Trabajo

1291 Palabras
Me vestí con ropa ancha, un capri que me cubría hasta las rodillas y un moño que me recogía todo el cabello. Antes de salir, miré a la abuela. Tome un bolso. -Voy al pueblo, regreso pronto. Ya no tenemos casi comida abu. Necesito un trabajo, esto no nos va alcanzar para nada. Ella me acarició la mejilla. -Ten cuidado, ñonguita. No necesitas trabajar, el Alfa lo más probable envié a alguien a traerme algo. Respiré hondo y salí. E escuchado de más sobre ese Alfa. Camino despacio, mirando hacia los lados, cada sombra me parecía un acecho. El aire era tenso. Transilvania al parecer si es como lo pintan. -száraz ágacska -La tuya por si acaso- susurré al ver como una señora me tropezó y me observó sería Al llegar al pueblo, sentí las miradas clavarse en mí. Y los murmullos. La gente me observaba de reojo, como si mi presencia rompiera un orden. Me refugié en la primera panadería que encontré. El olor a pan recién horneado me abrió el apetito Un letrero colgado en la pared decía. -Se caută personal Me acerqué al mostrador. -Disculpe... La dueña, una mujer robusta de ojos verdes, me miró de arriba abajo. Y rodó sus ojos -¿Sí? -¿Me entiende? Allí dice que necesitan personal ¿Verdad? -Todos te entendemos. Pero aquí hay que moverse rápido. A los clientes les gusta que los atiendan sin esperar. ¿Tienes agilidad? Sonreí. -Sí, claro. ¿Cuándo puedo empezar? Necesito el dinero por favor. Es para los medicamentos de mi abuela. Ella arqueó una ceja, sorprendida por mi seguridad. Negó. Luego me observó otra vez con su seño fruncido. -Hoy mismo, si quieres. Ponte detrás del mostrador. ¿Tu nombre? -Harica Montés.. -Un gustó Asentí y me coloqué en mi nuevo lugar. El pueblo se desplegaba frente a mí, calles limpias, casas altas, personas de cuerpos largos y firmes, muy distintos a lo que conocía. Afuera, ¿lobos? ¿Perros? grises y marrones pasaban entre la gente como si fueran parte del paisaje. Uno me rozó al pasar, soltando un gruñido bajo. Me estremecí, pero seguí sonriendo. Los primeros clientes llegaron. Y al verme hicieron una mueca. -Ez a falu hanyatlásban van, mióta Zarp Alfa átvette az irányítást. Otro me miró de reojo. -Humana débil... sin pudor. La luna tiene que ver esta atrocidad. Sentí el golpe de sus palabras, ya se que están hablando de mi, pero respiré hondo y respondí con calma, entregando el pan con una sonrisa. -Igual que ustedes. ¿Desean algo más? El silencio se hizo pesado. -¿Cómo dijiste?- preguntó una mujer en mi idioma, frunciendo el ceño. Apreté la libreta contra mi pecho, firme. -Humanos. Al igual que ustedes. Las risas estallaron alrededor. -No sabes nada, muchacha...- dijo uno, burlándose. Me ardieron las mejillas, pero no bajé la mirada. -Tal vez no sé todo, pero sé quién soy. Y eso basta. Las horas pasaron entre murmullos y miradas de reojo. Cuando la tarde empezó a teñirse de naranja, la dueña se acercó a mí con gesto serio. -Mejor no vengas mañana, muchacha. Por tu seguridad. El alfa puede aparecer en cualquier momento y verte. Además la Luna es un poco autoritaria con el lugar. Fruncí el ceño, cansada de escuchar siempre lo mismo. -¿Alfa? Esa palabra ya me tiene harta. ¿Quién es? ¿El dueño del lugar? Ella soltó una risa breve. -Eres firme a pesar de tu contextura. Sonreí con ironía. -Soy fuerte, aunque algo delgada. Créame, mi entrenamiento me rompió hasta los dedos de los pies. La mujer me miró con curiosidad, arqueando una ceja. -¿Y qué haces? -Soy bailarina de ballet. Sus labios se curvaron en una sonrisa distinta. -También tengo un bar, a unas horas de aquí. Es clandestino, solo rangos altos van. Y nunca he tenido una bailarina de ballet. Siempre me ha gustado ese deporte. -¿Puedo bailar ahí? Le prometo que daré todo mi esfuerzo- pregunté, con un brillo en los ojos. Ella suspiró. -Ese es mi negocio. No creo que el alfa se moleste, él no asiste a esos lugares. -Perfecto. ¿Cuándo empiezo? Me sostuvo la mirada, como midiendo mi decisión. -Si gustas, hoy mismo. A las diez de la noche, en la entrada del bosque. Te pasaré buscando. ¿Tienes ropa? Asentí, guardando el dinero y unos panes en una bolsa. -Mi nombre es Graciela.. Un placer -Nos vemos luego.. Adiós Salí de la panadería aliviada, y el atardecer me recibió con calles casi vacías. Caminé hacia la casa de la abuela, el cielo se oscurecía y el aire se volvía más frío. -¿Donde estan todos?- susurré Al pasar junto al lago un gruñido me paralizó. Corrí, mis pasos resonaban contra la tierra y las piedras. Me detuve, jadeando, y no vi nada. Respiré hondo, intentando calmarme. Seguí caminando, observando para atrás, pero de pronto choqué contra algo duro... y peludo. -¡Aww! Levanté la vista y me encontré con unos ojos rojos, brillando en la oscuridad. Retrocedí, caí al suelo, el corazón golpeando contra mi pecho. -No.. por favor.. El lobo inclinó la cabeza y comenzó a olfatearme. -No me hagas daño, por favor... mi abuela me espera en casa. Entonces lo escuché. Una risa ronca, oscura, que me erizó la piel. Abrí los ojos, incrédula. -¿Estás... riendo? ¿Me entiendes? El lobo me miró un instante más y luego se dio la vuelta, alejándose con calma, como si nada. Lo vi marcharse, la silueta se perdió en medio de los árboles. Temblando, retomé el camino hasta llegar a casa. La abuela estaba sentada en la entrada, esperándome. -Abu...- dije, aún agitada -Vi a un lobo. Y puedo jurar que se rió. Ella negó con la cabeza, cerrando la puerta tras de mí. -Hari, ¿dónde estabas? Saqué el dinero y los panes, mostrándoselos. -Trabajando, abuela. Mira. Suspiró, cansada. -No tienes por qué trabajar. El alfa da lo necesario. Tu abuelo trabajó bastante y muy duro aquí. Me quité el suéter, mirando por la ventana. La luna ya dominaba el cielo. -¿Quién es ese alfa? Escuché todo el día hablar de él. -Es como el que manda aquí. Vela por todos y nos cuida a los más débiles. Me giré, indignada. -¿Vela por todos? Tú estabas sola, abu. Tu casa casi se la comía la hierba. ¿En qué aspecto velaba? Ella bajó la mirada. -Es orgulloso, renegón. Tiene fama de ser malo y egocéntrico con todos. Aunque admito que hace un buen trabajo. Pobre de su compañera... debe de ser una tortura vivir con alguien así. Me senté, mordiendo un pedazo de pan y quitándome los zapatos. -La dueña de la panadería. Una mujer robusta, de ojos verdes. Muy linda por cierto, me ofreció otro trabajo. Bailar ballet. La abuela arqueó una ceja. -¿Ojos verdes? ¿Donde es ese trabajo? Encogí los hombros. -Es cerca. La paga es buena. Tranquila, nadie me tocará. No soy loca, abu. Ella sonrió con ternura. -Sé que eres muy astuta. Y sé que lo haces por bailar. Además creo que se trata de una vieja conocida. Es la única que recuerdo que le gustan los bailes y esas cosas. Lo sé por el descarado de tu abuelo. Sonreí también y me metí a la ducha. El agua me relajaba, pero un aullido lejano me hizo abrir los ojos. Salí de la ducha -Abu...- susurré, con la piel erizada. Ella se acercó despacio. Cerro las ventanas con seguro. -Aquí los animales son peligrosos. No sé ni cómo he logrado vivir tanto tiempo sin tu abuelo... Me quedé mirando la noche, con el corazón latiendo fuerte. ¿Como voy a salir?
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