___Olivia___
Desperté antes de que mi alarma sonara, pues una brisa fresca se coló por la ventana de la sala y llegó hasta mí. Ya no pude conciliar el sueño, así que fui directo a la cocina, preparé un poco de té y tomé un panecillo, lo corté a la mitad, unté con mantequilla un lado y la otra de mermelada. Perfecta combinación.
Me senté en un banco alto que se encuentra en la cocina y empecé a desayunar. Suspiré recordando la sonrisa de Leandro, hoy sería un día con muchas sorpresas, creo que estoy más emocionada que nerviosa, pues quiero verlo todo el tiempo posible que sea. Esto es muy extraño, de eso estoy consciente, pero es que siendo sincera conmigo misma, puedo decir que es la primera vez que me emociono así por un hombre. Al parecer las palabras de Nancy son ciertas, porque o ya me "oxidé" o en verdad he cambiado tanto que ahora puedo permitirme sentir algo así de bonito por una persona que no necesariamente tiene que ser un millonario como Mark.
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Las horas pasan, preparo el desayuno y almuerzo de Nancy, después me doy una ducha y me visto con unos jeans un poco desgastados, una blusa de manga larga color gris que tiene un estampado en una manga de unas letras, pero estas ya están borrosas, me coloco mis tenis sin plantillas, pero no importa, no hay como unos buenos calcetines para amortiguar el paso.
Las horas transcurren, Nancy ya se ha ido; quedó de ir a comprar las cosas para preparar la cena de esta noche, en realidad no sé qué gustos tenga Leandro, sé tan poco de él que me da miedo que avancemos rápido, aunque no puedo negar que su forma de ser y esa manera en la que quiere ayudarme, me hacen sentirme halagada y una esperanza crece dentro de mí por creer que tal vez él sea el hombre de mi vida, tal como lo ha dicho Nancy. Cierro mis ojos negando ante tal pensamiento y me dispongo a salir.
Sólo llevo una chaqueta, al parecer pinta este clima para hacer frío unas horas más tarde, con que no llueva, ya que siempre tengo accidentes con esos climas. La primera vez que llovió fuerte yo ya estando trabajando en la librería, recuerdo que llegué con mis pies húmedos, pues el agua se filtró por la tela de mis tenis. La segunda ocasión, un automóvil me bañó de agua sucia que se encontraba en un charco, y la tercera vez llegué tan mojada a la casa que enfermé, pero aún así tuve que ir al día siguiente al trabajo, ya que no puedo darme el lujo de faltar, en verdad necesito el dinero.
—Llegas temprano, Olivia— me dice la señora Lange y sonrío.
—Sí, así parece— me dirijo a mi casillero y coloco ahí mis pertenencias. Apenas me colocaría la faja cuando mi jefa me habla.
—Olivia, ¿podrías encargarte de la caja por este día?
—Claro, señora Lange— dejo de nuevo la faja en mi casillero y me dirijo a la caja. —¿Hay algún pedido en especial hoy?
—No, sólo que mi marido y yo tenemos que reunirnos con un proveedor a las 11:00 de la mañana.
—Ya veo. Esta bien, no se preocupe, yo me hago cargo— ella asiente con su cabeza y sonríe.
El tiempo se va más rápido de lo esperado, incluso el cielo se empieza a tornar más obscuro, indicando que lloverá demasiado. —«Sólo espero que no se inunden las calles»—. Pienso con pesar.
La señora Lange y su esposo ya se han ido a la reunión, la librería está más tranquila que de costumbre, pero eso a causa del clima que se avecina.
—Revisaré los correos— me digo a mi misma y abro la bandeja de entrada. Lo primero que veo son varios pedidos del nuevo libro que llegará en una semana, después está... un correo del señor Caffarelli. Definitivamente tengo que abrir este mensaje.
«De: Fernando Caffarelli.
Para: "La tinta de la vida"
Asunto: libro equivocado.
Me entregaron un libro equivocado del paquete de volúmenes. Si es posible podrían traerme el correcto en cuanto lo tengan disponible, así les devuelvo el otro libro.
Es el tercer libro el faltante.
Pd. No manden a la chica de la ocasión anterior. Gracias.»
¿¡Qué?! ¿Es enserio? No entiendo porqué, qué hice o qué.
Me siento molesta, así que me dispongo a buscar el libro que según le falta y afortunadamente lo encuentro.
—Definitivamente se lo llevaré yo misma— pienso y busco a Claudia, ella es una compañera de trabajo que se encarga de los inventarios. —Claudia— le hablo y ella enseguida se acerca.
—¿Qué pasa, Olivia?— dice apuntando algo en su tabla.
—Lo que pasa es que un cliente dice que le falta este libro— y lo alzo, —El correo tiene días y no lo habían visto, ¿crees que puedas hacerte cargo de la caja en lo que voy a entregarlo?
—Claro, no te preocupes— genial, por eso me agrada, siempre es muy accesible.
—Gracias, yo te aviso, sólo dejaré en orden aquí.
—Esta bien— dice y regresa al almacén.
Me dispongo a mandar un mensaje a Leandro, creo que tengo que comentarle esto.
«Escribo»
«Hola, Leandro.
Sabes, necesito entregar un libro a tu jefe, pero la señora Lange tiene sus dudas en mandarme, le pregunté porqué y dijo que algo no le había gustado de mí al señor Caffarelli. El problema es que no hay nadie más disponible para llevarle su pedido. ¿Crees que si voy a su casa de nuevo se moleste demasiado? Y otra cosa, ¿porqué crees que no quiera que yo le lleve su libro?
Bueno, espero no te haya interrumpido, sólo te quería comentar porque tú lo conoces más, pero no importa, creo que tendrá que esperar entonces, porque no hay nadie más que este disponible para llevarle su libro.
Besos. Olivia :) »
Creo que mentirle un poco no será tan grave, además pensándolo bien, es mejor no ir a la casa de ese hombre.
Mi teléfono suena y veo que es un mensaje de Leandro.
«Me alegraste el día, no sabes cuanto deseaba saber de ti».
No puedo evitar sonreír como tonta, sigo leyendo:
«Con respecto a mi jefe, bueno creo que es mejor que yo vaya por el libro, o en todo caso, mejor dámelo tú cuando nos veamos en el parque hoy.
Pd. Ya quiero verte.»
Vuelvo a sonreír como una tonta, ay, es que me encanta esto que me esta pasando, me siento como una chiquilla en su etapa de enamoramiento. Suspiro.
Con respecto a lo que me dijo de su jefe, no me quedó muy en claro, creo que le mandaré un mensaje antes a ese tal Caffarelli.
«De: "La tinta de la Vida"
Para: Fernando Caffarelli.
Asunto: Ya encontramos su libro faltante.
Buenos días, señor Caffarelli, su libro ya ha sido encontrado. Pido una disculpa en nombre del personal de la librería, si gusta podemos ir a entregarle hoy mismo el libro a su domicilio.
Esperamos su pronta respuesta, gracias.
Pd. ¿Qué problema tiene con la chica que le llevó la última vez su pedido?»
Sé que no debí hacer eso, pero es que necesito saber qué hice mal o cuál es su problema.
Pero enseguida recibo respuesta, «Wow, no me esperaba tanta rapidez».
Leo el mensaje:
«De: Fernando Caffarelli.
Para: "La tinta de la vida"
Asunto: no tengo problema alguno.
Muy buen día, señora Lange.
En realidad no tengo problema con la chica que vino la última vez, sólo que no me gusta que manden a una mujer sola y desprotegida a entrar a la casa de un extraño.
Disculpe si se mal entendió mi mensaje.
Pd. Mi asistente irá por el libro, gracias.»
Creo que debo aclarar que no soy la señora Lange, sino la meteré en problemas.
«De: "La tinta de la Vida"
Para: Fernando Caffarelli.
Asunto: Aclarar.
Disculpe, pero no soy la señora Lange, en realidad soy Olivia, la chica que fue la última vez a entregarle su pedido.
Pd. Estaremos esperando a su asistente, recuerde los horarios. Gracias.»
Y enseguida llega otro mensaje.
«De: Fernando Caffarelli.
Para: "La tinta de la vida"
Asunto: lo siento.
Perdón, señorita Olivia, le ofrezco nuevamente mis sinceras disculpas, espero que no haya problema alguno en el futuro por este mal entendido.
Pd. Mi asistente me habló de usted, así que me parece perfecto que él vaya, ya que según entendí son muy buenos amigos.»
Me sonrojo con lo último que leo. Entonces eso me confirma que Leandro le ha hablado de mí.
¿Le enviaré una respuesta…? Creo que sí.
«De: "La tinta de la vida"
Para: Fernando Caffarelli.
Asunto: Disculpas aceptadas.
Acepto sus sinceras disculpas, igualmente yo espero que este asunto no cause problemas futuros.
Hasta pronto.»
___Fernando___
—¿Qué tanto haces?— pregunta Giulia acercándose hasta mí, pero rápidamente cierro la ventana de mi ordenador.
—Digamos que ya sé como investigar a Olivia, déjamelo a mí— Giulia se cruza de brazos y me mira con sus ojos entrecerrados.
—Te daré un plazo.
—¿Plazo?— pregunto incrédulo.
—Sí— dice retando. —Si tú no descubres qué chica es en realidad Olivia Carter, créeme que yo empezaré a investigarla, y sin tu aprobación— dice y se retira.
Vuelvo a abrir la ventana de mi ordenador, sonrío al ver el último mensaje, necesito contestarle algo... ¿Pero qué?
«Pienso»
¡Ya sé qué escribirle!
«De: Fernando Caffarelli.
Para: "La tinta de la vida"
Asunto: ¿?
Disculpe señorita Olivia, pero creo que usted sigue molesta... ¿Puedo hacer algo en específico para que perdone mi mal entendido?
Pd. Espero que me conteste este mensaje.»
Y lo envío; tal vez me estoy pasando un poco con este intento de coqueteo, pero quiero ver hasta donde llega Olivia con un hombre... sólo espero que así como tuvimos una química rápida entre el "yo Leandro" y ella, no sea así con cualquiera.
Veo mi bandeja de entrada y enseguida llega su respuesta. Me emociona saber lo que dirá.
«De: "La tinta de la vida"
Para: Fernando Caffarelli
Asunto: No se preocupe.
Señor Caffarelli, sus disculpas las he aceptado, no se preocupe.
No es necesario que haga algo en específico, sólo déjelo así.
Pd. ¿Porqué dudaba que le contestara?»
Sonrío al leer lo último, pero vaya que me sorprendió la forma sutil de evadirme. Aunque esto me anima para seguir intentando, es que es como un reto a mi ego.
Necesito darle una respuesta.
«De: Fernando Caffarelli.
Para: "La tinta de la vida"
Asunto: Me agrada.
Así como el asunto dice... Usted me agradó. Creo que es alguien de carácter, de ahí ha que creyera que no me contestaría.
Me alegra que nuestro mal entendido se aclarara, me siento contento.
Pd. ¿Creerá que soy un atrevido si la invito a tomar un café?»
Y lo envío.
Tal vez con eso último me he pasado en realidad, pero necesito sacarle algo...
Así que antes de que me conteste, me coloco mi saco, salgo de la oficina y les indico a mis tres escoltas que saldremos.
De camino al ascensor me encuentro a Giulia.
—¿A dónde vas?— pregunta rápidamente y se coloca frente a mí.
—Voy a recoger un libro— ella junta sus cejas muy extrañada.
—¿Un libro? Para eso manda a Simmon o a alguien más— niego.
—Tengo que ir yo— le digo y me hago a un lado para seguir mi camino.
—¿Y vas por un libro o vas a ver a la tal Olivia?— sonrío y ella niega divertida por haberme atrapado.
—Por los dos motivos— y entro al elevador, ella sonríe y las puertas se cierran.
Reviso mi celular, abro mi correo y veo que ya ha llegado la respuesta, estoy nervioso, pero necesito saber de qué sería capaz Olivia.
«De:"la tinta de la vida"
Para: Fernando Caffarelli.
Asunto: Lo invito a cenar.
Al leer el asunto no puedo evitar sentir una desilusión, creo que aquí es donde todo vuelve a ser como antes; "mujeres interesadas que atraigo" . Suspiro decepcionado, pero es mejor saber qué tipo de persona es alguien antes de involucrarme más con ella. Pero en fin... Leeré lo demás.
Mejor lo invito a cenar esta noche en mi casa, también vendrá su asistente Leandro...
¡¿Qué?! Es una broma, tiene que ser eso, no puedo creerlo, ella esta siendo muy sutil para decirme que no le intereso. ¡Perfecto! Ella es alguien extraordinaria, me siento más feliz. Necesito llegar ya con ella.
Término de leer el mensaje:
Puede acompañarnos, ya que sólo seremos tres personas, pero no hay problema.
Pd. Espero acepte mi invitación, creo que a Leandro le hará bien convivir de esta forma con usted que es su jefe.
Hasta pronto, señor Caffarelli.»
¡Vaya! Eso sí me sorprendió. Creo que ya no le contestaré. Además casi llego a la librería.
___Olivia___
Que sujeto más insistente, espero que con esto se tranquilice, de todos modos espero que no vaya a la cena.
Lo que me asombra más es mi cambio en las acciones que estoy tomando de ahora en adelante; hace un tiempo atrás hubiera aprovechado esta oportunidad para conquistar a un hombre como Caffarelli, pero definitivamente ya no soy la misma, además siento que debo tener una lealtad con Leandro, no sé, es como si estuviéramos en un proceso de conquista.
Veo la bandeja de entrada, ya no tengo ningún correo pendiente.
Las horas pasan y la señora Lange aún no regresa.
Escucho la puerta del negocio abrirse con su particular sonido de una campanilla que cuelga en esta y ahí está, es Leandro, va entrando con su traje de ejecutivo; así vestido parece alguien muy importante en el mundo de los negocios. Es tan guapo.
Él levanta su rostro mientras sacude su cabello de algunas gotas de lluvia que ya han empezado a caer. Sonríe y se acerca hasta el mostrador, yo salgo de mi lugar de trabajo antes de que llegue a mí y me coloco frente a él. Nos miramos un instante, mi sonrisa se ha hecho más pronunciada y la de él igual, después pestañeo rápidamente un par de veces y él toma la iniciativa, se inclina y me da un cálido beso en la mejilla, lo que hace que yo cierre mis ojos deleitándome de este momento.
No lo pienso dos veces y yo le devuelvo el beso, él gira su rostro, no sé si lo ha hecho a propósito, pero enseguida mis labios tocan la comisura de los suyos, aún así término mi beso con todo el tiempo prolongado posible que me permito y me alejo poco a poco hasta verlo a sus hermosos ojos cafés. Me sonrojo y veo un leve rubor en las mejillas de él también.
—Te extrañé— emite con su tono de voz varonil pero suave, y me estremezco. Sus palabras llegan a mí como si se tratara de la brisa que acaricia mi piel. Es tan maravilloso.
—Yo te extrañé también— le confieso avergonzada y él enseguida toma mi mano izquierda. Me quedo sorprendida, pero enseguida siento que coloca algo dentro de ella y me acerca mi mano indicándome que la abra.
Cuando la abro, me quedo confundida, se trata de una hoja de una planta, aunque creo saber de qué es... Yo esto lo había visto antes en un cuadro pintado, fue exactamente en la oficina aquella donde me llevaron cuando no pude pagar la cuenta del restaurante de Giulia, ahí fue, aunque también fue en la mansión del señor Caffarelli. Es una hoja de la planta de uva.
Lo miro un poco confundida.
—¿Te gusta?— me pregunta y no puedo evitar sonreír, pero no con burla, más bien es una sonrisa de ternura por él, puesto que este regalo me parece tan bello por el sólo hecho de que él me lo ofrece.
—Sí— le digo con felicidad contenida.
—Perfecto— sonríe complacido por mi respuesta, —Entonces devuélvemela— «¡¿Qué?!» Y extiende su mano esperando que le regrese la hoja. Me siento avergonzada por haber creído que me la obsequiaba.
—Ah... sí.... sí, aquí esta— le digo torpemente y le coloco la hoja en su mano. Pero parece que él se percata de mi desconcierto y desilusión, porque enseguida deja de sonreír.
—Perdón, no quise hacerte sentir mal— se apresura a aclarar, —Es un regalo para ti, pero aún no esta listo, sólo quería asegurarme como se veía en contraste con tu piel.
—¿Qué?— pregunto confundida.
—Esta hoja es de una uva llamada cabernet sauvignon, en realidad son más grandes, pero este pequeño tamaño es perfecto.
—No entiendo— le digo y él sonríe.
—Creo que soy muy malo para dar sorpresas— rasca su nuca como en señal de nerviosismo y yo le sonrío entendiendo un poco a qué se refiere, —Quiero hacer esta hoja un dije, para ti.— Junto mis cejas pensando en cómo se vería eso y me confunde.
—¿No crees que se marchitará pronto y después se caerá en pedazos si la uso como un dije?— vuelvo a tomar la hoja de su mano y la observo, —Mejor obsequiamela así, la pondré en un libro que me encanta y así siempre que vea el título de esa historia recordaré esta hojita y por consiguiente a ti— le sonrío y él me devuelve esa magnífica sonrisa.
—Se escucha tentador, pero no— y me arrebata la hoja, yo me quedo pasmada y él ríe como un niño travieso, —Tengo mejores planes para esto— agita la hoja haciendo que esta haga un baile de un lado a otro. Entrecierro mis ojos, pero ya no me da tiempo de protestar, pues en este momento vienen llegando los señores Lange.
—Hemos llegado, Olivia— dice la señora Lange. Asiento en saludo y rápido desvío mi mirada a Leandro que se ha puesto a observar unos libros, dando la espalda a nosotros.
El señor Lange ve el reloj de pared y se sorprende, —Olivia creo que ya debes irte, es tarde.
—Sí, sólo iré por mis cosas— le doy un último vistazo a Leandro antes de ir al almacén por mis cosas. Pero sólo escucho como la señora Lange le pregunta si ha encontrado lo que buscaba.
Cuando término de tomar mis cosas, me dirijo con la señora Lange.
—Me voy— le digo y asiente. Me percato que Leandro ya no esta, así que salgo rápidamente para verificar si esta afuera.
Después de mirar hacia todos lados decido caminar. «Rayos. Esta aumentando la intensidad de esta llovizna».
—¿Te llevo?— escucho su voz y sonrío. Giro mi rostro y ahí esta, es Leandro, está en un auto. Se baja del vehículo y me acerco a él.
—Creí que te habías ido.
—Imposible. Además tenia que aprovechar esta ocasión para acompañarte— y vuelvo a sonreír ya un poco ruborizada. Me abre la puesta del copiloto y con su mano me invita a entrar.
—Gracias— le digo y cierra la puerta. Veo como rodea el auto y rápido mi sonrisa se desvanece. ¡El libro!
—¿Lista?
—No— le digo y él frunce su ceño, —Se me ha olvidado el libro del señor Caffarelli,— pero él sonríe y niega.
—No te preocupes, se lo he pedido a la mujer aquella.
—Oh— logro decir y enseguida arranca el auto.
___Giulia___
Un mensaje llega a mi celular, veo que el remitente es uno de mis hombres de confianza. Pero cuando leo la información no puedo creer lo que veo, es Fernando con esa mujer llamada Olivia... ¡Es Olivia Reed!
¿Pero cómo pudo pasar esto? Pobre de mi primo, tan ilusionado que esta, no puedo romperle su momento de felicidad. Pero tampoco puedo dejar que esa mujer se aproveche de él.
—Piensa, Giualia— me digo a mi misma mientras camino de un lado a otro en mi oficina. Veo nuevamente la foto, aún no puedo creer que esto este pasando. Acerco un poco más la imagen y puedo apreciar esa sonrisa en el rostro de mi primo que hace tiempo había perdido. Suspiro, cierro los ojos y estrujo mi móvil. «Necesito decirle a Fernando quién es ella. Necesito hacerlo».
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Gracias por leer.