__Olivia__
—¿Conoces a Giulia?— Leandro me pregunta un poco sorprendido. Rápidamente me pongo en alerta, creo que ahora no se qué decir.
—Bueno... Yo…— «Vamos Olivia, piensa». —Trabajé en su restaurante— miento, pero es mejor así, ya no quiero recordar ese tiempo corto en que trabajé en ITAFF y fui humillada.
El rostro de Leandro es de asombro, frunce un poco su ceño como si estuviera recordando algo.
—Ya veo...
—Pero y qué hay de ti, ¿de dónde la conoces?— pregunto rápidamente antes de que me vuelva a****r con otra pregunta de la cual me sea imposible excusarme.
—Ah… Yo…— parece nervioso, o tal vez soy yo la nerviosa y por eso veo cosas donde no las hay. Ay por dios, qué coincidencia, todo iba tan bien y ahora él conoce a Giulia. —Trabajo en su empresa, ITAFF— ¡¿qué?!
—¿Ense... Enserio?— tartamudeo y sonrío con desesperación, —Oh, mira. Los dos trabajamos para la misma persona, bueno, es decir, yo trabajaba para ella, tú aún trabajas, jejeje— quiero meter mi cabeza en un hoyo, no puedo creer que él trabaje en la empresa esa. Eso significa que tarde o temprano se enterará de lo que pasó, o tal vez ya lo sabe, por eso a mí se me hacia conocido su rostro.
—Bueno, creo que me tengo que ir— dice un poco decepcionado. —Creo que mañana te veré... si no te molesta.
—Por supuesto que no— sonrío. Se acerca mí y me da un beso en la mejilla. Yo cierro mis ojos al momento que siento el contacto de mi piel con sus labios.
—Hasta mañana, Olivia— y sonrío, él toma las bolsas de pan y sale.
«Wow, que chico más apuesto y agradable». Pienso mientras suspiro. «Sólo espero que no se entere de mi terrible pasado en esa empresa».
__Giulia__
Estoy sentada en el despacho de la casa de Fernando, necesito movilizar este asunto y acabar con esa mujer, aunque vaya sorpresa que me he llevado con toda esta nueva información, al parecer tenía una doble vida con un hombre importante de aquí de América. Maldita zorra, es astuta, pero no más que yo, y cuando la atrape, me conocerá.
—Signorina Giulia, il signore è già arrivato (señorita Giulia, el señor ha llegado)— dice Angelo y me dispongo a salir del despacho.
—¿Dov' è? (¿Dónde está?)— pregunto mientras paso por la estancia.
—È in cucina (en la cocina)
—In cucina?! E cosa ci fa lì? (¡¿En la cocina! Y qué hace ahí?)— cada vez me sorprende más Fernando.
—Dice che ha portato il pane (dice que ha traído pan)— entonces decía la verdad cuando dijo que pasó a comprar pan, pero ¿qué pretende mi primo?
Llego a la cocina y Angelo se retira.
—Non andare Angelo, ho portato anche per te (no te vayas Angelo, he traído también para ti)— dice mi primo con un estado de ánimo muy alegre. ¿Pero qué rayos? Veo cinco bolsas de papel llenas de pan que están sobre la isla de la cocina, hay sirvientes tomando algunos, inclusive los hombres de jardinería, hasta los escoltas.
Angelo se acerca y toma uno, pero mi primo insiste en que tome más piezas. Ay por dios, ¿qué le sucede a mi primo?
—Fernando— lo llamo, pero él sólo alza sus cejas en señal de saludo y sonríe. Así que decido acercarme a él, —¿Será que terminarás pronto con eso?
—No te preocupes— dice y empieza a abrir otra bolsa, —Angelo, reparte por favor— Angelo asiente y después Fernando se acerca a mí, —Vamos a mi despacho— dice y sale primero de la cocina, yo lo sigo en silencio. Veo su espalda, su forma desenvuelta de andar, esa felicidad inexplicable... No, todo tiene una explicación.
—Fernando.
—¿Qué?— dice sin detener su andar, ni voltear siquiera.
—¿Por qué estas muy feliz?— pero enseguida empieza a reír.
—¿Acaso tiene algo de malo que me sienta feliz?
—No es eso, lo sabes. Pero tú no te pones así de la nada, debe haber algún motivo.
—Sí— dice, pero como debía esperar, no me da alguna explicación. Ruedo los ojos y mejor trato de olvidar el asunto, en algún momento me enteraré.
Llegamos al despacho en el que minutos antes me encontraba, sólo que ahora él toma asiento en su lugar, que es detrás de su gran escritorio y yo me siento frente a él.
—¿Y qué es esa nueva información que tienes?— va directo al grano. Perfecto, sin perder tiempo.
—Descubrieron mis contactos que tu ex prometida el día del accidente estuvo presente en la boda falsa de Mark.
—Ya veo— dice pensativo al momento que tamborinea sus dedos contra la madera, —¿Pero entonces queda descartada?
—No, al contrario. Dices que ella te llamó, ¿no es así?— asiente, —Pues esa tarde, que supuestamente te dijo que te esperaba en la casa de unos amigos, que es justo en la zona por donde fue la ceremonia...
—Sí, lo sé, es la misma zona por donde se encuentra la casa de Mark también y cerca de donde sufrí el accidente. Pero ella nunca me mencionó que asistiría a la boda de Mark. Ni siquiera sabía que lo conocía.
—Porque ni siquiera ella sabía de esa boda, lo que pasa es que se encontró con Jayson y este la invitó. Y yo tampoco sabía que conocía a los Smith, lo que me facilitará las cosas, porque Jayson me debe algunos favores, llegó la hora de cobrarmelos, ya verás que me dirá todo lo que sabe de esa mujer.
—Giulia, cambiando un poco de tema— rápido capta mi atención, ¿de cuándo acá mi primo deja de lado el tema de su ex prometida?
—Dime.
—Lo que pasa es que hoy conocí a una chica...— sonrío triunfante, sabía que algo se traía entre manos mi primo.
—¿Quieres que la investigue?
—No,— dice rápidamente, —no es eso.
—Sabes que debes tener precauciones, no quiero que te involucres con mujeres que tienen un historial obscuro.
—Lo sé, pero lo que quiero saber es si tú la conoces.— Frunzo mi ceño, —Lo que pasa es que ella me escuchó mencionarte, cuando hablamos, y después me dijo que había trabajado en un restaurante tuyo.
—Más bien tuyo, yo sólo te cuido los intereses.
—Sí, ya se que son míos, pero ella no lo sabe.
—Chico inteligente— digo con sorna y él niega, —¿No me digas que no sabe que eres el famosísimo Fernando Caffarelli?— digo teatralmente y él ríe.
—No lo sabe, y esperemos que no lo sepa por el momento, ¿de acuerdo?— lo veo con mis ojos entrecerrados, ¿qué trama? —Ella se llama Olivia...
—¡¿Qué?!— exclamo asombrada, —¿No me digas que es...?
—Jajajaja, claro que no. Ya sé que es una coincidencia, pero esta chica se apellida Carter, la ex prometida de Mark creo que es Reed.
—Sí, es Olivia Reed. Pero ya dime, ¿qué me quieres decir?— digo un poco ansiosa, pues me agrada que mi primo ya esta superando a su ex.
—Eso.
—¿Qué?— pregunto confundida.
—¿Qué en cuál de los ocho restaurantes ella estuvo trabajando?
—No sé, ni siquiera me acuerdo de su nombre, ¿porqué no se lo preguntaste tú?
—No quería ser muy obvio demostrando que sé todo de La famosísima Giulia Taffini— dice imitandome teatralmente y yo río a carcajadas.
—Ok, investigaré.
—No, así déjalo.— Dice rápidamente. —Pero te aviso que mañana iré de nuevo a verla— abro los ojos tanto que puedo sentir mis pestañas pegar hasta mis cejas, y arrugo mi frente. No puedo creer que tan pronto se haya interesado en una chica.
—Mira, no la investigaré, pero ten cuidado.
—Sí, lo estoy teniendo, de hecho ella cree que me llamo Leandro— y se encoge de hombros. Veo al techo y suspiro.
—Creo que no te rompiste la cabeza en buscar un nombre— digo con ironía, —sólo te advierto una cosa.
—¿Qué?
—No la enamores, si ya empezaste a mentirle es mejor que no la hagas ilusionar, sólo piénsalo Fernando, ¿qué le dirás al final, cuando tengas que decirle quién eres en realidad?
—Creo que no llegaremos a tanto, no te preocupes.
—Eso espero.
__Olivia__
—Meredith, ya me retiro— le aviso a la hija del dueño, que también es mi compañera de trabajo. Ella es la que me cubre en mi hora de comida.
—Espera, Olivia— sale corriendo de la parte trasera de la panadería. Me detengo a ver qué pasa, —No te puedes ir sin contarme quién es ese guapo hombre y sexi que no te quitaba los ojos de encima— su emoción sólo me causa gracia, «Ay, Meredith...» Suspiro.
—Lo conocí apenas hoy, en el parque. En realidad no se mucho de él.
—Pero si que esta bueno, ¿verdad?— dice toda emocionada y yo río.
—Pues...
—Ay, no me digas que no lo viste bien— dice fingiendo malestar.
—Sí— siento como mi cara arde, no se porqué el tan sólo recordar su mirada me hace sentir extraña, es como si se tratara de algún chico de mi adolescencia del cual me gustaba y cuando me hablaba me ponía nerviosa. —Supongo que sí. —Meredith rueda los ojos.
—Bueno, ya no insistiere en sacar tu lado romántico,— río a carcajadas por sus palabras, —Mejor dime, ¿te dio su número telefónico?
—No— digo por lo bajo, porque sé que me reprenderá.
—¡Pues muy mal!— lo sabía, ahora me dará un sermón por eso, —Espero que vuelva por aquí pronto, así le pides su número y también sirve que le da ganancias a la panadería— sonrío y ella también, —¿viste la cantidad que llevó? Que chaval mal extraño.
—Tal vez le encanta el pan— me encojo de hombros y ella parece meditar mis palabras.
—Tal vez.
—Bueno, ya me voy, es tarde. Hasta mañana— y salgo rápidamente antes de que vuelva a detener mi camino.
Cuando por fin llego a la casa, Nancy ya se encuentra ahí, puesto que ella sale antes del trabajo, así que lo bueno de eso, es que ella cocina.
—Ya llegué, Nancy— le aviso y me dirijo a la que es mi "habitación". Esta consiste en el sofá-cama, una pequeña cajonera de plástico que compré en una venta de garaje, un juego de sábanas con un edredón y una almohada. Eso es todo lo que tengo, pero pronto tendré más, cuando me mude.
—Cámbiate de ropa, la cena ya esta lista— me avisa desde la cocina, así que tomo un conjunto de ropa ligera y me dirijo al baño a cambiarme.
La cena consiste en tomate con perejil, apio y queso cotage. Cenamos ligero, pero cuando es día de descanso, aprovechamos en comer todo lo que nos privamos en la semana.
—¿Y qué tal te fue hoy en el trabajo?— me pregunta, Nancy. Enseguida se me viene a la cabeza Leandro.
—Bien... supongo.
—Ey, no te desanimes. Ya verás que pronto consigues tu propio piso.— me da ánimos y yo le sonrío.
—Hoy conocí a un chico...— suelto de improvisto y Nancy alza una ceja al momento que esboza una pequeña sonrisa.
—Debe ser alguien importante, digo, para que lo menciones.
—Supongo... Aunque no sé... ¿Te digo la verdad?
—¿Qué pasa?
—Es que... siento que lo conozco.— me quedo pensando, aunque tal vez ya sé la causa, —Pero supongo que es porque lo vi en alguna otra ocasión.
—¿Por qué dices?
—Porque él dice que trabaja para Giulia Taffini, lo sé por que escuché cuando hablaba por teléfono con ella. — Nancy frunce su entrecejo y me mira.
—Deberías tener cuidado, recuerda que toda esa gente gira al rededor de Mark.
—Lo sé. No creas que no pensé en eso. Pero debo admitir que es un sujeto muy agradable.
—¿Y como se apellida?
—Ni idea— y me suelto a reír. Nancy rueda los ojos.
—Creo que tus habilidades para conquistar ya se oxidaron— y reímos las dos.
—Supongo que sí— suspiro.
*
*
*
A la mañana siguiente.
—Olivia, te necesito en caja.
—Enseguida voy, señora Lange.
Hoy es un día muy ocupado, puesto que llega un nuevo libro, eso y los pedidos anteriores que han hecho los clientes de diversos volúmenes.
—Necesito que mandes un correo al señor Caffarelli, dile que su pedido ha llegado, que si gusta que se lo llevemos o que si él vendrá,— ay no, sólo espero no volver a ir a su casa. La primera vez todo salió bien, pero no quisiera encontrarme a Mark... Aunque es casi imposible, ya que Mark casi no frecuentaba a Caffarelli.
—Esta bien— le digo y escribo.
»De: librería "La tinta de la vida"
Para: Fernando Caffarelli.
Asunto: Llegó el volumen faltante.
Buenos días.
Señor Caffarelli, ha llegado el último volumen de su pedido, si gusta puede pasar a recogerlo o en todo caso si usted gusta puede contar con el servicio a domicilio.
Los horarios de la librería "La tinta de la vida" son:
L-M-M-J-V de 8:00 a 15:00 y 16:00 a 21:00
Sábados 8:00 a 14:00
Esperamos su pronta respuesta de acuerdo a lo que decida.
De antemano un saludo por parte del personal de La tinta de la vida.«
—Creo que así esta bien,— me digo a mí misma.
Pero no pasan ni cinco minutos cuando recibo la respuesta.
»De: Fernando Caffarelli.
Para: "librería la tinta de la vida"
Asunto: Iré yo mismo.
Leo lo primero y me sorprendo, ¿en verdad piensa venir el señor Caffarelli aquí? No me lo creo, pero veamos qué más dice.
Iré yo mismo alrededor de las 17:00 horas. «
Y ya, eso es todo. Al menos no estaré para cuando él venga. Aunque... pensándolo bien, me hubiera gustado saber como es el tal Fernando Caffarelli.
Las horas transcurren, yo me traslado a mi otro empleo, Meredith estuvo insistiendo en que fuera más provocativa con Leandro, pero esas cosas ya las he dejado atrás. Tal vez es como dice Nancy, ya me oxidé.
Cuando se llega mi hora de comida, salgo, me dirijo a comprar comida en un puesto de comida rápida, compro dos hotdogs, una dona de chocolate y un jugo de naranja.
Camino tranquilamente por el parque, hoy parece un día más agradable, hay parejas tomadas de la mano, niños paseando a su mascotas... Lo que me recuerda a Cal, sé que no podrá permanecer tanto tiempo en este parque, algún día lo atraparán y se lo llevarán a una perrera, pero ¿qué puedo hacer yo? Aunque eso es otro motivo para mudarme más rápido, conseguir un sitio donde permitan mascotas, y así podré sacar a Calcetas de este sitio.
Veo a calcetas sentado donde siempre, pero no esta solo, sonrío tontamente el saber quién es esa persona. Leandro. No creí que vendría.
—Hola— saludo y tomo asiento a su lado, enseguida calcetas se posa junto a mí. —Hola, calcetas.
—¿Cómo estas?— me pregunta Leandro con su voz varonil y con una sonrisa de lado.
Es tan guapo, me encanta ese aire fresco y relajado que despide, aunque no tiene los rasgos de Mark, eso es lo interesante, él es lo opuesto. Con su cabello un poco largo y obscuro sin arreglar demasiado, y esa barba de días, no sé, es simplemente un hombre común, simple, pero que me atrae, y eso es lo bueno, porque estoy redescubriendo otra faceta en mí y esa es que no necesariamente necesita ser un millonario para atraerme.
—Bien— digo un poco ruborizada. Él asiente sonriendo y veo que saca algo de su mochila, pero mis ojos se abren demasiado cuando veo lo que es...¿coincidencia?
—Yo también traje algo para acompañarlos— dice sacando primero un libro similar al que el señor Caffarelli recogería hoy en la librería, lo pone a un costado de él y yo lo observo bien, sí, definitivamente es ese... Después saca lo que parece comida, —Y claro, para compartirle a calcetas— dice sonriendo.
—Que amable— le digo sonriendo también y él me dirige una mirada profunda. Ahora puedo ver que tiene una cicatriz por un costado de su ojo izquierdo, es muy tenue, pero si presto demasiada atención y con la cercanía que tenemos, se puede apreciar con facilidad.
—Eres muy bonita Olivia— dice aún mirándome y yo rápidamente le retiro la vista y me sonrojo como jitomate. Él enseguida sujeta mi mentón y me hace que lo vuelva a mirar dirigiéndome con su mano de un modo delicado, —No te avergüences, ¿sabes?—sonrío, —Ayer me lamenté por no haberte pedido tu número telefónico, —dice y yo recuerdo a Meredith, vaya que me insistió en eso.
—Pero hoy en un nuevo día, puedes intentarlo...— alzo una ceja, pero rápido me controlo, no quiero parecer provocativa, —Es decir, puedes pedírmelo hoy,— sonríe y yo me vuelvo a apenar.
—Entonces, ¿podrías darme tu número de móvil?— asiento. Él saca su móvil y yo al verlo dudo un poco, pues este parece un modelo reciente que salió al mercado, además se ve caro, todo lo contrario al mío que es un modelo viejo y no es de esos teléfonos inteligentes. —¿Qué pasa?
—Ah, nada— saco mi móvil del bolsillo de mi pantalón y busco mi número, pues no me lo he aprendido. Cubro mi teléfono con mis manos al momento que le digo el número, —es 222...— él lo anota en su móvil y enseguida de que termina marca mi número. Mi celular suena y enseguida rechazó la llamada.
—Es para que tengas mi número también— dice sonriendo y yo asiento, después vuelvo a guardar rápido mi móvil. Pero enseguida recuerdo el libro.
—¿Puedo verlo?— le digo tomando el libro y asiente. —Se ve nuevo, ¿lo acabas de comprar?
—Así es, de hecho vengo de allá, pase a recogerlo y enseguida me dirigí acá— dice y eso me pone en alerta, ¿será posible que sea el mismo pedido del señor Caffarelli? Indagaré.
—¿En qué librería compras tus libros?— le pregunto sin mostrar demasiado interés.
—En realidad no compro mis libros en esa librería, sólo he pedido algunos, como este— y señala al libro.
—¿Y cómo se llama la librería?— insisto. Veo bien la portada de este mientras muerdo mi hotdog, luego escucho que me llora calcetas y recuerdo darle.
—Se llama "La tinta de la vida"— ¡qué! Me atraganto con el pan y empiezo a toser. —Cuidado— dice dándome unos golpecitos en la espalda, —Ten— me ofrece un poco de agua de su botella.
—Gracias— doy un sorbo. ¿Será posible qué él sea Caffarelli? No, imposible.
—¿Mejor?
—Sí— le digo y le devuelvo la botella, —Leandro, tú dijiste que trabajas para la señora Giulia, ¿cierto?
—Ssi— dice un poco dubitativo.
—¿Qué tipo de trabajo haces ahí?
—Bueno... Yo…— toma agua y yo lo observo, veo como su hueso hioides sube y baja cuando se traslada el agua a través de su garganta, después cierra la botella y la observa, —Soy asistente del señor Caffarelli.— Sabía que tenía algo que ver con ese hombre, lo sabía.
—Oh, ya veo— digo entendiendo todo, aunque... No, ¿porqué él abriría el libro nuevo del señor Caffarelli? —Leandro, te contaré algo muy extraño— digo riendo nerviosa.
—Dime.
—Hoy en la mañana mandé un correo, y a que no sabes a quién fue— le sonrío y él ladea su rostro no comprendiendo mis palabras. —Fue a tu jefe, al señor Caffarelli.
__Fernando__
¡¿Qué?! ¿cómo que me mandó un correo?
Trato de controlar mi asombro, necesito saber más. —¿Ah, sí?
—Sí, de hecho yo trabajo en esa librería— ¡¿QUÉ?!
—¿Enserio?— siento que me atrapará.
—Sí, y hoy me comuniqué con tu jefe, dijo que iría alrededor de las cinco de la tarde, pero yo a esa hora no estoy, lo raro es que este libro— y agita mi libro en su mano, yo lo veo con mis cejas juntas, no sé si me vaya a descubrir —Es el mismo que recogería, estoy segura.— ¡Rayos!
—Sí, es... Es este— «piensa, piensa» —Lo que pasa es que él me tiene mucha confianza, digamos que puedo abrir un libro nuevo y leerlo antes que él.
—Genial, creo que ha de ser un jefe muy relajado— «si supieras». Pienso nervioso.
—Algo así.
—¿Te cuento algo más asombroso?— ¿otra cosa? Por favor, sólo que no sea sobre mí.
—Claro.
—Ayer en la mañana estuve en la casa de tu jefe— volteo a verla rápidamente a sus ojos, espero que sea una broma, no, parece que no miente.
—¿Dijiste en su casa?— ella asiente, —Pero...¿cómo? Es decir, yo me encontraba ayer en la mañana con Caffarelli... ¿Segura que era su casa?
—Sí, de hecho su ayudante Angelo fue muy amable— y con eso me confirma todo. Angelo es la clave.
—Ya veo, que casualidad... No nos vimos
—Lo sé, que extraño,— se queda pensativa, —Oye, tú mencionaste que trabajas para Giulia, pero eres asistente de Caffarelli, no entiendo.
—Bueno, lo que pasa es que en realidad es como si trabajara para los dos, por que ellos son primos.
—Oh, eso no lo sabía— y coloca su dedo índice sobre sus labios como meditando.
—Pero mejor dejemos ese tema de lado, cuéntame algo sobre ti, ¿qué pasatiempos tienes, dónde vives, aparte del trabajo de la librería y la panadería, tienes otro?— ella ríe y niega.
—No, sólo son esos dos. Mi día de descanso de mis empleos es el domingo, por lo general no salgo mucho, me la paso con mi amiga Nancy, vemos peliculas y nos platicamos todo lo de la semana, ella tiene un empleo como secretaria en la empresa Syrah.
—¿Syrah?— pregunto asombrado, —Yo conozco al dueño de la empresa, se llama Mark Smith.
—Sí, así se llama.
—¿Y por qué no trabajas ahí tú también?
—Porque no tengo ningún estudio— dice un poco apenada, por lo que me siento un poco mal de habérselo preguntando.
—Si no es mucha indiscreción, ¿qué edad tienes?
—Veintiuno— me asombro y sonrío.
—Pero si eres muy joven, aún puedes estudiar algo.
—Sí, lo sé. Pero no cuento con el dinero suficiente, además estoy ahorrando para irme a rentar un piso, porque me quiero llevar a calcetas conmigo— y acaricia a Cal. —Sé que si no me apresuro podrían llevárselo antes a una perrera.
—Yo podría ayudarte.
—No, que pena, sería aprovecharme. Apenas y nos conocemos.
—Esta bien, entonces ¿crees que es necesario conocernos más?
—Pues… sí...— veo que mira al atardecer, yo la observo mientras recorro sus perfil, se ve tan vulnerable, es tan joven y a pesar de eso siente que su tiempo se ha ido. ¿Cuál será su historia?
—Me llamo Leandro Lazzini— empiezo a presentarme, pero no le digo toda la verdad.
—¡Así que te apellidas Lazzini!— dice asombrada, —¿Acaso eres italiano?— yo sonrío.
—Sì, io sono italiano— le digo y ella se queda aún más asombrada, luego ríe.
—Wow. Cuéntame más, pero que yo pueda entenderte— y ahora yo sonrío.
—Tengo 37 años, vivo en...—rayos. No había pensado en eso.
—¿En dónde?
—Mejor luego te invito a mi casa— río nervioso, —¿Qué te parece?— ella parece meditarlo.
—Supongo... que está bien— dice no muy convencida. Tal vez crea que quiero llevarla a mi casa con otras intenciones. ¡Maldición! Debo tener cuidado con lo que digo.
—No pienses mal de mí, por favor. Mira, yo lo que intento hacer es que confíes en mí, que me conozcas, porque como tú dijiste, sólo así aceptarás mi ayuda— pero ella niega.
—No es tanto así, lo que yo no quiero es que creas que soy una aprovechada.
—Definitivamente no pienso eso.— Luego dirijo mi mirada a Cal. — ¿Qué te parece si yo me llevo a Cal a mi casa y así no te preocupas de que un día no aparezca porque se lo han llevado?
—¿Harías eso?— exclama con evidente emoción, algo que a mí me hace sonreír.
—Por supuesto, y cuando tú estés lista puedes llevarlo contigo— pero sin esperarlo, ella se abalanza sobre mí y me abraza.
—Gracias, gracias— repite una y otra vez. Y sin poderme resistir, yo también la rodeo con mis brazos atrayéndola más a mí. Puedo oler su fragancia que despide, es una mezcla sutil de dulce como si fuera una uva, así que sonrío recordando todo lo que eso significa en mi vida.
Ella se separa poco a poco de mí y yo la observo directamente a sus ojos verdes, sin perderme ningún detalle de sus gestos. Su mirada se desvía a mis labios haciéndome jadear, así que me acerco lentamente. Su respiración se vuelve profunda, sus labios rosados y entreabiertos me invitan a probarlos; no podré resistirme y al parecer ella no me detendrá. Así que me acerco más, ella cierra los ojos y yo sonrío, pero apenas rozo mis labios con los suyos alguien interrumpe.
—¿Olivia?— pregunta la voz de una mujer. Rápidamente Olivia se aleja de mí y yo levanto mi rostro para ver de quién se trata.
—¡Nancy!— dice un poco sorprendida, —¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en el trabajo?
—Lo mismo digo— dice la chica llamada Nancy al momento que nos ve alternadamente de Olivia a mí.
Olivia se pone de pie rápidamente y yo igual.
—Te presento a Leandro, es un amigo— dice Olivia y me apresuro a saludar a Nancy.
—Un gusto, Leandro Lazzini— le digo y ella me saluda.
—Nancy Benson, amiga y compañera de piso de Olivia— con que con ella es la persona con quien vive Olivia. Asiento con mi cabeza.
—Estoy en mi hora de comida, por eso estoy aquí, pero ¿a ti qué te paso?— dice Olivia un poco preocupada. Se ve que son muy buenas amigas.
—Me sentí un poco mal, pedí salir unas horas antes, espero que mañana ya este mejor, tal vez sólo me falta descansar.
—Ya veo, bueno, pues vete ya a casa, yo en unas horas más llego— dice Olivia dándole un ligero golpecito en la espalda a Nancy.
—Sí, me retiro ya,— luego dirige su mirada a mí, —fue un gusto Leandro.
—Igualmente, espero volver a vernos— ella asiente y se retira.
De nuevo solos, aunque me duele que no hayamos concluido lo que parecía algo que deseábamos Olivia y yo.
—Bueno, creo que yo también debo irme— dice Olivia viendo su reloj.
—¿Puedo acompañarte?
—Claro— sonríe y yo también lo hago. —Y con respecto a Cal, ¿seguro que podrás llevártelo?
—Por supuesto, sólo te dejo en el trabajo y regreso por él, claro, antes pasaré a comprar una correa— sólo término de decir eso y Olivia vuelve a emocionarse, da un brinquito y me abraza rápido.
—Muchas gracias, ya verás que no tardo en mudarme a un sitio donde acepten mascotas.
—Por eso no te preocupes, Cal puede quedarse el tiempo que sea necesario conmigo.
—Te prometo que yo misma iré a bañarlo— sonrío ante la idea de tenerla en mi casa, aunque... necesitaré un lugar para presentarle como mi hogar, puesto que no puedo decirle que vivo en aquella mansión que ella ya conoce como hogar de Fernando.
Caminamos juntos hasta su trabajo, me despedí y rápidamente marqué al móvil de Simmon.
—¿Señor?— contesta él.
—Manda a Santinni a comprar una correa para perro, yo voy directo de regreso al parque, los veo donde hoy estaba con Olivia.
—Por supuesto, señor.
—Vale.
__________________________________________________
Continúa leyendo…