Han pasado dos semanas. Dos semanas en las que mi voz apenas ha salido de mi garganta. No hablo con Alia. No hablo con nadie. Solo ordeno guardias, más guardias en cada rincón de la manada. Mi oficina se ha convertido en mi guarida. El lobo dentro de mí insiste en que salga, que hable, que mire a esa ramita seca. Yo niego. No respondo.
El golpe en la puerta me saca de mis pensamientos.
—¿Sí?— gruño, sin levantar la vista de los papeles que no leo.
El beta entra.
—Zarp, hay varias personas inquietas con la llegada de alguien nuevo.
No lo miro.
—¿Y qué pasa con eso?— mi voz es un áspera
—Es sobre la nieta de la viuda.
Aprieto los dientes. al igual que el lapicero
—Tú la llamaste. Tú resuélvelo.
—¿La echo?— pregunta despacio.
Me pongo de pie, el aire se tensa, un gruñido profundo sale de mi pecho.
—No…
El beta abre los ojos, sorprendido.
—Tú…
—Yo nada— lo corto, mi mirada arde –Solo que la viuda quedará indefensa. ¿Ya le llevaste lo que necesita?
—Zarp, tu luna es la encargada de las necesidades del pueblo.
Respiro hondo.
—¿Y esa humana qué hace ahora?
El beta se sienta, y me ve con una sonrisa de lado.
—Trabajando.
Me levanto otra vez, la silla rechina.
—¿Dónde?
Él maldito sonríe.
—En la panadería de…
Golpeo la mesa, el eco retumba en las paredes.
—¡No me digas!
—De Graciela— responde rápido.
Otro golpe, más fuerte. La madera se astilla.
—¡Te dije que no me lo dijeras!
El beta se levanta, serio.
—Si no haces algo, sabes cómo son aquí.
—Lo pensaré— respondo con voz baja —Aunque sería una buena opción.
Mi lobo ruge dentro de mí, furioso. El beta se retira.
Tiro todo de la mesa
—¡Maldición!— escupo, mi voz retumba.
La puerta se abre otra vez. El beta entra.
—Adivina…
Lo miro serio, mis ojos lo atraviesan.
—Qué bueno ser beta, porque de lo contrario ya estuviera muerto.
—¿Qué quieres?— mi voz es ronca
—Me llegó información. Estará en el club de Graciela. ¿Vamos? Así veremos de qué está hecha.
Lo observo, fijo, hasta que su rostro se pone pálido. Se va.
Vuelve a entrar. Mi paciencia se acaba. Le arrojo el escritorio, la madera se estrella contra la pared.
—¡Fuera!
—Solo te iba a decir que Alia estaba con otro hombre otra vez…
—Eso lo sé— respondo, mi voz baja
Pasan las horas, no puedo concentrarme.. ¡AHH! tiro de mi cabello.. –Dare una vuelta para despejarme..
–Si como no– susurró mi lobo
El bosque se tiñe de rojo y naranja. El aire huele a tierra a lluvia y a intrusa. La veo desde lejos, caminando ligero, como si el bosque fuera suyo. No tiene precaución con nada.
—Mírala…— murmuro con desprecio –parece un insecto perdido.
Mi lobo ríe dentro de mí, burlón.
—Hablas así solo para no fortalecer el vínculo.
—¿Vínculo?— gruño bajo —Vínculo de mierda ni nada.
Me acerco lento, acechando, cada paso. El suelo cruje, los arbustos suenan. Ella se gira, sus ojos se abren, sonrió y entonces aparezco tras de ella, veloz. Mi forma de lobo imponente aparece, la sombra que la cubre entera. Choca contra mí, su cuerpo frágil contra mi pelaje.
Un gruñido profundo sale de mi garganta, vibrando en el aire.
—Me tocó, me tocó, me tocó…— mi lobo interior celebra, infantil.
La observo con desprecio.
—Mírala… parece un alambre con corriente. Lo único que hace es temblar.
—Deja de hablar mal de mi pareja— me reprocha mi lobo, con un tono que me sorprende.
—¿Tu pareja?— escupo —¿Estás loco?
Ella me mira, sus ojos marrones brillan con miedo. Retrocede, pero yo avanzo, mi sombra la envuelve. Su respiración se corta, su cuerpo tiembla más.
—Corre, muñeca del diablo— susurro con voz baja —Corre, que igual te alcanzo.
Mi lobo no ríe esta vez. Su voz es suave, pero firme
—No la dañes… Cuidado con lo que piensas
Me desconcierta. ¿Qué le sucede? ¿Por qué habla así?
Me acerco más, mis colmillos apenas a centímetros de su rostro. Ella aprieta los labios, sonrio y entonces su voz, quebrada aparece
—¿Estás riendo?…
El silencio me golpea. Mi sonrisa se apaga. La miro fijo, sus ojos no tiemblan
Una risa seca, cruel, se escapa de mí.
—No sabes nada…— murmuro, con desprecio, aunque se que no me entiende
Me alejo de ella. Y se va corriendo... Solo observó la cabaña desde lo lejos. Esta bien diseñada. Incluso tiene un buen frente, a pesar de todo Alia está atenta al pueblo. Su aroma desgraciado se vuelve más intenso.. Me acerco..
–¡Maldición! Es hora de irnos.
–Se está bañando cariño..
–Mira puto lobo, deja de hablarme así..
Un aullido se escapó de mi. Y vi como cerro sus ventanas.. ¡Ha! Como si fuera gran cosa lo que esconde.
–¿Cuando nos vamos? ¿Hasta cuando estaremos aquí? Ella no va ir. No creo que sea tan bruta, como para aceptar una salida si no conoce a nadie del lugar– gruñi en medio de la oscuridad..
El aire helado provoca dolor en mis patas. Hasta que la vi salir.. Lleve un abrigo ancho peludo largo.. Sus labios rojos llaman mi atención.
–Ya puedes respirar cariño– se burló mi lobo, renegue. Ella dio un salto y un chillido. Le roce las piernas.. Algo en mi empezó a vibrar.. No se qué me pasa, creo que me voy a enfermar.
Se me quedó viendo. Sus pupilas se dilatan.
—Mírala… es nuestra— rugió dentro de mí
—Cállate. No es nada nuestro.
—Lo es. Ese traje peludo… ese cuerpo… nos pertenece.
—Eres patético.
Me acerqué, ladeando la cabeza como si no me importara. Ella me habló con esa risa nerviosa, como si pudiera entenderme
–¿No eres malo?– susurró
Si supiera lo que soy, no se atrevería a provocarme.
Rodé los ojos. Sí, lo hice. ¿Qué otra cosa podía hacer cuando me trataba como si fuera un perro malcriado?
–¿Que hace?– murmuré con mi voz apagada, trague saliva.
Ella se quitó el suéter. Mi mandíbula se tensó, y mi lobo interior jadeo.
—No dejaremos que salga así ¿Verdad?– susurró mi lobo, yo solo me gire ignorandola
–¿Viste cómo nos mira? Está temblando y aún así se atreve a vestirse frente a nosotros.. Es perfecta
—Perfecta para un adorno, se ve tan frágil
–Se lo voy a quitar..
–¡No!– gruñi
Pero.. me acerqué, olfateando su abrigo. El gesto fue más instinto que decisión. La empujé apenas con el hocico. Ella sonrió, me tocó la cabeza.
Ese contacto provocó que me doliera el estómago.
–¿Querías tirarla al lago?
–Si. Pero la rejilla lo impidió– me burle
–Idiota..
–No te tengo miedo– susurró ella
Gruñí bajo, apartándome rápido. No podía permitir que pensara que me agradaba.
—Idiota, ¿por qué te apartas? Queremos más.
—Queremos nada. Ella es imprudente, y yo no soy su mascota.
—Pero viste cómo nos defendió… dijo que ya no le damos miedo.
—Eso es lo que me molesta. Que crea que puede domarme.
Ella me llamó odioso, egoísta, mal educado.
–Y lo eres...
Me reí por dentro. Si supiera que cada palabra era un halago. Me gire de golpe al ver como, las luces del auto la iluminaron. Ella cerro sus ojos, su piel brilla. La panadera la llamó, ella subió.
Yo me quedé en el bosque, oculto
—Listo ya se fue
—La seguiré
—¿Y si nos descubre? Sabes que ese club está a la deriva. No puedo hacer nada ahí–gruñi fastidiado
—Que lo haga. Prefiero protegerla. Y que sepa que no puede salir a estas horas..
Suspiré.
El bosque se quedó en silencio, pero dentro de mí el ruido era insoportable. Mi lobo suspiraba como un enamorado. Y, yo... Solo hago lo que él me dice, es mejor antes que vaya a cometer una locura.
Después de un rato. El club estaba frente a mí, iluminado, el olor de la gente, junto al de la pólvora más el sudor mezclado con perfume barato, me revolvía el estómago.
No podía dar un paso más allá.
—Míranos… ni siquiera vestimos bien para este lugar— gruñí entre dientes, mirando mi ropa oscura, rota, marcada por la transformación.
—¿Y qué importa?– respondió mi lobo, con esa voz imponente que me irrita.
–Yo no necesito vestirme para entrar. Ella está ahí dentro, y eso basta.
Me detuve, ya transformado en humano, mi palmas pegada a un árbol
—No entraré a ese lugar solo por ella— escupí
—Sí lo harás. Y lo sabes. Porque te conozco a la perfección, Zarp. No la dejarás ir tan fácil.
—¡Cállate!
—¿Y si la ven? ¿Qué harás? No te gusta que nadie mire lo que es tuyo. Vamos, dime, Zarp… ¡Dime qué harás si ven a nuestra mate!
—¡No es nuestra mate, maldición!— grité, tirando de mi cabello, los ojos clavados en la entrada del club.
—Tu boca dice una cosa, pero tu mirada refleja otra.
Me mordí el labio, odiando la verdad en sus palabras.
—Está bien, vámonos. Pero si algo le llega a suceder a mi bailarina, juro por la diosa que vas a morir, Zarp. Nunca te pido nada, y aún así te soy leal. Más te vale que entres de una puta vez, la subas a tu hombro y la saques de ese lugar. Y cuides a mi bailarina. Porque de lo contrario te destruiré desde adentro.
—¡Ahí está él!— rugí, golpeando el árbol con tanta fuerza que lo partí —No quiero verlo.
—Qué diferentes somos. Me das asco, Zarp.
Su risa resonó en mi cabeza, cruel, dominante –Que tristeza, la verán bailar. Y yo ni siquiera la e podido ver.
Esperé, conteniendo la rabia, golpe mi cabeza contra el árbol.
–¡Maldito!
Empecé a caminar para entrar. Hasta que la vi salir del club. El abrigo la envolvía, sus ojos estaban cristalinos.. Me detuve rápido, me gire para ver a la persona que estaba en la puerta. El me vio, mi mandíbula se tenso.. Mis ojos ardieron al verlo, mi pecho rugió
–No es el momento. Ella nos necesita.
No pensé. No razoné.
Corrí tras el auto en forma de lobo, mis patas golpeando la tierra con furia.
El bosque se abrió ante mí.
—¿Ves? Te burlas de mí, pero al final siempre haces lo que yo digo.
—Cállate…— gruñí