-Hari...- mi madre me miró con ojos cansados -Tu abuela está en Rumanía, en Transilvania. En Napoca, un pueblo lejano de todo.
-¿Napoca?- repetí suave
-Sí. Debes tomar un avión hasta allá y luego un tren hacia Napoca. Pero escúchame bien, allá no hay señal. Nos comunicaremos solo a través de cartas.
-¿Cartas?- dije incrédula.
-Sí, hija. Cuídate mucho. Ese lugar... no es como aquí. No todos te podrán entender. Aunque creo que tú padre me comentó que en ese pueblo si lo hablan la mayoría.
–Esta bien, mamá ¿Tienes algo del dinero que tenia ahorrado?
–Es en serio hija. ¿Me lo estás pidiendo? ¿Como voy a quedar yo?
–Esta bien, pediré prestado. No te preocupes. Cuidate mucho ¿Si?
–Tu también cuídate.. Cualquier cosa me avisas, y no dejes de prácticar..
Sus palabras quedaron grabadas en mi mente.
..........
En el avión, mientras las nubes se extendían, abrí un libro para distraerme. Pero cada página se mezclaba con la voz de mi madre. Allá no hay señal... cuídate mucho... no es como aquí. Cerré los ojos y apreté la carta contra mi pecho. Manuel me había prestado algo de dinero, para poder venir.
Al aterrizar, tomé el tren hacia Napoca. El vagón estaba vacío, silencioso, como si nadie más se atreviera a viajar allí. Me senté junto a la ventana. El bosque se expandía en un verde infinito, los pinos se alzaban como columnas. El tren avanzó sobre un puente oscuro y largo, y sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
Al llegar a la estación, me encontré con hombres enormes, algunos sin camisa, músculos tensos como piedra. Mujeres altas, hermosas, con cabelleras relucientes y ropa deportiva. Sus ojos brillaban, y sus miradas parecían juzgarme. Caminé entre ellos con la maleta en la mano, sintiéndome diminuta. Respiré hondo y avancé sin mostrar nervios.
Entré a un pequeño local y saqué mi libreta.
-Disculpe...– el señor me observó con su seño fruncido, mostré la dirección por si no me entendía
–¿Necesita ayuda?
–¡Si! Por favor ¿sabe dónde queda esta dirección?- pregunté.
El hombre asintió mientras seca un vaso.
-Ve por el sendero después del puente del lago. Allí está la casa de la señora Rosa.
-¿Conoce a mi abuela?- pregunté, sorprendida.
-Sí. Y también a ti, Harica. Tu abuela hablaba bastante de ti. Ve con cuidado.
Sonreí aliviada. Al girarme, noté que incluso aquel anciano era más grande de lo que aparentaba.
..............
Seguí caminando por donde me señalo. El bosque se cierra a mi alrededor. Escuché pasos lentos detrás de mí.
–¿Hola?
Mi corazón empezó a golpear con fuerza, nadie responde. Pero antes de darme cuenta, estaba frente al puente. El bosque era gigante, verde, interminable. El lago verde estaba muy tranquilo..
Un crack sonó entre los árboles. Alcé la vista, me gire rápido
–¿Hay alguien hay?
Un lobo blanco, enorme, con el hocico manchado de sangre, me miraba fijamente.
-Dios mío...- me tapé la boca, temblando, deje de respirar
El lobo avanzó hacia mí, cada paso resonaba pesado en el suelo. Me cubrí con las maletas, lágrimas corriendo por mis mejillas.
-Solo seré un huesito para ti... no tengo mucha carne...- susurré, con la voz quebrada.
El lobo me observaba con ojos rojos, brillantes, con ganas de comerme. Mi cuerpo entero se paralizó.
-Shh.. Ten
Con manos temblorosas, saqué una galleta de mi suéter y la lancé al suelo. El lobo miró la galleta, luego me miró a mí. Cerré los ojos, esperando el final.
Silencio........
Abrí los ojos. No había nadie. El lobo había desaparecido.
Miré a todos lados, con las piernas temblorosas, y crucé el puente nerviosa,
-Todo paso, ya se fue.
.........
Al final del sendero, vi la casa de mi abuela. Era la misma de las fotos, un pequeño jardín, aunque lleno de monte y flores silvestres, con un aire de abandono.
Golpeé la puerta. Se abrió lentamente.
-¿Abu?
Mi abuela estaba sentada, con la mirada perdida en el suelo.
-Abuela...- dije, con la voz quebrada, entrando en la casa.
Ella levantó los ojos, mi pecho subía y bajaba rápido.. Me tire en sus piernas..
-¡Abuela!
Susurré en medio de lágrimas.. Solo sentí como sus manos me acarician mi cabello. Bese sus mejillas, su frente. Si mirada está vacía..
-Ya tu Ñonga está aquí. Y bailaré para ti..
-Mi linda ñonguita. Tu abuelo te quería ver antes de partir- susurró, mi pecho se apretó. Baje la mirada y ella la alzo
-Lo siento..
-El nos cuida desde allá arriba. Y se que tu padre también. Ya no estará solo.
La vi y la abrace más fuerte.. Su piel está fría.. Su cabello despeinado..
Me levanté y le di una mirada a la casita. Luego mi abuela seguía con la mirada en el suelo..
Empecé a acomodar todo. Recojer lo que estaba en el suelo,
-Pareces una muñequita de porcelana. Eres hermosa.
Me gire lento y sonreí.. luego bese sus manos
-Ya no me iré más nunca de tu lado.