlo al límite, estaba acrecentando no solo su deseo sino también el nivel de enamoramiento por ella, sentía mucho por esa mujer y a dejarse llevar por ella que no veía mal en los desplantes que le hacía. Para despejar la mente de ella, buscando distraerse de no haberla visto por varios dáía JAck decidió encender su sonido y tomó su lugar al frente de la mesa de dibujo. Días después Dinna en su oficina sentada en frente del jefe de diseñadores, estaba estresada. —Este diseño no me convence. Necesito algo que tenga más fuerza —reclamó molesta. —Es lo que nos pediste —le contestó el hombre sin saber qué más hacer ante los diversos cambios que habían venido haciéndole a toda la colección. —Necesito una solución inmediata y parece que ninguno de ustedes da con lo que busco —le dijo de manera despectiva—. Tanto que les pago y últimamente no me están dando buenos resultados —gritó histérica. El hombre no supo qué más responderle, por lo que optó por permanecer en silencio para no empeorar más su situación ni el estado de ánimo de la mujer. —Vete —le gritó y el hombre le obedeció pero intentó tomar los diseños—. Déjalos ahí —le dijo alterada—. Me toca solucionar por mí misma. Sin detenerse a considerar que pudiera estar poniéndose en un riesgo de ser descubierta, levantó el teléfono de su oficina y marcó el número de Jack, que ya se sabía de memoria. —Baby —llamó su atención apenas escuchó su respiración al otro lado de la línea. —¿Dinna? —preguntó Jack confundido pues siempre lo llamaba desde su teléfono personal. —Sí baby —respondió mostrándole tristeza. —¿Qué te pasó amor? —le preguntó él olvidándose de lo extrañado del número telefónico que vio reflejado en su pantalla. —Estoy deprimida, quisiera verte —le dijo ella así sin más. —Dime ¿dónde estás? Desesperado porque tenía días sin verla, no dudó en aceptar su petición de auxilio. —Ya te envió la dirección, ven rápido baby —le dijo ella sonriente al comprobar que ella es y será quien siempre lleve el control de la situación entre ambos, y por lo tanto tiene el poder de decidir cuándo y cómo serán las cosas.
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