Flores

428 Palabras
Dos semanas habían pasado desde mi llegada. El jardín de la abuela, antes cubierto de maleza y flores desordenadas, empezaba a transformarse bajo mis manos. Vestía un overol ancho, una camisa sencilla y una pañoleta que me recogía el cabello. Mis manos estaban llenas de tierra, pero mi corazón se sentía ligero, en paz. Plantaba flores nuevas. Mi abuela se le veía feliz, a pesar de que su medicamento se le está agotando. Me estiré, alzando los brazos hacia el cielo, aprovechando el momento para practicar un movimiento. El aire fresco rozó mi piel y cerré los ojos, imaginando un escenario invisible entre los árboles. -Qué hermosa te ves, ñonguita- dijo mi abuela, acercándose con un vaso de jugo en la mano. Sonreí y corrí hacia ella, dándole un beso en la mejilla. -Gracias, abuela. Ella me acarició el rostro con ternura. -Gracias por venir. Aunque seguro extrañas tu vida... Si quieres ir, ve. Yo ya estoy mejor. Negué rápido, apretando su mano. -No, abuela. No me iré. Aquí quiero estar contigo, y abu ¿Como le haremos para tu medicamento? De pronto, escuchamos un golpe en la rejilla de madera de la entrada. Mi abuela caminó despacio hacia allí. -Buen día -saludó con voz firme. Era una señora de rostro afilado, con una sonrisa que no llegaba a los ojos. -¿Y esa es una criada?- preguntó, mirándome de reojo -¿El Alfa la envío para que te cuidara? Mi abuela frunció el ceño, molesta. -Es mi nieta. Se llama Harica. La mujer arqueó una ceja. -¿Tan pequeña y la pone a trabajar? Me adelanté, limpiándome las manos en el averió. -Lo siento por meterme, pero tengo 19 años. La abuela soltó una carcajada suave. -Mi nieta lo hace porque le gusta. La señora me miró seria, y mi abuela añadió -Mi nieta es una bailarina profesional de ballet. Es muy conocida... pero aquí no, porque a duras penas tenemos hojas para comunicarnos. La mujer asintió lentamente. -El alfa la conoce. Sabe que hay alguien nuevo. Me giré hacia mi abuela, confundida. -¿Alfa? Ella suspiró. -Así se llama. Es como el encargado de este lugar. La señora se despidió con una risa fingida y se alejó por el sendero. Mi abuela me tomó del brazo y me miró con seriedad. -No les prestes atención a esas viejas. Solo son envidiosas. Más bien desearían poder tener una nieta tan hermosa como tú. La abracé fuerte, sintiendo su calor. -Te prometo que no me importa lo que digan. Solo quiero estar aquí contigo.
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