Capítulo 3

1295 Palabras
Adara Collins. —Angélica—digo susurrante. Realmente no podía creer lo que estaba sucediendo, mis ojos no daban crédito a la imagen de la mujer morena que estaba frente mío. —Ay mi dios— ella sin dudarlo se lanza a abrazarme— no puede ser, estás bien— afirma aliviada. —Si-si— apenas respondo, estoy en shock. Siento todo mi cuerpo temblar, y tengo la necesidad de gritarle. Sácame de aquí, llévame lejos. —Mírame— ella toma mi cara entre sus manos— ¿por qué desapareciste? Acaso alguien te...— le interrumpo. —Aquí no podemos hablar ¿si?— me alerto al ver que James se acerca— vete, luego te buscaré, si mi tío te ve, se volverá loco— —¿Qué? Bien, toma— de su cartera saca rápido una tarjeta— es mi número, me quedaré dos días más aquí, llámame por favor— —De acuerdo, adiós— me apuro en despedirme, pues no quiero que nadie nos vea. Si James se entera de que estuve hablando con ella, es capaz de llevarme al fin del mundo con tal de desaparecernos para que no nos encuentren. —Cuídate, cariño— rápidamente desaparece de mi vista dándome un ultimo vistazo de preocupación. Guardo la tarjeta entre mis senos al verlo llegar. —¿Quién era ella?— pregunta un James curioso. Sus cejas arqueadas y mirada fruncida me daba a entender de que no le había gustado para nada verme conversar con la mujer. —Oh una señora, solo choqué con ella y le eché bebida encima, sin querer— —A veces eres un poco torpe cariño— me dice agarrándome de la cintura y depositando un beso en mi mejilla. —Si....por supuesto— ruedo mis ojos, aguantándome la ganas de insultarlo. —¿Sabes bebé? Estoy caliente— Mis sentidos se ponen alerta, pues sabía perfectamente lo que esa frase significa, sé lo que vendría. En verdad odio que me obligue a tener relaciones. Es algo que no soporto. —¿Ah si? Pues que raro, está haciendo frío, yo tengo frío— digo rápido, evitando tocar el tema. El ríe con ganas. —¿Y sí vamos a casa para así calentarte?— susurra en mi oído. —No-no, e-estoy a gusto aquí— por favor, por favor... —Oh, yo me he aburrido — toma mi mano y comienza a arrastrarme a la salida —así que nos vamos ya—su caminar es rápido y como puedo evito tropezarme con mis tacones. —Pe-pero vamos a despedirnos de ellos—trato de ganar tiempo, pero es en vano. —Luego los visitaremos, nena— No le importaron todas las cosas que le dije, al final terminamos en el coche. Conducía a toda velocidad, al parecer le urgía llegar. Y mientras más nos acercábamos a destino, mi respiración se agitaba y mi mente me atormentaba. No hago más que rogarle al destino para que algo ocurra, que se ponche la llanta, que se atraviese un venado, lo que sea, pero como siempre la suerte no estaba a mi favor. Y al fin, en menos de 15 minutos habíamos llegado. Creo con certeza que ha roto el récord. —Por fin— sale del auto y abre mi puerta— vamos, baja nena—noto como desabrocha el primer botón de su camisa. No le respondo y solo me limito a negar, no pienso salir del auto. No quiero tener que soportar sus caricias. —Vamos mi chiquita ¿no quieres que me enfade, o si?— sigo sin contestarle y un gruñido se escapa de sus labios. —Será por las malas entonces— No le veo venir, cuando a fuerzas logra sacarme del coche y me sube sobre sus hombros. Pego un grito agudo y él golpea mi trasero en burla. —Mejor guárdalos para la cama preciosa— gruñe—no sabes lo que te espera— Si que lo sé, créeme. Y es una completa tortura. Entramos a la casa y cierra la puerta de una patada, luego nos dirige a la habitación de forma rápida. Estoy sudando, pues no quiero hacerlo con él. Sin verlo venir, siento como me tira a la cama y comienza a desvestirse sin quitar su mirada de la mía. Entro en desesperación y busco en sus ojos algo de compasión, pero es en vano, solo hay maldad y lujuria en ellos. La mirada que siempre me ha dedicado... Me arrastro hacia la cabecera, pero toma mis tobillos acercándome nuevamente a él. Nada de lo que haga tiene éxito. —No quiero, estoy cansada, por favor—susurro lastimera. —Shh— me manda a callar— haremos el amor hermosa, te extraño, llevo aguantándome toda la noche— —Pe-pero lo hicimos ayer— le digo recordando algunas escenas de anoche, en las cuales aparezco atada. —Y jamás será suficiente, nunca lograré saciarme de ti, eres una adicción para mí, Adara— Y al oírle decir eso me rindo. Comienza a besar mi cuello y yo solo observo el techo, es lo único que me queda por hacer, ya de nada sirve intentar pelear. Comienza a romper mi prenda y grito con enfado. —Oye eso era bonito—estúpidamente suelto, pues si, la prenda me gustaba bastante. —Compráremos otro luego, todos los que quieras, mi amor— No protesto y dejo que prosiga con lo suyo. Siento como mi cuerpo queda totalmente desnudo y su mirada me observa de pies a cabeza. —Oh te amo tanto, eres mi nena preciosa— Se apodera de mi cuerpo como siempre lo hace, lentamente, disfrutándolo y diciéndome lo hermosa que era. Y yo, como la cobarde que soy, dejo mi mente en blanco y cierro los ojos dejándome llevar a un lugar mejor. Un ugar en donde la maldad no existe, solo hay paz, libertad y felicidad. Y es entonces cuando pienso en lo que sucedió hoy. Angélica. Ella está aquí y debo hablar con ella mañana mismo. Tengo que hacer que James me deje salir mañana y así poder encontrarme con ella, quizás me pueda a ayudar en algo, quizás ella pueda sacarme de este infierno . Y entonces lo hago, me armo de valor, hago lo que jamás creí por voluntad propia. —Ahh— gimo como si me gustara— si-sigue—simulo una excitación inexistente. El se detiene unos segundos y me ve a los ojos, sorprendido y extasiado. —Amo que gimas, amo todo de ti—suelta gruñidos. Entonces al ver que funciona, sigo. —Ma-más rápido James, por- por favor— en parte lo digo en verdad, pues quiero que termine lo antes posible para así quitármelo de encima. Comienza a acelerar su ritmo, sus embestidas se vuelven más salvajes y entonces lo logra, luego de siete minutos, ambos llegamos a la máxima cima y él se queda satisfecho. —Me encanta hacer el amor contigo—me deja un corto beso en los labios para después salir de mi interior. —A- a mi también me gusta— lucho para no vomitar al soltar esa patética frase. —Amor, te quiero tanto— procede a cubrirnos con la sábana— vamos a descansar, bebé— —Buenas noches— digo cuando me envuelve en sus brazos. —Buenas noches, princesa— Y entonces comienzo a liderar un plan y entender este juego. El quería que yo sea "su mujer", la mujer perfecta y lo haría. Invertiría los roles y lo trataría como un rey. Seré esa chica obediente y amorosa con la que él siempre soñó. Todo sea por volver a ser libre. Todo sea por salir de las garras del lobo.
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