La tensión dentro del auto era tan densa que podría cortarse con un cuchillo, Ana mantenía su espalda erguida, las manos apretadas sobre su regazo, sosteniendo la respiración, sintiendo cómo el cuero del asiento absorbía el calor que no lograba producir su cuerpo, a su lado Aleksander conducía en absoluto silencio, sus ojos fijos en el camino cubierto de nieve y su mandíbula marcada, apretada con una leve tensión.
Ana lo miraba de reojo, memorizando cada línea de su rostro como si fuera una obra de arte prohibida, una parte de ella quería hablar preguntar porque hizo lo que hizo, agradecerle, incluso sonreír pero otra, más prudente, le suplicaba en silencio que se mantuviera callada.
—¿Siempre te metes en lugares donde no perteneces? —preguntó Aleksander de pronto, sin apartar la vista del camino.
El tono no era burlón, era cruel, seco era despectivo
Ana se estremeció y todos sus músculos se contrajeron al instante no estaba preparada para iniciar una conversación
—Yo, yo, yo... sólo quería una oportunidad —susurró tartamudeando
—¿Una una una oportunidad? —repitió con desdén y burlándose de ella cruelmente— ¿Crees que esos lugares se ganan con esfuerzo, belleza, ilusiones o esperanza?
Ana guardó silencio, le ardía el orgullo.
—No eres la primera ni serás la última. —añadió seguida de una larga pausa -Pero debo reconocer que hay algo en ti... —su mirada se desvió brevemente hacia ella— que me resulta entretenido.
La palabra “entretenido” cayó como una bofetada lastimando aún más el poco orgullo que aún le quedaba
- y al contrario de lo que piensas no sé que es lo que estás pensando así que podrías de una maldita vez decirme a dónde carajos se supone que vives- pregunto con su frialdad característica mientras encendia un cigarrillo
- a kotelniki- respondió casi como un murmullo mientras desviaba su mirada avergonzada de decir en voz alta el miserable lugar donde vive
Aleksander inflo su pecho de forma pesada y sostuvo su respiración por unos breves segundos e instantáneamente se le dibujo una media sonrisa casi imperceptible en sus labios que avergonzó aún más a Ana en lo más profundo de su ser
El resto del trayecto fue un océano de silencio, al llegar a ese despreciable barrio Aleksander detuvo el auto abruptamente haciendo que Ana se golpee ligeramente contra el tablero del auto, Aleksander se quedo con la mirada fija hacia una pequeña calle con un edificio que aparentemente estaba abandonado y en ruinas su mirada era tan intensa y a la vez vacía, Ana sin entender que es lo que ocurria se quedo en silencio por un breve momento y al ver qué Aleksander no tenia la intencion de moverse del lugar Ana muy nerviosa se aclaro la garganta inténtalo llamar su atención sin obtener resultado
- es más adelante- susurro pero Aleksander continuo con su mirada fija sobre esa estrecha calle
- es un poco más adelante es en el edificio-
- se perfectamente dónde queda tu maldito edificio- grito molesto haciendo que Ana de un pequeño salto de susto, arranco el vehículo salvajemente haciendo que las marcas de los neumáticos queden grabadas en el asfalto...
al llegar a ese polvoso edificio donde Ana arrendaba su pequeña habitación, el se detuvo sin decir palabra, ella apenas alcanzo abrir la puerta cuando su voz volvió a sonar:
—Vístete mejor mañana a las 7 estaré aquí.
Ana lo miró desconcertada.
—¿Mañana?... acaso quieres volver a verme?... porque lo harías?...
Aleksander no respondió simplemente volvió su vista hacia el frente.
—¿Y a dónde iremos?- pregunto con un pequeño toque de entusiasmo
—Te dije a las 7.- contesto seco y obviamente molesto
Ana no insistió mas, cerró la puerta con delicadeza y observó cómo el auto desaparecía entre la bruma, su corazón palpitaba con fuerza, no de emoción... sino de incertidumbre y hay que reconocer algo de miedo
El día siguiente pasó lento y confuso. Ana apenas durmió, su mente no paraba de repasar cada palabra, cada gesto, cada mirada de Aleksander. ¿Quién era en realidad? ¿Por qué la ayudó? ¿Por qué parecía tan... impasible?
A las 7 en punto un nuevo auto n***o la esperaba afuera, esta vez, Aleksander no conducía, un chofer elegante abrió la puerta por ella, Ana subió con el corazón en la garganta con la respiración pesada pero definitivamente estaba radiante y hermosa
Él estaba adentro, impecable, oliendo a madera, menta y poder.
—Eres puntual —comentó sin emoción, mientras que Ana luchaba desesperadamente por no desmayarse ya que su cabeza no dejaba de dar vueltas
El viaje fue breve, hasta un restaurante cerrado al público, mesas vacías, luces bajas, sólo ellos dos.
—Hoy aprenderás algo muy importante —dijo Aleksander mientras le servían vino— y que supone que voy aprender-
- A mentir sin hablar, a fingir sin mover un músculo, Ana si quieres vivir entre lobos, necesitas aprender a aullar.
Ana bebió lentamente de su copa, su lengua sabía a vino y a incertidumbre
—¿ por qué me ayudaste a noche y que es lo que esperas de mi? —preguntó mientras intentaba ocultar como sus rodillas no dejaban de temblar
Aleksander sonrió por primera vez.
—Porque me diviertes.- Ana arrugó el ceño- Y porque, para bien o para mal, tengo unos asuntos que resolver y tú ayuda me vendría bien y gracias a tu espléndida actuación la noche de año nuevo nadie dudará de ti y de mi- levanto una ceja de forma enigmática- así que de ahora en adelante tu llevarás mi nombre Ana, tu me perteneces
Ana tragó saliva, y su corazón empezó a acelerarse.
Él se acercó más, hasta que su rostro estuvo a unos pocos centímetros del de ella, la calidez de su aliento contrastaba con la frialdad de sus palabras.
—Ana no confundas mi ayuda con ternura o amabilidad. Yo no salvo Ana. Yo uso y cuando ya no sirves... simplemente te dejo caer...
Ana no supo que decir ni como actuar algo que parecía tener un futuro brillante, algo que ella consideraba que por fin era su gran oportunidad en menos de 10 minutos y con una simple frase quedaron destrozada hechas añicos... algo en su cabeza le gritaba que saliera de ese lugar en ese instante pero algo dentro de su ser, algo mucho más ruidoso hizo que se quedara guardando una chispa de esperanza, ella deseaba desesperadamente tener a algo a que aferrarse y aunque el sentido común le gritaba que no existía cosa alguna, Ana aún así se aferró a la nada
Pasaron semanas Aleksander la incluía en cenas, eventos privados, negocios extraños, la vestía, la moldeaba, la usaba como un bello accesorio, Ana lo seguía, sin protestar ni una sola palabra o acción de Aleksander, embelesada por su presencia, perdida entre el deseo, la necesidad y la esperanza
Aleksander no convivia con ella, no la llamaba, solo lo hacía cuando era estrictamente para sus encuentros de negocios, Vasiliev nunca cruzó el límite físico más allá de una mano en su espalda o un susurro al oído, pero la tensión entre ambos era casi insoportable, Ana lo deseaba con cada célula de su cuerpo y el lo sabía, lo sentía
Una noche, tras una gala en el Museo Hermitage, Ana decidió arriesgarse, al entrar a su departamento, él la acompañó hasta la puerta.
—Gracias por todo lo de esta noche —dijo Ana, luego, sin pensar, se estiró y lo besó.
Aleksander no se movió, no correspondió pero tampoco puso resistencia.
Cuando ella se separó, avergonzada, él solo la miró y dijo:
—No hagas eso de nuevo.
La puerta se cerró y Ana sintió que el frío de la noche era más cálido que aquel adiós
Una semana después de la humillación por aquel beso no correspondido y de no haber tenido ni una sola señal de vida por parte de Aleksander por más que Ana lo llamara y lo buscará finalmente un mensajero golpeó su puerta entregándole un paquete sin remitente que desde la envoltura se notaba lo elegante y costoso que era, así que sin lugar a duda ella sabía perfectamente quien lo enviaba
- el señor dijo que hoy a las 8-
- que hoy a las 8?-
el mensajero sin decir una sola palabra más simplemente se dió la vuelta y se marcho, era obvio que el mensajero estaba más que adiestrado por Aleksander.
al abrir la caja se encontró con un hermoso vestido así que Ana solo pudo sonreír con la gran esperanza de finalmente volverlo a ver...