Zarp

1107 Palabras
Soy Zarp Bathory. El alfa. El único que importa. El bosque me pertenece, como todo lo que respira bajo esta luna. Y sin embargo, hasta la luna se ilumina cada vez que me ve... Soy perfecto, y tengo una manada única. Aunque no tengo una pareja, tengo una luna elegida por desgracia. Tengo 27 años de edad. Tome el mando de Alfa a mis 16 años, tras la muerte de mis padres. Y desde ahí las cosas cambiaron, no tolero la idea de humanos ni chupa sangre en mi manada. Por algo nos alejamos de todo. Incluso me aleje de mi mejor amigo. El se fue con la mitad de la manada.. Y ahora manda en ese lugar, que asco. Caminaba entre los árboles, dejando que el aire frío de Transilvania despejara mi mente. El suelo crujía bajo mis botas, y cada rama parecía inclinarse ante mí. El bosque era mi refugio. Al menos eso creía. El bosque olia diferente este día. Me transforme de inmediato. Corrí entre los árboles, mis patas golpeando la tierra húmeda. El aire me pegaba en el hocico, pero el aroma me guiaba. Un zorro acechando ¿a una humana? ¡Una humana que ha entrado en mi territorio! Lo vi. El animal se abalanzaba entre los arbustos. La esta cazando, hambriento, los colmillos listos para desgarrar. ¡MALDICIÓN! No lo pensé. Salté. Mis colmillos se cerraron sobre su cuello, el crujido de hueso resonó. El zorro cayó, inerte, y su sangre manchó mi hocico. -Ya está- gruñí para mí mismo, mientras mi lobo interior rugía satisfecho. -La protegiste- murmuró mi lobo dentro de mí, burlón -Solo lo hice por instinto- reproche Me giré hacia ella. La mujer temblaba, delgada, insignificante, con ojos marrones que me miraban como si yo fuera la muerte misma. Su aroma dulce me golpeó otra vez, irritante, como miel derramada. Sacudí mi cabeza. Avancé lento, cada paso resonando en el suelo. Ella retrocedió, cubriéndose con sus maletas, lágrimas corriendo por sus mejillas. -Solo seré un huesito para ti... no tengo mucha carne- susurró, quebrada. Mi lobo interior rió. -Escucha cómo se entrega. Una muñequita frágil, lista para nosotros Me detuve frente a ella. La miré mis ojos ardían. Podía sentir su miedo, su respiración cortada. Mi reflejo se reflejo en sus ojos.. -Sera una muñequita maldita. Es horrible- gruñí bajo, más para mí que para ella. -Por favor Zarp. En el huesito es donde está el sabor, y lo sabes.. Rode mis ojos. Ella sacó una galleta de su suéter y la lanzó al suelo. ¿Quien se cree? El gesto me desconcertó. Miré la galleta, luego sus manos temblorosas. -¿Ves? Ni siquiera lucha. Te ofrece migajas, como si pudieras domesticarte- se burló mi lobo -Por mi no hay problema. Negué.. Silencio, y entonces, me giré. -Parece una ramita seca más bien- murmuré la deje ahí tirada. No vale la pena. Desaparecí entre los árboles, dejando atrás a la muñeca maldita, su aroma dulce clavado en mi pecho. Mientras cruzaba el puente, mi lobo volvió a gruñir -Sabes que no puedes hacerle nada. El tratado lo prohíbe. -Pense que te había bloqueado -Ay cariño, soy demasiado fuerte para que lo hagas. Además esa muñequita la volveremos a ver... -¿Estás loco? Jamás volveré por estos lugares. Y además respeta a tu luna.. ¡Y deja de decirme cariño!- reproche por milésima vez -Ni lo que quiera Dios, que esa loca que vive contigo será mi luna. Y Zarp es en serio. No puedes hacer nada en contra de la muñequita.. -Lo sé- respondí con voz baja, firme -Pero ella ya cambió este bosque.. Y daño todo.. Además ¿Como llegó aquí? -¿No lo recuerdas? Debe de ser pariente de la viuda humana.. Acuérdate que el beta te informó que ella estaba débil. Y le iba a enviar una carta a sus familiares Recorde ese día. Respire profundo Seguí caminando, con el hocico aún manchado de sangre, y con la certeza de que jamás permitiría que alguien me dominara. Jamás. Después de un rato el silencio de la viña me recibió como siempre pesado, reverente, casi sofocante. Nadie se atrevía a mirarme a los ojos cuando crucé el portón. Los guardias bajaron la cabeza, los sirvientes se apartaron de mi camino. El aire olía a miedo, y ese aroma me encanta Subí las escaleras de piedra, cada paso resonando como un eco en la mansión. Abrí la puerta de mi habitación y allí estaba Alia, sentada frente al espejo, pintando sus labios -Me invitaron a una fiesta esta noche- dijo sin mirarme La observé en silencio, mi cuerpo aún cargado de cansancio, mi mente saturada de voces. Asentí apenas. -Toma tus cosas y ve sola. No tengo ganas de salir. Voy a darme un baño. Ella parpadeó, asintió, y luego sonrió con esa dulzura fingida que me irritaba. -Está bien, cariño. La palabra me atravesó. La miré serio, con los ojos ardiendo. Ella corrigió rápido, nerviosa -Está bien, Zarp. Alfa Zarp. Asentí otra vez y me dirigí al baño. Cerré la puerta tras de mí, dejando que el eco de su voz se apagara. El agua comenzó a caer sobre mi piel, arrastrando la sangre seca que aún manchaba mi cuerpo. El vapor llenó la habitación, pero no logró borrar la voz que siempre me acompaña. -¿Viste, cariño?- susurró mi lobo interior, burlón -Ni se dio cuenta de que estabas cubierto de sangre. -Si no quieres que mate a tu muñequita maldita, deja de llamarme como esa bruja de Alia- gruñí entre dientes. La risa resonó en mi cabeza, ¿Que le sucede? Se porta diferente -Quiero verla de nuevo Negué, apretando los puños contra la pared húmeda. Parece un niño -Eres demasiado orgulloso. ¿Qué te sucede con esa ramita seca? -Ni yo lo sé- respondió mi lobo serio -Es su aroma- murmuré -Tengo que buscar la manera de quitárselo -¿Y cómo le quitarás su rostro?- se burló -Es angelical. Sonreí, apenas -Mira, cuidado si me le haces algo- me advirtió con un tono extraño, casi protector -Es en serio. Yo ya no soy como tú, que no tienes a nadie que te quiera. Hasta tu único amigo te dejó... por cómo eres. El recuerdo me golpeó. Mi mandíbula se tensó. -Como si eso me importara. Además, estás tú. Y estás condenado a estar conmigo, quieras o no... cariño... El dolor me atravesó la cabeza de repente, apreté mi cabeza y solo escuché la risa de mi lobo. -Idiota- escupí, cerrando los ojos, dejando que el agua me cubriera entero. -¿Que decías cariño?- se burló -Nada.
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