El comienzo
-Tour en I'air.. Y combinación con un Fouettes
-¡Aww!
-¡Arriba Harica!
El sudor me corría por la frente mientras repetía la misma secuencia de pasos. El ensayo estaba en su punto más exigente, mis piernas me temblaban, el profesor gritaba correcciones, y yo trataba de no perder el compás. Fue entonces cuando mi amigo me alcanzó una carta.
-Harica, llegó esto para ti- me dijo, casi sin aliento.
La tomé con manos temblorosas. El papel olía a un perfume que tenía tiempo sin olerlo. Abrí el sobre y mis ojos se clavaron en una frase, como si todo lo demás se borrara. Mi ñonga... Y luego un texto que dice La señora Rosa no quiere comer desde la muerte de su compañero. ¿Algún familiar?
Sentí que el piso se movía bajo mis pies. Me tambaleé.
-¡Harica!- mi amigo me sostuvo del brazo -¿Estás bien?
No respondí. Solo susurré, con la voz quebrada
-Mi abuela... me necesita.
El profesor me llamó desde el fondo del salón
-¡Harica, concéntrate! ¡No puedes salir en medio del ensayo!
Pero yo ya no lo escuchaba. Salí corriendo del salón, con la carta apretada contra mi pecho.
En el pasillo marqué el número de mi madre. Contestó rápido, como si hubiera estado esperando.
-Mamá...- mi voz se quebró -¿Es cierto? ¿La abuela me escribió?
-Sí, Harica. Te escribió hace dos meses.
-¿¡Dos meses!? ¿Por qué no me lo dijiste?
-Has estado muy ocupada, hija. Tus ensayos, tus presentaciones... pensé que no era el momento. ¡No vengas! Además allá seguro hay quien la cuide..
-¡No era el momento!- grité, con lágrimas recorriendome las mejillas
-Iré a cuidarla.
-Es muy lejos, Harica. Allá es diferente, no es lo que tú crees. Por eso no te dije Hari. No vas a ir.
-Por favor, mamá... ni que hubieran extraterrestres allá. Además es mi abuela..
Colgué antes de escuchar más excusas. Corrí a mi habitación en la academia. Mis zapatillas de ballet estaban en el suelo, mis trajes colgados en la percha. Los miré un rato más. Con lágrimas en los ojos, empecé a meter todo en la maleta.
La puerta se abrió de golpe. Era la directora.
-Harica... si te vas ahora, vas a perder muchas oportunidades. Estás en tu momento. Tu madre se va a molestar muchísimo. Sabes cómo es ella.
Me quedé quieta, con las manos sobre la maleta.
-Lo siento, directora. Es mi abuela. Primero es su salud. Ella está sola,
Ella me miró con dureza, pero luego suavizó la voz.
-Prométeme que practicarás siempre, aunque estés lejos.
Asentí y la abracé.
-Lo prometo.
Salí de la academia con las maletas. El aire de la calle me golpeó como un recordatorio de que todo estaba cambiando. Fuí hasta la casa de mi madre. Al verla en la puerta, sentí que el mundo se detenía.
-Mamá...- dije, con la voz baja
-Vengo a despedirme. Necesito saber cómo llegar a la abuela.
Ella me miró con los ojos hinchados y rojos. Sus brazos cruzados sería
-Harica- susurró -El camino hacia ella no es sencillo. Vas a perder todo solo por ir a ver como muere.
-¡Mamá por favor! Ya soy mayor de edad, además mis abuelos siempre han estado para nosotras. ¿Como puedes decir eso?
-Como quieras, pero después no vuelvas. Si has decidido ir, yo te mostraré cómo.
-Gracias mamá, también te voy. A extrañar mucho. Se que lo dices es porque estás molestas, pero mami. Voy a volver.
¿De donde me leen?