Cuento de Hadas
Dicen que los cuentos de hadas son reales, muchas de mis amigas lo han vivido, crecí leyendo historias de amor donde el príncipe se enamoraba de la doncella sin importar su estatus, pero un gran golpe me hizo entender que los cuentos de hadas no son reales, mi nombre es Cataleya, soy una omega de la manada Luna de invierno, y mi historia comienza como un cuento de hadas...
Cuando tenía 14 años, un grupo de chicos me tiraron al rio, se burlaban de mí por ser una omega, pero ese día conocí a mi príncipe, Dimitri, mi adorado Alfa, en ese tiempo aún no lo era, solo tenía 18 años pero se tiró sin pensarlo para salvarme, a mí, a una simple omega que trabajaba en su casa, mi madre era la cocinera de la casa del Alfa y yo me crie entre ellos, sirviendo, mi alfa era un hombre dulce y bondadoso pero duro cuando tenía que impartir justicia, Alfa Alexander, padre de Dimitri mi salvador, ese día Dimitri salvó mi vida pero robó mi corazón, sus cabellos rubios como rayos de sol en invierno y sus ojos verdes como el bosque, todas las mujeres de la manada suspiraban por él, pero él solo esperaba a su compañera, pasaron los años y nos hicimos amigos, bueno él era mi amigo, yo lo amaba en secreto, era la luz de mi vida, pronto sería la luna llena y habría otro baile para encontrar a tu compañero, él estaría listo para sentir a su compañera si es que aparecía ésta vez, todas estaban expectantes por ser su compañera, todas menos yo, yo solo tenía 16 años y a eso añádele que era una omega, habían pasado dos años desde que me salvó y robó mi corazón, pero esa noche, una vez más, nada pasó, su compañera no apareció y su padre solo le dio una palmada en la espalda.
— Dimitri, si la diosa no te ha entregado tu compañera, eso quiere decir que prepara una verdaderamente buena para ti. Sigamos con la fiesta.—
Esa noche todos bailaban, muchos encontraron a su compañero y estaban felices, yo solo caminé al lago, me encantaba mirar la luna reflejarse en el agua, aunque no sabía nadar, adoraba esa imagen, pronto sentí pasos, y sentí su aroma, una mezcla de pino y tierra mojada, volteé y ahí venia mi adorado Dimitri con un plato de bocadillos.
—¿Qué haces aquí tan sola Catita? —ese era el apodo cariñoso que me puso el día que me salvó.
—Nada, alfa. Solo mirando la luna.—
—No me digas alfa, aun no soy alfa, y creí que éramos amigos, dime Dimitri o podríamos crear un diminutivo, que tal Dim.
—Jajaj, está bien Dim.
—Te traje bocadillos. —Dimitri se sentó a mi lado, la luz de la luna lo hacía ver más hermoso de lo que era, parecía un dios bajado del cielo. Me acercó el plato para que tomara algunos bocadillos.
—Toma, come algo.
—¿Estás decepcionado?
—¿Por qué? ¿Por no encontrarla?
—Sí, todas las chicas de la manada soñaban con ser tu compañera.
—No estoy decepcionado, sé que la diosa me dará una compañera fuerte y hermosa, que me ayudará a guiar mi manada. Los tiempos de la diosa son perfectos —me dijo con una sonrisa que derretía mi alma. Solo espero que si alguna vez encuentro a mi compañero, este enamoramiento se acabe, pero mi corazón latía solo con escuchar su voz, no tenía lobo pero lo amaba profundamente.
— Sé que tendrás la mejor compañera. — le dije con una sonrisa, sabía que jamás él se fijaría en mí, y posiblemente su compañera sería una loba poderosa, hijas de algun alfa o algún beta -
—Y que hay de ti, Catita. ¿Esperas tu compañero? — Suspiré.
— Solo faltan 2 años, y estoy nerviosa, ¿qué tal si no le gusto por ser una omega? — le revelé mis mayores miedos.
— La diosa es perfecta Cataleya, mi padre siempre ha enseñado que todos somos iguales, o alguna vez te ha tratado diferente por ser una omega.— mi adorado alfa sacudió mi cabello mientras me sonreía.
— Jamás…
— Entonces, si mi padre no te ha tratado mal por ser una omega, crees que tu compañero te despreciaría, además cocinas muy rico, ¿qué hombre no estaría feliz de tener una compañera que le cocina rico cada día al llegar a su hogar?.
— Jajaja mi madre me enseñó porque decía que el corazón de un hombre se conquista por el estómago — Dimitri y yo reímos a carcajadas, estar a su lado me hacía sentir especial, él siempre fue muy dulce, incluso en mi cumpleaños número 18 cuando mi loba tendría que aparecer y no lo hizo, estaba destrozada, una omega y además sin lobo me hizo sentir peor aún, solo corrí al lago a llorar en mi soledad por mi mala suerte, pero cuando estaba llorando una manta se posó en mi espalda, levanté la mirada y ahí estaba, mi príncipe, mi ángel, mi adorado Dimitri con una sonrisa dulce.
— ¿Por qué lloras Cata?
—No tengo loba Dim, soy una omega y además sin loba, soy lo peor de esta manada.—
— No hables así, eres maravillosa Cata – Dimitri me abrazó y sentí mi corazón palpitar más fuerte que nunca, su aroma me embriagaba, su calidez me hacía desear siempre estar en sus brazos, sabía que él no era mi compañero y por tener sangre alfa podía conectar con todos en la manada, pronto mi pena fue disminuyendo gracias a él.
— ¿Mejor?
— Sí, gracias Dim.
— Mírame a mí ya tengo 24 años y aún la diosa no me muestra mi compañera. Cata quería preguntarte algo.
— Dime.
— Tendré que trabajar en la empresa de mi padre, y nadie conoce todas mis malas costumbres y me tiene más paciencia que tú, ¿te gustaría ser mi asistente? — mi corazón se volvió un caballo desbocado al escucharlo, mi adorado Dimitri me quería a su lado, podría verlo a diario, así como en la casa.
— ¿Hablas en serio?
— Como que me llamo Dimitri Snow, futuro alfa de la manada Luna de invierno. — me dijo con una sonrisa dulce en sus labios, no pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas.
—Sí, acepto, obvio que acepto Dim — Dimitri volvió a abrazarme –
— Al estar a mi lado, nadie se burlará de ti por ser omega o por no tener Lobo. — me dijo dejando un beso en mi frente -
— Gracias Dim.
Pasaron 4 años, ya tenía 22 y mi loba aún no llegaba, gracias a la protección de Dimitri, nunca nadie me ofendió y trató con desprecio, me esforcé en aprender todo lo posible para ser una buena asistente, mi Alfa lo merecía, mi amado Alfa, llevaba un año como Alfa, y estaba haciendo un gran trabajo, entré en la oficina casi dando trompicones.
— Dim… — Dimitri levantó la mirada, con sus hermosos ojos verdes, los años lo habían vuelto aún más guapo.
— Cuidado Cata, te puedes caer — sonreía, su sonrisa hacía que el mundo se detuviera –
—Tu desayuno, debes desayunar y luego tomar tus tabletas.
— Eso no es importante para que corras.
— Sí es importante en media hora tienes una reunión con el alfa Luna Azul, debes comer, ya sabes lo que te sucede si no comes.
— Sí, Cata, lo que ordene mi jefa, a veces creo que el alfa eres tú y no yo.
— Jajaja entre nos, sabes que tengo el poder Dim. — Dimitri negó con una sonrisa mientas se comía su sándwich de pollo, sin corteza y su jugo de naranja recién exprimido.
— Mmm, Cata tus sándwich es lo más delicioso.
— Mira te traje algo — saqué un pequeño queque que preparé anoche — solo pude salvar este de mi primo, se los comió todos, aunque se ganó sus buenos golpes, mi puño le hizo cariño a su nariz.
— Ajajaja me imagino, dámelo — Dimitri lo probó.
—Mmm, delicioso Cata, eres la mejor — mientras comía yo revisaba la agenda.-
— Hoy tienes reunión con el alfa de Luna azul, luego una comida con tu Beta y a las 8 tienes un consejo con los ancianos.
— Está bien, necesitaré que me acompañes al consejo.
—Está bien.— Dimitri odiaba escribir y tenía muy mala memoria, así que poco a poco el consejo aprobó que yo fuera con él, a pesar de ser una omega sin lobo, no se opusieron — Dim, tómate la tableta.
—Está bien— Dimitri gruñó porque no le gustaba tomar su tableta para el estómago, si no la tomaba su estómago le causaba agruras y calambres, esa era la razón por la que yo siempre le escogía la comida, y muchas veces se las preparaba, no era mi deber, pero que mejor que cocinarle al hombre que amas, aunque no seas correspondida — oh, Cata, quería pedirte un favor.
— Dime.
— Este sábado tengo una cena y es con acompañante.
— No.
— Vamos, soy tu alfa, ¿me dejarás solo con esa gente estirada y aburrida?
— Dim, sabes que esas fiestas no me gustan, hablan de su Lobos, de su dinero, y yo no tengo ni lo uno ni lo otro.
— Prometo que será corto, te compraré el vestido y prometo darte un bono por aguantar gente estirada.
— Jajaja – Dimitri se puso de pie y tomó mis manos, su mero contacto me hacía explotar de alegría, me miró con sus ojos verdes que me hacían perder la voluntad y esa sonrisa que aturdiría hasta a la más fuerte de las lobas.
— Por favor, di que sí.
— Aish, está bien, pero yo elijo el vestido.
— Bien, después de mi almuerzo con el beta iremos.
— Pero no lo verás, yo lo elegiré me lo probaré, pero no lo verás hasta que vayas por mí el día de la fiesta.
— Lo que ordene mi alfa. — Dimitri sonreía tan dulcemente que yo no podría jamás negarle nada