Un paso más

990 Palabras
Me puse el suéter largo, ocultando debajo el vestido blanco de ballet. El moño alto recogía mi cabello con firmeza, y un toque de maquillaje sutil resaltaba mis labios. Respiré hondo antes de salir. Mi abuela descansaba. El aire del bosque era frío, húmedo, y cada paso parecía resonar demasiado fuerte. -¿Hay alguien ahí? Escuché algo detrás de mí, pasos fuertes. Me detuve, sentí como su pelaje me rozo mi piel, abrí los ojos y lo vi, un lobo blanco, sentado, mirándome serio, fijo. Hasta puedo jurar que rodó sus ojos al verme -¿No eres malo?- pregunté con una risa nerviosa, inclinándome sobre una rejilla de madera para esperar a la señora. El lobo ladeo su cabeza. Solo me dio la espalda, ignorándome como si yo no existiera. -¿Así me tratas?- murmuré, cruzando los brazos –Eres idéntico a todos en este lugar. Me quité el suéter despacio, revelando el vestido blanco. El aire helado me rozó la piel, pero no me importó. El lobo giró la cabeza rápido y se acercó. Su mandíbula se abrió apenas, como si estuviera sorprendido. Y sus ojos se abrieron más. Su lengua se salió -Puedo jurar que tu boca se abrió como de sorpresa- le dije, sonriendo con algo de nervios. Me puse de nuevo el abrigo, acomodándolo porque lo había puesto al revés. El lobo avanzó hasta quedar frente a mí. Su tamaño imponía, casi igual al mío de pie. Olfateo el abrigo y me medio tocó con su hocico.. Empujandome apenas -Ya no me das miedo- susurré, tocándole la cabeza con suavidad -aunque eres casi de mi tamaño. Un gruñido bajo salió de su garganta, y se apartó rapido. Sus ojos brillaban, hasta que voto el aire.. Un momento ¿Suspiró? Sentí que me reclamaba sin palabras, como si mi presencia le fastidiara -Eres odioso- le dije, riendo con un poco de nervios -Egoísta, mal educado... ¿qué más? El lobo no se apartó. Se quedó ahí, mirándome con esa intensidad que me revolvía el estómago. Ya estoy loca De pronto, las luces de un auto iluminaron el camino. Me giré y vi a la dueña de la panadería, esperándome con la puerta abierta. -Vamos, muchacha- dijo con voz firme. Sonreí y subí al auto. Cuando me giré, el lobo ya no estaba. El bosque se había quedado en silencio absoluto. -¿Estás bien?- preguntó la mujer, mirándome con atención. Asentí, aún con el corazón acelerado. -Mi abuela estaba algo preocupada... aunque dijo que la conoce. Ella sonrió, arrancando el auto. -Somos amigas. Pronto iré a visitarla. Me recosté en el asiento, mirando la luna por la ventana. Y con el corazón a mil... Después de un rato, el auto se detuvo frente a un edificio iluminado con luces de colores. El aire vibraba con la música, casi un murmullo que se filtraba por las paredes. Bajé detrás de la dueña de la panadería, que caminó sin saludar, con paso firme. Tres hombres altos, vestidos con trajes oscuros, nos siguieron en silencio. Sus miradas eran pesadas, incómodas Entramos. El lugar estaba lleno de tonos rojos, azules, dorados. La música era suave, elegante. Observé el espacio, mesas con copas brillantes, mujeres altas con vestidos diminutos, hombres que conversaban en voz baja. Todo me parecía ajeno, mis manos empezaron a temblar. Siento que algo no está bien La dueña se giró hacia mí -Harica, este será tu lugar. Luego te dirán cuándo salir. Prepárate, esta noche hay más personas de lo que pensaba. Si alguien te molesta, me dices. Asentí, tragando saliva. Caminé hacia una habitación apartada. Dentro, espejos cubiertos con telas oscuras, muebles escondidos bajo mantas. Me acerqué a uno de los espejos descubiertos y vi mi rostro reflejado. Mis ojos brillaban con nerviosismo, mi moño alto parecía demasiado rígido, y mis labios temblaban apenas. Una voz detrás de mí me preguntó -¿Qué canción quieres? -Clair de lune- respondí, casi susurrando. Pasaron unos minutos. El corazón me golpeaba fuerte. Entonces alguien abrió la puerta -Es tu turno. Suerte Respiré hondo y avancé. Al salir, sentí las miradas de las mujeres altas, todas hermosas con vestidos diminutos o trajes de cuero ajustados. Me observaron de reojo, con una mezcla de curiosidad y algo extraño. Yo no dije nada. Subí al escenario. No vi nada. Solo una luz brillante me enfocaba, aislándome del resto. La melodía comenzó a sonar, delicada. Moví mis brazos, mis pies, dejé que la canción me envolviera. Pero dentro de mí, una necesidad de huir me quemaba. El silencio se hizo más profundo. Bailaba, y sentí que el escenario temblaba bajo mis pies. No caí, pero el suelo vibró como si algo despertara debajo. La luz se apagó de golpe. Alcé la vista. Todos los hombres me miraban. Sus ojos brillaban, sorprendidos, como si hubieran visto algo imposible. Nadie hablaba. Solo un silencio que me cortaba la respiración. Me gire para marcharme. De pronto, alguien tosió fuerte. El sonido rompió la tensión. Los aplausos estallaron, fuertes, intensos, sonreí con la respiración agitada Seguí bailando, aunque mis piernas temblaban. Me gire para ver quién estaba detras del muro, la persona que había provocado un sonido con su garganta. Una silueta alta, grande. No se veía bien. Solo se que parecía una chimenea.. Todo termino y entre a la habitación rápido, sentía que alguien me seguía.. Escuché pisadas fuertes, tras un golpe seco.. Me pegue a la puerta, después de entrar. -Lo siento... De verdad no tenía ni idea- susurró una voz casi audible.. Hasta que escucho otro golpe más seco, provocando un crack.. Observo una sombra que se posa del otro lado de la puerta. Pase seguro... y luego otra voz, pero diferente a las que he escuchado. Es fuerte, ronca, y como que le cuesta respirar.. -Nici măcar cu gândul să nu o atingi, nenorocitule- añadió y después escuché unos pasos alejándose.. Ni siquiera con el pensamiento la toques. Maldito bastardo.
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